martes, 20 de marzo de 2012

Santa Horca

Una cruz es una "figura de dos rayas que se cruzan perpendicularmente" (María Moliner). No tengo nada contra ninguna figura geométrica, ni contra sus posibilidades mágicas. Pero forma de cruz tenía un utensilio de ejecución romano que ha sido tomado como símbolo por la religión del Cristianismo. Y desde entonces "la Cruz" por antonomasia ha sido la cruz cristiana. Me repele esta cruz, que se ha enarbolado en una guerra total contra la vida plena y autosuficiente. Sobre esta cruz, "la Cruz", escribí un artículo en Red Satánica que recojo aquí con algunas modificaciones.


El Cristianismo es una religión del sufrimiento, de la represión y de la angustia, por eso ha elevado a símbolo de sí mismo un instrumento de ejecución. La cruz fue un atroz artefacto romano para torturar y asesinar. Un instrumento perversamente multiuso donde el reo moría por parálisis y asfixia después de ser desangrado mediante clavos y lanzadas. Tanto tiempo lleva Occidente manoseando este instrumento de muerte convertido en símbolo —y por lo tanto decorado, maquillado, estilizado—, que olvidamos su razón de ser, la función única para la que fue ideado. Si tuvieramos siempre presente la tarea primordial de la cruz, contemplaríamos permanentemente lo atroz del Cristianismo hasta en sus símbolos, hasta en la elección de sus símbolos. El Cristianismo es la Tortura y la Muerte, esto es lo que quiere decir que haya elegido ser representado por un instrumento fabricado para la pena capital.

Imagínate la posibilidad de que Roma no hubiera tenido como instrumento de ejecución la cruz sino la horca.

Habría entonces mujeres que se llamarían Mari Horca, o ciudades que serían, por ejemplo, Santa Horca de Tenerife.

Encima de las torres de las iglesias habría siempre horcas claramente visibles, aunque de diferente tamaño. Algunas muy simples, apenas el mástil y la cuerda colgando. Otras más elaboradas, con el nudo corredizo, la trampilla que se abre bajo el reo y hasta la palanca que maneja el verdugo hechas en fino trabajo de piedra o de forja.

Todo Río de Janeiro observaría permanentemente sobre sus cabezas a un gigantesco ahorcado en piedra, con el cuello torcido y el cuerpo colgando inerme —pero sin horca.

Salvador Dalí habría pintado cómo se ve desde arriba la escena de un hombre agonizando en una horca.

Se llevarían horquitas de diferentes materiales colgadas del cuello, o en las pulseras. A veces sólo la estructura básica del artefacto, a veces con un hombrecito ahorcado incluido, hecho del mismo material, con la lengüita fuera y los ojitos vueltos.

Existiría la Horca Roja, que cuidaría de los enfermos en las guerras, porque previamente la bandera de Suiza sería roja con la silueta de una horca en blanco. Los países escandinavos también tendrían horcas en sus banderas, pero con el travesaño horizontal más largo.

Presidirían las procesiones cristianas costosas horcas llevadas solemnemente por monaguillos de ojos bajos. Y en el mundo católico habría bustos que mostrarían en morboso detalle hiperrealista —en sus ojos, en su boca, en toda su expresión— los últimos instantes agónicos de la cara de un hombre que se ha roto las vértebras del cuello en una horca. Repulsivas evocaciones de cadáveres ahorcados se colocarían en las cabeceras de las camas de las familias cristianas, para que presidieran sus sueños y sus actos conyugales autorizados.

Todas las celebraciones, reuniones, misas cristianas tendrían lugar bajo la siniestra silueta de una horca. Ante ella, los sacerdotes cristianos harían teatrales reverencias y cabriolas.

Sobre las tumbas cristianas habría siluetas de horcas en piedra, con la cuerda también de piedra.

Muchos cristianos aprenderían desde pequeños "la señal de la horca": Con dos dedos trazarían por su cuerpo las dimensiones de una horca imaginaria, como si ellos la contuvieran, y finalmente se pasarían los dedos por el cuello, representando ajustarse el nudo. Los cristianos occidentales y orientales se irían señalando los vértices de la horca al revés.

Todo esto y muchas cosas más podríamos ver por el mundo cristiano si el estado romano hubiera elegido un instrumento distinto de ejecución. Pero no lo veríamos, porque nos habríamos acostumbrado a verlo.

1 comentario:

  1. Hey esto está plagiado de http://bailespiritu.blogspot.com sin citar al autor!

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