jueves, 16 de febrero de 2012

Esoterismo Nazi 40


¿Escaparon realmente Adolf Hitler y su esposa Eva Braun de Europa? ¿Se trató de un gran fraude el supuesto suicidio de ambos en el búnker de Berlín? ¿La humanidad vivió engañada más de medio siglo? ¿La fuga de los dos se realizó con acuerdo de los Aliados? ¿Ambos llegaron a Argentina, en submarino, donde vivieron por años?
Oculta por sesenta años en pleno siglo XXI, en caso de confirmarse oficialmente, la huida de Hitler sería uno de los temas más polémicos de la historia contemporánea por las implicaciones de todo tipo que significa ese escape silencioso ante las narices de la sociedad mundial. Demostrar que esta operación de salvataje de última hora -realizada para que el líder del nacionalsocialismo no muriera en manos del ejército comunista- realmente existió implica un esfuerzo conjunto de investigadores independientes, de distintos países.
Especialmente porque se deben enfrentar las presiones que surgen por contradecir la versión oficial, sostenida por poderosos intereses económicos y políticos internacionales. Los mismos -exclusivos círculos del poder mundial- que en 1945 estaban al tanto del falso suicido del líder del nazismo y su esposa.
El fenómeno espectacular de la globalización de la información ha producido grandes cambios en los últimos tiempos. La situación no era como hoy durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se admitía sin cuestionamientos que los Aliados, liderados por Estados Unidos, eran los abanderados de la libertad, la defensa de los derechos humanos, la moral y de todos los valores positivos de la humanidad.
Por el contrario Adolf Hitler representaba al demonio y encarnaba las ideas diabólicas que, a cualquier costo, había que aniquilar. Esta clasificación, en blanco y negro sin grises posibles, fue la que se transmitió y aceptó la humanidad. Bajo esos conceptos se desarrolló el conflicto bélico más grande de la historia que generó millones de muertos y cuantiosos daños.
Pero los acontecimientos recientes, de fines del siglo XX y comienzos del XXI -difundidos masivamente mediante una colosal red global de información- nos permiten vislumbrar que esa “verdad” sobre la Segunda Guerra Mundial podría haber sido distinta. O sea que “el mal” no era una característica exclusiva de Hitler y los nazis, sino que se extendía y ramificaba a los Aliados.
Esto hoy es una realidad palpable de la política internacional, la que se puede conocer por las informaciones que nos llegan todos los días de los sucesos que se registran en cualquier lugar del globo. Así por ejemplo sobre el conflicto de Irak se conoció la versión de los norteamericanos pero también otras distintas que trasmitieron las cadenas de información no alineadas a los intereses de Estados Unidos.
Cuando por ejemplo en el 2004 la humanidad pudo ver por televisión los bombardeos que sufrió la población civil de Irak -generalmente sucesos terribles calificados como "daños colaterales"- o las torturas a las que fueron sometidos los prisioneros de guerra iraquíes, por parte del ejército de los Estados Unidos, mucha gente se dio cuenta que John Wayne murió, que no siempre los malos están del otro lado y que el gobierno de USA (United States of America), así como las grandes empresas multinacionales, crean guerras, matan -con armas o generando situaciones de pobreza extrema- y desequilibran a otras naciones, instauran líderes despóticos y sanguinarios, y los sostienen impunemente.
Esto antes también era así, pero la diferencia es que hoy la humanidad puede tener acceso a más datos, provenientes de distintas fuentes, ampliando la cantidad de información necesaria como para poder elaborar una opinión propia.
Años atrás la realidad era muy diferente, especialmente durante la guerra cuando, como se sabe, la verdad se deshace en pedazos. La falta de múltiples canales de información, a diferencia del presente, ayudó a que no se conocieran ciertos hechos que el revisionismo comienza a sacar a la luz más de medio siglo después.
Hay que pensar que Adolf Hitler llegó al poder admirando la política racista de los Estados Unidos e instando a los alemanes a imitar en ese sentido a los norteamericanos. En la década del ‘20, cuando difundía la ideología nazi, Hitler decía: “Al prohibir terminantemente la entrada en su territorio de inmigrantes afectados de enfermedades infecto-contagiosas y excluir de la naturalización, sin reparo alguno, a los elementos de determinadas razas, los Estados Unidos reconocen en parte el principio que fundamenta la concepción racial del Estado Nacionalsocialista”.
Hitler se mantuvo en el poder, antes y durante la guerra, recibiendo el apoyo permanente de los sectores de la ultraderecha de la nación del norte y de Inglaterra. Esta situación es clave para comprender los hechos que se narran en esta obra: el vínculo entre nazis y anglo-norteamericanos fue mayor del que se piensa.
Al respecto todos los días surgen elementos y pruebas nuevas que comprometen en ese sentido a quienes fueran reconocidos políticos, empresarios y militares de la nación más poderosa del planeta.
El mundo de hoy nos ayuda a comprender una versión no oficial de la historia, sobre la cual este libro representa solamente un pequeño aporte, un grano de arena para conocer la verdad. Si Hitler escapó en 1945 -sobre su suerte se construyó un gran fraude cuya piedra angular era el supuesto suicidio- es impensable que esto ocurriera sin apoyo de Estados Unidos y de poderosos sectores ideológicos afines al Führer, independientemente del país donde se encontraran los partidarios del nazismo.
Esta afirmación -que suele golpear y que en principio genera asombro pero raramente indiferencia- tiene una explicación posible en el contexto internacional que se registraba a fines de la Segunda Guerra.
Fueron los rusos, o sea las fuerzas comunistas, las que avanzaron sobre Berlín en dirección al bunker donde un Hitler de 56 años resistía los acontecimientos que a esa altura, como él mismo sabía, eran irreversibles.
Fueron los soviéticos quienes doblegaron las fuerzas de defensa de la ciudad y finalmente ingresaron al hasta entonces inexpugnable refugio de Berlín para apresar a Hitler.
A esa altura de los sucesos -los nazis ya sabían que perderían la guerra desde hacía un par de años y por ello habían preparado un plan de evacuación- el Führer, el gran enemigo que en un momento había parecido invencible, estaba derrotado. Pero aun así era útil en la lucha contra el comunismo en Europa. Esto lo sabían los Aliados y la muerte de Hitler hubiera representado una gran pérdida -si no la mayor que podría ocurrir respecto a los líderes anticomunistas- para una futura contienda contra los soviéticos. En consecuencia Estados Unidos, y especialmente los intereses de la derecha anglo-norteamericana, tenían en claro que había que salvar a Hitler.
Se podía sacrificar, tal como se hizo, una pequeña parte de la “primera línea” nazi, que fue condenada por los tribunales de Nüremberg, pero no al “número uno”. Gozaban también de protección absoluta su legítima esposa, Eva Braun, así como algunos jerarcas que jamás fueron capturados.
Por eso Hitler es evacuado -el plan original fue concebido por los nazis, así como su instrumentación, pero se pudo ejecutar recién a partir del momento que Berlín recibió la luz verde de Washington- hacia un lugar alejado y seguro en el mundo, como lo era la Patagonia.
Cuando los efectivos soviéticos entraron al refugio de Hitler, el líder ruso Joseph Stalin inmediatamente pidió un informe sobre la suerte corrida por el presidente de Alemania. La noticia que le dieron sus generales fue terminante: el hombre más buscado había escapado. En esos mismos términos Stalin comunicó la novedad a Estados Unidos. La ampliación de la impactante información inicial es inquietante ya que los soviéticos afirmaron además que Hitler había huido en submarino, con destino presunto a España o Argentina.
Todo lo antedicho se encuentra documentado -fue publicado inclusive por los diarios de la época- y quien quiera cuestionar la huída de Hitler debería empezar por conocer esta parte de la historia oficial tapada luego con desinformación también oficial.
Era claro en aquel momento -con las fuerzas militares de Stalin sobre Alemania y gran parte de Europa- que se estaba en los albores de una nueva situación mundial, que implicaba una creciente tensión entre los países aliados y el gobierno de Moscú. En definitiva, se enfrentaba el capitalismo contra el comunismo ateo. Los nazis rechazaban la ideología de Carlos Marx y, a diferencia de la ideología de izquierda, permitían la existencia del capital y la iniciativa privada. La economía alemana tenía un fuerte control estatal pero consentía a las empresas particulares y a la propiedad privada. Por lo tanto la posición del Tercer Reich era más cercana a Washington que a Moscú.
El “salvataje” de Hitler significaba un triunfo ante el amenazante “peligro rojo”, dispuesto a avanzar sobre otros países del globo. Era una garantía, una precaución. Una forma de asegurarse la supervivencia de un líder que, a no dudarlo, quizás podía ser útil en el día de mañana. Ese momento futuro se vislumbraba como una tercera guerra mundial -había que hacer retroceder a los rusos de Europa hacia el Este por todos los medios posibles- que podría comenzar a los pocos meses de haber culminado la Segunda. Esto ya estaba en los planes de las potencias aliadas.
¿Quién podría comandar ese combate en Europa contra los soviéticos? ¿Quién con un solo discurso pondría en pie al ejército alemán? ¿Quién haría levantar a las masas en contra de Moscú?
Evidentemente el dirigente más capaz para esa “cruzada” era Hitler. Y el ejército ideológicamente mejor preparado, para ese combate contra el comunismo, era el nazi. Cuando Berlín se rinde, el 8 de mayo de 1945, los estrategas estaban viendo el día después, el reparto del mundo, el próximo conflicto en puerta y todo lo que ello significaba.
Esta explicación, acerca de la “obligación” de salvar a Hitler, quizás no hubiera sido comprendida hace algunos años atrás, cuando todavía en el mundo occidental se pensaba que había un bando bueno y otro malo. El primero liderado por Estados Unidos, y conformado por países así como sectores empresarios y políticos afines, con intereses comunes, y con “buenas intenciones”. Enfrente el nazismo. De haber sido realmente así Hitler no hubiera tenido escapatoria…
Hoy en cambio, se desnuda la verdad de que los buenos no son tan buenos. Se comprende que la causa de los grandes males del mundo son los fuertes intereses económicos que hacen y deshacen países, generan guerras, y matan a millones de personas inocentes.
Quizás entonces ahora, con esta visión del planeta distinta, asequible a todos por los modernos circuitos de comunicación, la historia del escape de Hitler se vuelve creíble y comprensible. O al menos tema de debate y no una mera verdad impuesta por los intereses de turno. Quizás quienes critican esta nueva visión de la historia puedan hacerlo desde una perspectiva que enriquezca la temática, porque una cosa es segura, sólo de la confrontación de ideas surge la verdad, y cada día más todo parece indicar que ésta fue muy distinta a la que nos contaron.
Fuente: Hitler en Argentina - Abel Basti
 
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Reconstruye supuesta huida de Hitler a la Argentina. Por Nueva Sion.
El libro "Hitler en la Argentina", del periodista Abel Basti, sostiene la tesis de que el líder nazi no se habría suicidado en Alemania, y revela que hay fuertes indicios de su huida al sur del territorio argentino, donde finalmente habría muerto. Basti ya había insinuado esta teoría en su primer libro "Bariloche nazi", una suerte de guía de turismo sobre lugares de esta ciudad y adyacencias adonde, presuntamente, llegaron los fugitivos del partido nacional socialista alemán después de la Segunda Guerra Mundial.
Entre otros sitios de "interés turístico", ese libro -que va por su quinta edición- consigna la casa en la que vivió Erich Priebke, condenado a cadena perpetua en Italia por la masacre de las Fosas Ardeatinas. "Ahora este nuevo libro hace foco en el paso de Hitler por la Argentina, en un relato que incluye al final de cada capítulo facsímiles de documentos y fotos para apoyar la historia, entre los que se encuentran media docena de documentos del FBI", dijo el autor en una entrevista con Télam.
Para el periodista, que fue redactor del diario "La Mañana del Sur" y de la agencia DyN, "es sorprendente y muy fuerte ir encontrando las huellas de Hitler en Argentina, al igual que los testimonios de quienes estuvieron con él".
Según Basti, "la farsa armada en torno al presunto suicido se está cayendo a pedazos, ya que hay numerosos investigadores que coinciden en la falta de pruebas de su muerte en Alemania". "No hay cadáver, tampoco autopsia, ni pericia criminalística.
Los rusos afirman que tienen un pedacito de cráneo con un agujero de bala, pero se resisten a un estudio de ADN, que perfectamente se podría comparar con el ADN de Paula Hitler, hermana de Adolf, quien está enterrada en Alemania", explicó.
El libro entrelaza dos tramas: la huida de Alemania junto a numerosos jerarcas nazis, en un convoy de una docena de submarinos, y su vida en Argentina; primero en la Patagonia y luego en Córdoba, con algunas visitas a Buenos Aires.
Basti aseguró que la fuga de Hitler (con Eva Braun y los comandantes nazis) fue un plan diagramado en los últimos dos años de la guerra, con el objetivo también de evacuar dinero y equipos, lo que fue conocido en detalle y aprobado por Estados Unidos.
"Era imposible cruzar el Atlántico con tantos submarinos sin que los aliados lo detectaran. Todos lo sabían y querían evitar que la fortuna que habían hecho los nazis y sus cerebros cayeran bajo dominio ruso. Los nazis fueron aliados de los aliados, tenían un enemigo común: los comunistas", apuntó.
Estados Unidos y Argentina, comentó el investigador, "fueron dos de los principales destinos de los nazis en fuga", y específicamente aquí se quedaron a vivir prófugos de gran jerarquía como Joseph Mengele y Adolph Eichmann. "También vinieron otros personajes con conocimientos científicos y tecnológicos como Kurt Tank, que era un genio de la Luftwaffe (aviación alemana), quien promovió el desarrollo de Fabricaciones Militares en Córdoba. Y también Ronald Richter, quien comenzó con el tema atómico en la isla Huemul, aquí en Bariloche", mencionó Basti.
En cuanto a Hitler, el periodista reconstruye el itinerario que habría seguido en la Argentina. "A los 56 años desembarcó en Caleta de los Loros, sector de la ribera rionegrina entre Viedma y San Antonio Oeste. Allí, narra, se habría alojado en un pequeño hotel (que aún hoy existe) y luego de recorrer la zona se trasladó a la estancia San Ramón, a 30 kilómetros al este de Bariloche y de propiedad de la familia alemana Lahusen. Luego se habría trasladado a Bahía Inalco, próximo a Villa La Angostura, que en los años 40 perteneció al empresario peronista Jorge Antonio.
"Ese sitio era inaccesible por tierra y hubo en ese tiempo una inversión millonaria para hacer hangares para hidroaviones, que acuatizaban en el lago Nahuel Huapi", relató Basti.
Después, continuó, Hitler se trasladó a La Falda, Córdoba, donde estuvo alojado pocos días en el hotel "El Edén", del matrimonio Eichhorn, "quienes en plena guerra estuvieron entre los principales financistas del régimen nazi".
"Es una parte de la historia poco conocida, que en el libro se desarrolla mucho. Hay fotos de ellos con Hitler y largas cartas en las que se les informa el destino de los fondos remitidos a Alemania", aseveró el investigador.
Basti también se refirió a la entrevista que le realizó a la hija adoptiva del matrimonio Eichhorn, Catalina Gamero, quien describió cómo fueron los días "en que Hitler se alojó en el hotel (hoy abandonado) para luego esconderse en un chalet del cerro Pan de Azúcar, al que le llevaban víveres".
Entre otros documentos, Basti destacó uno del FBI de septiembre de 1945 en el que "se describen los preparativos en la Falda para recibir a Hitler. Fue hecho en base a información aportada por el jardinero de El Edén, que trabajaba para la inteligencia norteamericana. Y está fechado varios meses después del presunto suicidio, el 30 abril de 1945".
Con respecto a la muerte del líder nazi, Basti se limita a consignar que murió en el país y adelanta que este tema será central en su próximo libro, en el que narrará en detalle cómo se realizó el escape de Europa y como fue la vida de los prófugos en Argentina.
 
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¿Hitler en Argentina? Por Pablo Weschler.
La pregunta sobre la presencia de Adolph Hitler en Argentina a partir de Julio de 1945, se hace más común en los últimos tiempos, una gran ola de teorías fueron reveladas en Europa, Estados Unidos y en Argentina como consecuencia de informes americanos de esa época en los cuales agentes de ese país en el sur Argentino juntan testimonios de pobladores que relatan con detalles, diferentes avistajes de submarinos a lo largo de las costas Argentinas, desde Chascomús como punto mas norte, hasta las frías playas de Río Negro en el sur, todo esto, a partir de junio de 1945, o sea 2 meses después de finalizar la Segunda guerra mundial.
Es sabido que llegaron dos submarinos Alemanes al puerto de Mar del Plata, y aquí se rindieron a las autoridades Argentinas, esto fue realizado en forma programada. No de casualidad Argentina fue elegida por los alemanes como punto de rendimiento.
Argentina ofrecía a los alemanes una infraestructura perfecta, un lugar lejano a la guerra perdida en Europa, a la tripulación los esperaba una colectividad Alemana importante y basada económicamente y un gobierno peronista pro nazi - fachista.
Llegué a Argentina realizar unas notas para la TV Israelí y un conocido periódico en hebreo sobre el tema del nazismo en mi país natal. A lo largo de los últimos 18 meses junté cientos de documentos y materiales relacionados a la organización alemana en Argentina con 3 bases principales, la Capital, provincia de Córdoba y el sur Argentino (Bariloche y Río Negro)
Si intento armar un proceso cronológico es fácil destacar la ayuda del gobierno Argentino de esos días, ya que Juan Perón y Evita (la cual era una agente de los Alemanes en la Argentina y recibía instrucciones y sumas de dinero por intermedio de la embajada Alemana de Buenos Aires) entregaban nuevas identidades y falsos documentos a los nazis que escapaban de Europa a cambio de oro.
En mi corta estadía pude recibir aprobación a la llegada de submarinos nazis a Argentina en forma clandestina, quienes no traían solo a simples tripulantes de la fuerza naval alemana, sino que entre los 11 ó 12 submarinos llegaron en ellos jerarcas nazis con sus familias, los cuales dejaron Europa y luego de una travesía de casi 9 semanas llegaron a las costas del sur Argentino.
Vi personalmente documentos de la fuerza naval argentina la cual suspende los patrullajes de los barcos locales en las fechas que más y más testigos vieron decenas de veces submarinos cerca de las costas, otros testigos relatan con lujo de detalles la llegada de alemanes cuando militares argentinos los esperan en las playas del sur.
Hasta este punto entonces se puede entender que es fácil (y recomendable!) llegar como refugiado a Argentina, también es posible
hacerlo por submarino, aunque es sabido que miles de nazis llegaron en barco desde puertos Europeos. Lo que queda en el tintero es entonces saber que pasó con Hitler, según la versión oficial Hitler se suicidó el primero de Abril en el bunker de Berlín, y sobre este punto hay más signos de preguntas que respuestas claras y afirmativas.
Empecemos por la más fácil, ¿dónde esta el cadáver? Nadie lo vio. Según la versión soviética (que con el tiempo fue la oficial) el cráneo de Hitler esta guardado en una caja fuerte en el Kremlin, pasaron ya 60 años y nadie vio tal cráneo y nadie realizó un estudio de ADN para recibir la respuesta absoluta.
¿Por qué los Rusos no hacen esa prueba y terminan con este rumor?
En los últimos días de la guerra tanto los Rusos como los Americanos estaban más interesados en capturar a los científicos alemanes, expertos en cohetes balísticos, que atrapar a Adolph Hitler. Un rumor cuenta sobre una frase de Stalin a los Americanos, pocas semanas después de caer el tercer Reich-Hitler: se nos escapo entre las manos, estoy seguro que esta vivo en Argentina, así dijo el dictador ruso.
El sur Argentino es el lugar optimo para alejarse de la derrota y vivir el resto de los días en forma tranquila y segura, rodeado de camaradas y protegido por un gobierno ultra derechista-fachista.
Lo cierto es que luego de la caída de Perón en 1955 muchos nazis se sintieron inseguros en Argentina y muchos de ellos ingresaron a Chile y Paraguay.
No existe un lugar en el mundo que se parezca más a la zona de los Alpes Suizos que los lagos de la zona de Bariloche, el mismo clima, los paisajes y hasta la población que en esos días era de origen suizo-alemán en su mayoría.
Es muy posible que Hitler haya llegado en submarino a costas argentinas y se trasladó por tierra hasta los pies de la cordillera, según variadas informaciones que pude obtener en mi viaje, vivió en dos estancias de alemanes en la zona de Bariloche aunque existen testimonios que saben contar que Hitler estuvo también en Córdoba en los años 50 y en la provincia de Mendoza en los años 60.
Por intermedio de dos investigadores argentinos pude llegar a conocer a una testigo que sostiene en forma contundente que ella lo vio a Hitler en Córdoba en 1947,durante mi estadía en Argentina vi dos videos de otros dos testigos los cuales sostienen que vieron a Hitler en los años 1951 y 1953 respectivamente en el sur Argentino, estos dos testigos son dos personas mayores, gente modesta y simple. Yo me pregunto ¿qué interés tiene esta gente en mentir?
Los tres testigos hablaron sobre sus encuentros casuales con Hitler, todos lo describen en forma similar y están convencidos que Hitler fue la persona que ellos vieron, dinero no recibieron por testimoniar, solo quieren contar lo sucedido.
En estos días se estudian otros dos testimonios de personas que según ellas vieron a Hitler en Argentina durante los años 50, dos historiadores argentinos investigan actualmente ambos casos.
Los informes de la FBI, de 1945-7 sobre el caso Hitler en Argentina estuvieron en la red de Internet, o sea al publico, pocas semanas durante el 1999, así como se abrieron se cerraron y por lo que se puede leer, los americanos temían que Hitler había llegado a territorio Argentino.
Según los escritos, no se realizó nunca una investigación seria y profunda sobre el suicidio del 45, los datos y versiones fueron aportados por los mismos rusos, o sea recibiendo la tesis de los comunistas como base, la investigación americana no seria muy seria, teniendo en cuenta que los rusos no querían contar la verdad: Hitler se nos escapó, pero para no quedar mal frente al mundo diremos que llegamos al bunker y vimos el cadáver de Hitler y de Eva Braun ya quemados por los soldados alemanes.
Muchos obstáculos existen en esta complicada investigación histórica, se pude decir que es una carrera contra el tiempo, cada día los testigos mueren sin decirnos lo que saben, y muchos de lo que viven no quieren y temen de decir lo que paso.
Como ejemplo puedo contar que tenia programado entrevistar en Córdoba a un muy conocido investigador, pocos minutos antes de encontrarnos esta persona me pidió disculpas por teléfono, pero me explicó que no quiere hablar del tema de Hitler en Córdoba, ya que lo conocen en la provincia y teme por su futuro, me quedé con el teléfono celular en la mano y sin la entrevista fijada...
Hablé personalmente con un ex buceador de la fuerza naval Argentina, el cual me aseguró que desde décadas los gobiernos saben con claridad sobre las ubicaciones de los submarinos hundidos frente a las playas de Río Negro, pero eso no significa que la fuerza naval quiera ayudar a los arqueólogos marítimos en saber y descubrir por fin los restos de los submarinos alemanes... al contrario, seria mucho compromiso y lo sabido es mejor que sea ocultado. Esta es la línea practicada por todos los gobiernos argentinos por décadas, las evidencias están bajo las aguas, a pocos metros de la costa.
Estos gobiernos nunca colaboraron para investigar o dar a conocer la verdad sobre el tema del nazismo en este país, una línea bastante similar desarrollan los americanos a lo largo de las últimas seis décadas. Muy poco es dado a luz, quizás por temor a decir la verdad, en la cual los mismos americanos trasladaron en una operación secreta a los científicos alemanes de Berlín a U.S.A. junto a sus familias para que ellos sigan desarrollando los prototipos de los cohetes bélicos-militares y a la vez fijen la base de lo que es la actual NASA.
Creo que después de este viaje a Argentina la descripción de un investigador de Córdoba sirve para reflejar lo que sienten los investigadores argentinos- esta investigación es como un iceberg, solo vemos el 10% del descubierto, sobre la superficie, y esto es lo logrado después de casi 5 años de investigación, la mayoría de los hechos históricos están aun bajo tierra, el otro 90%.
 
NOTA DEL COPISTA : ALLA POR PRINCIPIOS DE 1987,UNA PERSONA MUY ALLEGADA A MI,ME COMENTO E INVESTIGO PERSONALMENTE EL RUMOR DE QUE HITLER HABIA VIVIDO CON UNA HIJA CERCA DE LA PLATA EN BUENOS AIRES,ARGENTINA Y QUE ESTARIA ENTERRADO EN EL CEMENTERIO DE PALMIRA EN LA PLATA,ALGO HAY EN ESTA HISTORIA Y CONSERVO EL CUADERNO DONDE ESTA AMIGA TOMO LAS NOTAS Y PUDO VISITAR EL LUGAR,QUE CON ESTAS NUEVAS INVESTIGACIONES YA NO SUENA DESCABELLADO COMO ENTONCES... 

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