Al término del siglo XVI y comienzos del XVII, muchos pensadores empezaron a sospechar que los acontecimientos que estaban ocurriendo ante sus propios ojos eran los que traían consigo el principio del milenio, el regreso de Cristo como Mesías político y el comienzo de su reinado milenario en la Tierra, que había de ser precedido o bien seguido por el Día del Juicio, cuando se salvarían los auténticos creyentes reformados. Diversos hechos políticos fueron interpretados como señales de que Dios estaba actuando en la historia, allanando el camino a los gloriosos acontecimientos milenarios: el declive del todopoderoso imperio español a manos de potencias emergentes, el final de la Guerra de los Treinta Años o la unión de las coronas inglesa y escocesa, fueron algunos de los hechos históricos considerados. Esta nueva manera de describir los símbolos y profecías de las Escrituras, especialmente en los libros de Daniel y el Apocalipsis, relacionándolos con personajes e instituciones históricas, hizo que se considerasen los acontecimientos políticos y sociales de la época como los penúltimos pasos que se darían antes del advenimiento del milenio y el establecimiento del «Quinto Reino» pronosticado por Daniel, que conllevaría la identificación y derrocamiento del Anticristo, la reunión de las verdaderas Iglesias cristianas, la conversión de los judíos, la reaparición de las Tribus Perdidas de Israel,
la reconstrucción del Templo de Jerusalén y el restablecimiento de los judíos en la Tierra Santa.
A través del viaje de Baldassare, somos testigos de las diversas corrientes milenaristas que sembraron el mundo del año 1665, así como de la búsqueda de uno de esos libros sobre los que fabulan sabios, locos, fanáticos y bibliófilos.
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