martes, 28 de febrero de 2012

El llanto de la llorona

Testimonios sobre apariciones de mujeres vestidas de blanco que emiten un grito desgarrador son compartidos por el folclore mexicano como por el irlandés.
Para Joseph Campbell, un destacado estudioso de la mitología, los sueños son al individuo lo que los mitos son a la colectividad. Nuestras historias de aparecidos, de dioses antiguos, de criaturas inexplicables, son nuestros sueños grupales. ¿Qué significan entonces estas mujeres de blanco?
De orígenes tan disímiles, la Llorona y la Banshee son espíritus afligidos.
Para quienes han llegado a toparse con sus blancas figuras de cabellos sueltos, ha quedado claro que además del terror que inspira su fantasmal figura ambas suscitan un horror profundo mediante sus lamentos destemplados.

l grito de la Banshee

La Banshee, afirman los herederos de los celtas, se pasea envuelta en un sudario por los parajes agrestes de Irlanda y Escocia. Sea acurrucada bajo los árboles o volando al claro de luna, su grito es el sonido más lúgubre que se puede oír en esta tierra.
La Banshee tiene la triste tarea de anunciar la muerte a aquellos que descienden de las antiguas familias celtas. Escuchar su lamento en un lugar cercano debiera ser motivo de consuelo, pues contrario a las leyes físicas, aquello significa que el espectro se encuentra lejos. En cambio deben alarmarse quienes oyen su llanto a la distancia, porque en ese caso el llamado les concierne.
Ajena al tiempo lineal de los hombres, la Banshee comienza su duelo aún antes de que la desgracia acontezca. Sobre el horror del anuncio queda el horror de su queja. ¿Qué nos depara la muerte si hasta los espectros nos lloran?

La diosa Morrigan antes de ser la Banshee

La Banshee sin embargo, no siempre estuvo triste. Alguna vez fue una diosa pagana y lo suyo era la batalla. Se la llamaba Mórrigan y estaba integrada por tres seres. La diosa Babd, la diosa Macha y la diosa Nemaín que solía infundir valor en el alma de los guerreros.

Era frecuente verla en la forma de una corneja sobrevolando el campo en donde se llevaba a cabo el enfrentamiento. Pero podía asumir también la forma de una vieja o la de una joven que disfrutaba de los encuentros sexuales.
Anunciar la muerte próxima de un guerrero era una labor no tan frecuente. Y tampoco lloraba en esos tiempos. Se presentaba discretamente, disfrazada de lavandera, a los ojos del indicado. Junto a un río desmanchaba de antemano las ropas ensangrentadas de ese que estaba por morir.
Pero ahora quedan pocos guerreros, y con otro nombre a la Banshee le pesa la pérdida de otro celta.


El lamento de la Llorona

Muy lejos de los parajes irlandeses, en México, la gente teme a una mujer que se aparece llorando por las noches.
La Llorona, como se le conoce, no habla de lo futuro sino de lo pasado. De acuerdo a la leyenda se lamenta por el asesinato de sus hijos a quienes ella misma mató y arrojó a un río.
Vestida de blanco, con el cabello hasta la cintura, recorre las calles de la ciudad quejándose por sus hijos. Sólo los perros se atreven a responder con un coro de aullidos igualmente lastimeros.
Las personas, en cambio, se paralizan. Aunque no exista ninguna historia al respecto se teme que de alguna forma la Llorona pueda desencadenar la muerte de los más pequeños.

La diosa Cihuacóatl también era la Llorona

Este llanto, se dice, viene de mucho antes. De cuando los españoles no habían llegado y la Llorona era una diosa. La diosa Cihucóatl, quien como Melusina, (que por cierto es otra aparición que anuncia la muerte), era mitad mujer y mitad serpiente.
Cihuacóatl, por haber sido la primera en el mundo que dio a luz, fue convertida en la divinidad protectora de los partos. Sin embargo la diosa no supo cuidar de su propio hijo y lo extravió para siempre en un cruce de caminos.
Desde entonces Cihuacóatl llora y se lamenta. Junto con ella toda una legión de mujeres muertas al momento de parir, las Cihuateteo, que se presentan llorando en las encrucijadas. Con todo, las Cihuateteo son heroínas y así como la Mórrigan, acompañaban a los guerreros en la batalla.

La profecía de Cihuacóatl

Sólo una vez la diosa Cihuacóatl otorgó un presagio. En el libro La visión de los vencidos, la única crónica indígena sobre la conquista de México, se hace una relación de los distintos anuncios que avisaron sobre la llegada de los españoles. En el sexto presagio funesto se lee:
Muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos:
-¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!
Y a veces decía:
-Hijitos míos, ¿a dónde los llevaré?”
Cabe preguntarse por quién llora realmente la Llorona. Pero si no encontramos respuesta, de algo podemos estar seguros: la tristeza, a veces, no tiene limites, ni siquiera el de la muerte.


que pasa si uno la encuentra de cerca?

1.- Se te escapa siempre, como el eco
2.- Te espera y te lleva al tormento
3.- Se transforma en un espanto y te quedas loco
 
Estos son los mitos o lo que la gente supone, lo verdadero es que solo unos pocos se han topado con ella y de estos diversas verciones existen, desde la maldición como una banshee a un mero susto...Tal vez el espiritu busca algo en cada persona en particular.
 
 Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se recogían en sus casas con el toque de queda, avisado por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadisimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.

Las primeras noches, los vecinos se resignaban a santiguarse por el temor que les causaban aquellos lúgubres gemidos, que según ellos, petenecían un ánima del otro mundo; pero fueron tantos y tan repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir a las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las oscuras noches o en aquellas en que la luz pálida de la luna caía como un manto vaporoso lanzaba agudos y agónicos gemidos. Vestía la mujer un traje blanco y un espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad, cada noche tomaba distintas calles, pero siempre pasaba por la Plaza Mayor (hoy conocida como el Zocalo de la Capital), donde se detenía e hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento en dirección al Oriente; después continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo y al llegar a orillas del lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía entre sus aguas.
"La hora avanzada de la noche, - dice el Dr. José María Marroquí- el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona.
 
 El Origen de la Llorona

El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raices en la mitologia Azteca. Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl, protectora de la raza. Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.
"Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?", se lamentaba.
Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.
Con la llegada de los españoles al Continente Americano, y una vez consumada la conquista de Tenochtitlan, sede del Imperio Azteca, años mas tarde y después de que murio Doña Marina, mejor conocida como la "Malinche" (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.

 Las "Otras" Lloronas

Esta leyenda se extendio a otros lugares del Pais, manifestandose de diversas maneras. En algunos pueblos se decía que la llorona era una joven enamorada que habia muerto en vísperas de la boda y traía al novio la corona de rosas blancas que nunca utilizó.

En otras partes, se creía que era una madre que venía a llorarle a sus hijos huerfanos.

Algunos afirman que es una mujer que ahogó a uno de sus hijos y por la noche lo busca a lo largo de los riachuelos o quebradas, exhalando prolongados lamentos.

Otra descripción de la llorona es la siguiente:
Mujer de figura desagradable, alta y desmelenada, de vestido largo y rostro cadavérico. Con sus largos brazos sostiene a un niño muerto. Pasa la noche llorando, sembrando con sus sollozos lastimeros, el terror en los campos, aldeas, y aún en las ciudades.

Se hace referencia a este personaje acorde con la tradición oral, donde se le define como una madre soltera que decidió no tener a su hijo y por eso aborta, acarreándole esto el castigo de escuchar permanentemente el llanto de su niño. Este castigo la desesperó y la obligó a deambular por el mundo sin encontrar sosiego, llorando, gimiendo e indagando por el paradero de su malogrado hijo.

Diversas teorías se formularon en cuanto a la fantasmagórica desconocida, pero por la cualidad de estar siempre tan tremendamente afligida se le comenzó a llamar popularmente la Llorona. Las posibles explicaciones al errar del espectro, que se establecieron, fueron:
Una versión indica que La Llorona es el alma de La Malinche, penando por traicionar a los mexicanos durante la Conquista de México
  • Otra versión relata la tragedia de una mujer ostentosa y codiciosa que al enviudar perdió su riqueza y por no soportar la miseria ahogó a sus hijos y se murió, pero regresó del más allá para penar por sus crímenes.
  • Otra versión relata que era una joven enamorada que había muerto un día antes de casarse y traía al novio la corona de rosas que nunca llegó a ceñirse.
  • Otra versión relata que era una esposa muerta en ausencia del marido a quien venía a darle el beso de despedida.
  • Otra versión que esa mujer fue asesinada por su marido y aparecía para lamentar muerte y confesar su inocencia.
  • Otra versión relata que ella era una mujer indígena, enamorada de un caballero español o criollo. Ellos tenian tres niños, pero el no formalizaba nada, solo la visitaba y le daba largas a su compromiso de casarse con ella. Tiempo después, el se casa con una muchacha española de buena familia, por ser mas conveniente para el. Ella se vuelve loca de dolor y mata a sus tres hijos en el río y luego se mata ella al ver lo que ha hecho. Desde entonces ella pena gritando: “Ay mis hijos!” y comúnmente se le ve junto a los rios o arroyos porque fue ahi donde sus hijos murieron.
  • Otra versión relata que a elle le arrebataron a su hijo o hijos, y por ello su espíritu vaga para encontrarlos.


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