miércoles, 7 de marzo de 2012

De otra dimension

Los científicos encuentran difícil explicar de manera satisfactoria qué conecta el Universo físico con la realidad del mundo viviente. En e intento de hacerlo se ha ido perfilando una “teoría del todo” que supone al Cosmos constituido por una unión de campos continuos y fuerzas que comprenden información a la vez que energía.Y ahí entrarían los fantasmas… José Ignacio Carmona Sánchez.

Los hindúes llaman a ese todo “Crónica Akasha”, un termino sánscrito que expresa una memoria cósmica donde parecen fijarse todos los acontecimientos del Universo como en un gigantesco disco duro. Una hipótesis que algunos estudiosos de la física nuclear como William Croques y científicos de la talla de los premios Nobel Sir Oliver Lodge.

Charles Richet y Henry Bergson, estimaron en su día como genuina. En este sentido fueron muy interesantes los estudios llevados a cabo por investigadores psíquicos de la antigua Unión Soviética, como el Dr. Raikov, quien mediante un trance hipnótico inducido en la persona de Alia Tester, logró “trasladarla” a la Rusia de 1902 y sugestionarla una nueva personalidad, la de la pintora llya Repin. Esta chica de 18 años, que anteriormente no había demostrado ninguna habilidad artística, llegó incluso a asumir el estilo inconfundible de la artista desaparecida.

Científicos de la altura intelectual de Roger Penrose. defienden que si bien las señales neuronales pueden comportarse como sucesos explicables en términos de la física clásica, las conexiones entre las neuronas están controladas a un nivel más profundo, mediante un campo mecánico-cuántico que los humanos experimentamos como “consciencia”. Es decir, nuestra neuronas podrían apagarse y encenderse como conmutadores integrados en un sistema computacional general.

 ¿Podemos interaccionar? Al estudiar los usos y costumbres de multitud de pueblos indígenas, éstos hacen gala de fenómenos que desconciertan a antropólogos y etnólogos, como por ejemplo comunicarse en la distancia o servirse de los sueños para localizar puntas de flechas extraviadas en la espesura de la selva. A tal respecto, los investigadores del Instituto de Metapsíquica Internacional de París, opinan que nuestras capacidades psí pueden atender antes a un atavismo que a una evolución; es decir, podrían haber formado parte de nuestro sistema primitivo.

 Esto parece constatarse en esa suerte de facultades observadas en los pueblos apenas contactados, ya que si para ellos los sueños siempre han significado una herramienta útil, lejos de convertirse en una facultad dormida, como en el hombre moderno, lo normal es que estuviesen plenamente vigentes. Por otra parte, matemáticos como Adrián Dobs hablan de “psitrones, portadores de una suerte de información indiferente al espacio-tiempo, y teorizan sobre la capacidad de que esas partículas interactúen con las neuronas del cerebro, sin que medie ningún órgano sensorial.

¿Podrían de igual modo “proyectarse” en nuestra realidad cotidiana informaciones procedentes de otros universos o dimensiones incluso desconocidas por lo científicos? A este respecto, traigo a colación un caso narrado por una testigo de avanzada edad y natural del pueblo toledano de San Martín de Montalbán, que me contaba con no poco temor un insólito hecho vivido durante su niñez.

Por aquel entonces era costumbre en la época del estío que las familias permaneciesen junto al ganado en las casas de labor alejadas del término municipal. De tal modo que una noche, alrededor de las dos de la madrugada, mientras la familia dormía plácidamente, el burro que permanecía amarrado en el exterior comenzó a agitarse nerviosamente, al tiempo que el ganado estabulado comenzaba a inquietarse de manera poco común. Aquello era muy extraño, e inmediatamente el cabeza de familia, perfecto conocedor del comportamiento de sus animales, no atribuyó el particular a la proximidad de alimañas ni nada parecido, que era lo más común.

De tal suerte que salió precipitadamente al exterior escopeta en mano, y tras él, sobrecogida por un temor incierto se parapetó toda la familia, incluida la testigo de los hechos. Para su mayor desconcierto, pudieron observar cómo a unos 50 metros, una extraña figura caminaba indiferente a su presencia por una linde cercana, en dirección a donde tiempo atrás se emplazaba el pueblo hasta que una epidemia obligará a trasladarse a sus habitantes a la actual ubicación. Lo llamativo era la descripción de este ser, en palabras de la testigo, de una altura de entre 2 y 3 metros con forma antropomorfa, cuerpo translúcido y cabeza de animal.

Este caso me recordaba a otros muy parecidos, como el extraño y gigantesco ser del pueblo cántabro de Escalante y algunos otros que de manera similar parecen rayar en lo surrealista. Lo que a mi juicio otorga mayor credibilidad a este tipo de testimonios, es precisamente su naturaleza absurda. De existirformas de vida Ínter-dimensionales ajenas a nuestros sentidos ordinarios, lo más probable sería que no se correspondiesen con nuestros modelos habituales de referencia, es decir, con nuestra visión antropocéntrica. Las dimensiones del siglo XXI Científicos modernos como Roger Penrose hablan de la existencia de once dimensiones, y de que sólo cuatro de ellas perfilan el mundo tal y como lo conocemos -espacio tridimensional más el tiempo-. Es por tanto posible especular con multitud de formas de vida inimaginables, muchas de ellas desconocidas y por tanto interpretadas de manera casi absurda por una mente acostumbrada a integrar, asociar y completar las informaciones con modelos adquiridos producto de nuestro aprendizaje.

Henri Bergson defiende que percibimos virtualmente muchas más cosas de las que percibimos ordinariamente, y que es nuestra mente la que aparta de nuestra conciencia todo aquello que no tiene un interés práctico para nuestra mera supervivencia. Al mismo tiempo, Bergson deja entrever la posibilidad de que nuestra conciencia asociada a la vida no desaparezca con la muerte, sino que ésta simplemente se desorganice al disociarse del cuerpo.

Leibniz va más allá, y llama a estas “unidades” de información, sin ningún complejo, espíritus. Está por demostrar si somos capaces de desarrollar nuevas habilidades en relación a ese hipotético mundo donde la información permanece latente en estado caótico, pero sí parece muy probable el que el origen de los sucesos etiquetados como “parapsicológicos”, tengan su explicación en interacciones extravagantes con el entorno, seguramente marcadas por el azar y la emotividad. Lo que no sabemos es si esos “espíritus” y “seres imposibles” son una suerte de “larvas” cuántico-energéticas, o son entidades autónomas y conscientes.

Las sombras de Escalante.  

La geografía cántabra es prolífica en lo que a encuentros con lo absurdo se refiere. En las diferentes poblaciones que se reparten por estos verdes prados rodeados de montañas, como si hubieran sido sembradas sin orden ni concierto, se han producido sucesos que a día de hoy tienen nombres y apellidos, gentes de gran fortaleza que durante unos instantes de sus vidas dejaron de serlo, pues frente a ellos cobró forma un imposible. Y si no que le expliquen a Miguel Ángel Ruiz y Margarita Cagigas… 

Hemos de situarnos en un tiempo que seguro poco se diferencia del actual en cuanto al paisaje. Estamos en el año 1976, concretamente en el mes de julio. Ambos regresaban a la pequeña población de Escalante -siguiendo la ya A-8, y desviándonos pocos kilómetros desde Gama- bien entrada la madrugada, procedentes de una gran factoría en la que desde hacía algo más de una década ejercían sus labores profesionales. La niebla, como cada día, ya se había apoderado de la localidad, y las luces mortecinas de los faroles creaban siluetas fantasmales allí donde no las había.

Al menos hasta esa jornada… Margarita, en mitad de la calle, no atendía a las llamadas de atención que transmitía Miguel. Estaba absorta, presa de un pánico que no le permitía moverse. Allí, a pocos metros, un hombre demasiado alto caminaba lentamente, vestido totalmente de negro y portando en su cabeza un extraño sombrero.

Pese a lo dramático del encuentro, ambos se pudieron percatar de que su rostro, enjuto y violento, no transmitía nada bueno. Sus ojos eran demasiado pequeños, y completamente negros, y su nariz afilada le daba una apariencia feroz. Además, como si de un fantasma se tratase, daba la sensación de estar flotando, pues no se adivinaban los pies por ningún lado. Según afirmaron los testigos del suceso al genial escritor cántabro Mariano Fernández Urresti, el enigmático personaje marchó por la plaza del pueblo, despacio, hasta que, literalmente, se fundió con la niebla.

Las estimaciones realizadas a posteriori arrojaron que, dada la situación de algunas ventanas junto a las que éste pasó, debía de medir algo más de tres metros. Imposible… O no.

 Lo cierto es que en poblaciones como Isla, Puente San Miguel o Cabezón de la Sal, la aparición de estos extraños seres de gran estatura han sido una constante, que ha marcado las madrugadas de muchos de estos pueblos, y por supuesto, de muchas de sus gentes. Aquí se habla de ello, porque quien no teme a la verdad no tiene por qué ocultarla…
 
 
 

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