lunes, 5 de marzo de 2012

CONSTANTINOPLA: LOS VENTRUE ANTONINOS


En el año 305, poco después del reinado del emperador Diocleciano tres poderosos
Matusalenes –aliados y amantes- abandonaron Roma. Miguel, del clan Toreador; Antonius el Galo,
del clan Ventrue y Dracon, del clan Tzimisce, que habían decidido abandonar la decadencia del
Imperio Romano para llevar a cabo su Sueño de crear una sociedad nueva y mejor.
Antonius el Galo fue el primero en fijarse en el ascenso de la figura de un ambicioso general
llamado Constantino, que se decía estaba bendecido por Dios. Los Tres Matusalenes observaron sus
progresos, mientras el resto de los vampiros romanos vieron en el general un peón de la voluntad de
estos tres vampiros. Tras derrotar a sus competidores Majencio (312) y Licinio (324) por el poder
imperial, los tres Matusalenes decidieron que el momento de actuar había llegado.
Constantino reconstruyó la antigua ciudad de Bizancio y la rebautizó como Nova Roma,
aunque posteriormente sería conocida como Constantinopla. El emperador había convertido el
cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano y puso grandes limitaciones a los cultos
paganos. Antonius, deseoso de ganarse el favor de su amante Miguel, y utilizando su influencia
sobre los lugartenientes del emperador, entre ellos el general Caius, que se convertiría en su
chiquillo, se hizo con numerosas obras de arte, en su mayoría procedentes de los templos paganos,
con el propósito de ornamentar la nueva capital del Imperio. Aunque los Vástagos romanos
protestaron por el cambio de capitalidad, los Tres Matusalenes de Constantinopla no hicieron nada
para congraciarse con ellos, y consideraban a los vampiros de Roma reliquias de un pasado que
estaba quedando atrás.
Cuando Roma cayó ante el empuje de los bárbaros, Miguel, Antonius y Dracon se reunieron
en el año 477 en un Consejo para enfrentarse a las consecuencias. En este Consejo se creó un
sistema de gobierno conocido como la Trinidad, a imitación del Triunvirato de Roma, y cada uno de
los Matusalenes se convirtió en el líder de una familia responsable de una faceta del Sueño que se
estaba construyendo en Constantinopla. Miguel y los Toreador asumieron el papel simbólico del
Padre y el poder de la Iglesia bizantina. Antonius y los Ventrue representaron el papel del Hijo y
asumieron la responsabilidad de la administración mortal e imperial. Dracon y los Tzimisce
ocuparon el puesto del Espíritu Santo y se responsabilizaron de las órdenes monásticas. Como había
ocurrido en Roma otros linajes fueron admitidos como “retoños” bajo la protección de las familias
de la Trinidad. Antonius concedió su protección a una antigua Capadocia y a un grupo de
legisladores Brujah.
Antonius estableció una posición firme en el gobierno imperial, aunque su amor por Miguel
le llevó a enfrentarse en varias ocasiones con Dracon, y el Patriarca Toreador a menudo fomentaba
 
la rivalidad entre ambos, disfrutando con la visión de sus dos amantes compitiendo por su favor.
Como el Matusalén Tzimisce no parecía dispuesto a participar en estos juegos, Miguel reaccionó
fríamente y Toreador y Ventrue estrecharon sus relaciones, dejando a los Tzimisce bizantinos al
margen.
Antonius utilizó las ambiciones del emperador Justiniano para llevar a cabo sus planes de
restaurar la gloria del Imperio Romano. A través de sus campañas de conquista y de sus generales,
Justiniano consiguió recuperar Italia, el norte de África y el sur de la península ibérica de manos de
los bárbaros. El sistema de las familias vampíricas de Constantinopla se extendió por los territorios
conquistados y el dominio de otros Vástagos fue reconocido dentro de la estructura imperial.
El fin del gobierno de Justiniano significó el final de los planes de Antonius. El Imperio
Bizantino se había extendido más de lo que podía abarcar, y nuevas oleadas de bárbaros atacaban
Italia, mientras los persas presionaban las fronteras orientales. Una plaga barrió el Imperio,
diezmando la población. Antonius, desconfiando de que el Tzimisce Dracon era el responsable de
estos problemas no prestó suficiente atención a las fronteras tambaleantes del Imperio, y permitió
que se desarrollase la rivalidad entre los servidores del emperador. Durante esta época Antonius
otorgó el Abrazo al general Belisario, que había sido el principal artífice de la reconquista bizantina.
Durante los siglos siguientes las plagas, las amenazas de invasión y los tiránicos gobiernos
de algunos emperadores como Focas, destruyeron mucho de lo que Justiniano –y Antonius- habían
creado. Los acontecimientos mortales a menudo se reflejaban en los conflictos internos de la
Trinidad. El gobierno de Justiniano y la reconquista de Occidente habían proporcionado a Antonius
el favor de Miguel, forzando a Dracon y los Tzimisce a un papel secundario. Los monasterios
sufrieron con dureza las reformas de Justiniano, lo que enfureció a Dracon y le hizo provocar el
descontento de los mortales. El caos originado frustró los sueños conquistadores de Antonius y le
arrebataron el control de los emperadores.
Sin embargo, a pesar de esta advertencia a sus amantes, Dracon no estaba dispuesto a
permitir que el Sueño de Constantinopla fuera destruido. En el año 610 Heraclio, un seguidor de
Dracon, tomó el poder imperial derrocando a su predecesor Focas e inició un lento proceso de
recuperación, que coincidió con el auge del Islam. La oleada de conquistas árabes arrebató al
Imperio Bizantino extensos territorios, entre ellos Siria, Egipto y el norte de África. Varias familias
establecidas en las provincias desde la época de Justiniano cortaron lazos con Constantinopla y
numerosos Ventrue fueron destruidos o tuvieron que exiliarse ante el empuje de los invasores.
El Patriarca Miguel trató de restablecer la paz entre sus dos amantes mediante el regalo de
dos niños, Gesu y Symeon, que representarían la cooperación entre ambos. Sin embargo Gesu, el
chiquillo de Dracon, terminó Abrazando a su hermano Symeon, privando a Antonius de su regalo y
 
separando al Matusalén Ventrue de la Trinidad. Se celebró un Consejo en el año 704 pero no se
alcanzó ningún acuerdo.
Antonius, amargado por la pérdida de Symeon, comenzó a trazar planes contra los Tzimisce,
supervisando el ascenso del emperador Leon III al trono de Constantinopla en el año 717. En el año
726 el emperador inició una campaña de destrucción de iconos, que consideraban imágenes
sacrílegas de la divinidad. El movimiento iconoclasta fue continuado por su hijo Constantino V,
provocando que numerosos monasterios fueran arrasados y sus hermosos iconos destruidos.
Muchos seguidores del movimiento iconoclasta no estaban realmente en contra de la veneración de
iconos, sino que se oponían al poder de los monasterios.
Desde las sombras Antonius fomentó su propia versión de la iconoclastia, exigiendo que
todos los vampiros debían permanecer ocultos de los mortales y el cese de todo culto de sangre. Era
un ataque directo contra los Tzimisce, pero también separó a Antonius de sus chiquillos Caius y
Séptima Dominica, que no aprobaban la campaña de venganza de su sire. La animosidad entre
Ventrue y Tzimisce continuó y no dio señales de amainar a pesar de que muchos esperaban que
Antonius se sintiera satisfecho con el daño causado a sus enemigos. Pero el Matusalén Ventrue
estaba cegado por el odio y continuó con la destrucción de iconos, reafirmándose en su creencia de
que los Vástagos debían actuar como los amos ocultos de la humanidad, no como santos eternos
que recibieran la adoración de los mortales.
Las medidas del Basileus Ventrue llevaron a la división en la sociedad bizantina y al
distanciamiento entre la Iglesia de Oriente y Occidente. Miguel y Dracon convocaron un Consejo
en el año 796 en el que se decidió el destino de Antonius. Sus chiquillos propusieron su destrucción,
argumentado que la ceguera de Antonius terminaría por destruir Constantinopla. A pesar de su
reticencia inicial, Miguel y Dracon terminaron aceptando la solución y Caius destruyó a su sire,
convirtiéndose en el nuevo líder de los Ventrue, y el culto a los iconos fue renovado poco después.
El nuevo Basileus esperaba convertirse en el amante del Patriarca Miguel, pero fue
rechazado, por lo que despechado, permitió que resurgiera un brote de iconoclastia. El Patriarca
Miguel reaccionó asumiendo el poder en el año 842 como el emperador Miguel III y restaurando el
orden, llevando a Constantinopla a la época más gloriosa de su sueño.
Miguel y Dracon abandonaron el poder en el año 888, nombrando a sus sucesores al mando
de las familias de la Trinidad. Resignado al rechazo de Miguel, Caius se volcó en las labores de
gobierno, supervisando a la dinastía de los emperadores Macedonios, que reconquistaron algunos
territorios en Oriente y Occidente. Antioquía fue reconquistada y los musulmanes rechazados de
Asia Menor. Los Balcanes también fueron reincorporados al Imperio Bizantino.
Sin embargo, en el siglo XI, Séptima Dominica murió a manos de cazadores de brujas y
Caius se encontró solo al mando de los Ventrue Antoninos. La familia degeneró pronto en un caos
 
de intereses enfrentados y al final de la dinastía macedónica Caius retenía su poder enfrentando a
unas facciones contra otras. Desgraciadamente gran parte del territorio reconquistado se sublevó y
los Ventrue trataron de recuperar lo perdido, buscando restaurar el sistema de familias de
Constantinopla aniquilando a la aristocracia semifeudal de Anatolia y a los vampiros que la
sustentaban. Sin embargo, la destrucción de la aristocracia volvió a exponer el Imperio Bizantino
ante los musulmanes. Con la muerte de Basilio II en el año 1025 el imperio degeneró en una serie
de crisis dinástica y fracasos militares, viéndose nuevamente rodeado de enemigos: los búlgaros se
rebelaron al norte contra la autoridad bizantina, los normandos de Sicilia realizaban incursiones en
el oeste, y los turcos selyúcidas aplastaron al ejército imperial en la batalla de Manzikert (1071).
Poco después del desastre de Manzikert el general Belisario, chiquillo de Antonius, al que se
creía destruido desde la invasión musulmana, regresó a Constantinopla. Para restaurar el Imperio
Belisario consideraba que era necesaria una dinastía fuerte, y con Caius, el basileus Ventrue, apoyó
la ascensión al trono del ambicioso Alejo Comneno Desgraciadamente los menguados recursos del
imperio no eran suficientes para los planes de los Ventrue, y Caius y Belisario propusieron una
alianza comercial con la ciudad de Venecia, dominada por los Lasombra. Aparte, Caius envió
emisarios a Occidente ante el Papa de Roma pidiendo ayuda para derrotar a los turcos selyúcidas.
La petición de ayuda contra los turcos obtuvo como respuesta la Primera Cruzada (1096-
1099), que llevó a decenas de miles de peregrinos y guerreros mortales a las fronteras del Imperio
Bizantino. Los Ventrue trataron de manejar la situación y actuaron para procurar que los cruzados
atravesaran los territorios bizantinos rápida y eficazmente. Aunque Belisario no consiguió prever la
creación de los Estados Latinos en Oriente, consiguió aprovechar la presencia de los cruzados para
recuperar algunos territorios en Asia Menor. Al mismo tiempo consiguió estrechar lazos entre los
Ventrue y Tzimisce, convirtiendo la presencia de los latinos en un problema menor.
Desgraciadamente para los Ventrue sus victorias en Oriente atrajeron el recelo de los
Assamitas, que en el año 1143 asesinaron al emperador Juan Comneno como advertencia a los
Vástagos bizantinos, lo que llevó a los Ventrue a aliarse más estrechamente con los vampiros
occidentales y con los estados cruzados. Sin embargo, a pesar de la llegada de nuevos guerreros a
Oriente, era evidente que el Imperio Bizantino estaba perdiendo la iniciativa. Además sus riquezas a
menudo iban a engrosar las arcas de los mercaderes occidentales, sembrando el recelo de los
bizantinos.
Los recelos contra los latinos estallaron en Constantinopla en 1185, después de que los
normandos saquearan Tesalónica, y los Ventrue no pudieron controlar los disturbios. Furiosos
ciudadanos y vampiros bizantinos mataron a todos los extranjeros que encontraron y cometieron
numerosas atrocidades. Caius se vio obligado a pedir excusas a los Lasombra venecianos y ejecutar
a varios vampiros que fueron declarados culpables de instigar los tumultos. Los Ventrue Antoninos
 se enfrentaron entre sí, permitiendo que una dinastía débil, los Ángelos, accediesen al trono
imperial. Caius se negó a actuar de forma decisiva y las distintas facciones Ventrue tenían sus
propios proyectos secretos.

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