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domingo, 10 de junio de 2012

Hombres lobo en tiempos Prehispanicos

Teorías ocultistas sobre el origen de la raza humana sugieren que el hombre debe haber evolucionado pasando por diferentes formas minerales, vegetales y animales antes de alcanzar su estado actual. Esta es una forma primitiva para explicar el origen de las criaturas mitad hombre, mitad animal.
México es conocido, entre otras cosas, por sus shamanes, hechiceros y curanderos (médicos de la tribu), a veces llamados Nahuales o Naguales. Todos los pueblos y ciudades en México tienen al menos un Nahual.
La palabra azteca para Nahual es Nahualli , que significa lo que es mi vestidura o piel , y se refiere a la habilidad del Nahual de transformarse en una criatura mitad hombre, mitad animal (lobo, jaguar, lince, toro, águila, coyote…). Ese vocablo también se refiere a la nigromancia, ocultismo y malicia.

Para los pueblos prehispánicos, el nahualli era uno de los hechiceros llamados tlatlacatecolo, literalmente “hombres búhos”, lo cual indica que sólo aparecía de noche.
Antes del apogeo de las grandes civilizaciones prehispánicas como la Azteca o la Maya, los indígenas Yakis, Tarahumaras y Seris que vivían al norte de México y el sur de los Estados Unidos (cerca del 900 d.C.) tenían nahuales. Estas civilizaciones se hallaban asentadas en parte de lo que hoy son los estados americanos de California, Nuevo México y Texas, y los estados mexicanos de Chihuahua, Baja California, Sonora y Sinaloa. Ellos creían que si un hombre puede llegar a conocer su espíritu primitivo o nahual, entonces lo podía usar para curar a la gente y practicar la magia. Muchos dibujos primitivos en viejas cuevas muestran a personas como hombres-lobo.
En el Imperio Azteca los nahuales eran protegidos por Tezcatlipoca, el dios azteca de la guerra y el sacrificio. La leyenda contaba que un nahual podía desprenderse de su piel y transformarse en una de estas criaturas. Muchos cazadores aztecas y colonizadores decían que durante la noche habían matado a un animal y al amanecer el cadáver se había transformado en el de un hombre.
La Metamorfosis
El nahual deja su forma humana por un tiempo determinado, para adquirir la de un animal elegido. Existen varias versiones de cómo se logra esta metamorfosis:
- Una asegura que el brujo simplemente desaparece y se encarna en el animal, a voluntad. El chamán afirma ser capaz de incorporar su conciencia al cuerpo de un animal ya existente. Sea de una forma u otra, hay una afinidad psíquica, una especie de parentela del alma entre el chamán y el animal en el que se transforma.
- Otra dice que se “fragmenta”, para lo cual se desprende, de modo deliberado, de parte de su cuerpo (los ojos, las piernas, un brazo o, incluso, los intestinos), de este modo si se quiere acabar con un Nahual el mejor método es seguirle y observar donde realiza su transformación, robarle la parte del cuerpo de la que se desprendió ya que de este modo le será imposible volver a su forma origianl y al amanecer morirá.
- Otra más afirma que el cuerpo dormido del brujo permanece en su casa, mientras su espíritu vaga en la figura de animal. En este caso, para evitar que alguien toque su cuerpo dormido, el nagual debe dar siete volteretas.
¿Ser Maligno?
EL Nahual sólo puede transformarse durante la noche y ataca a nuestros hijos con hechizos infernales, dicen las personas desde la época de la Colonia (1500-1800 d.C.) hasta el día de hoy. La Santa Inquisición (el tribunal católico castigaba judíos, brujas, y quien no fuera católico) persiguió a los nahuales durante mucho tiempo. Pero la gente creía en su poder y a veces los protegían, especialmente en las comunidades indígenas.
En la región de los Tuxtlas, la creencia en los nahuales está muy arraigada. Se asegura que hay personas que pueden transformarse en aves y que tienen el poder de volar. Salen en días de luna llena y se metamorfosean en tecolotes, tapacaminos y guajolotes (nombre que se le aplica a diversas aves locales). Si alguien observa que un ave se posa en su casa varios días consecutivos, puede inferir que no se trata de un ave común y corriente, sino de un nahual que busca un mal para uno de los habitantes de esa casa.
Un nahual puede tener varios espíritus que lo protejan, a la manera de los indios norteamericanos. Básicamente todos los ritos de las civilizaciones americanas se parecen.
La leyenda de los Nahuales tiene partes oscuras, perdidas en el pasado, en la mágica cosmología mexicana y difiere muchisimo dependiendo de las fuentes pues se basan en leyendas locales que se adecuan a la región donde se cuente. 
En lo que respecta a su relación con la sobrenaturaleza, hay que destacar que los animales eran seres muy cercanos a los dioses. Numerosas eran las deidades que se vinculaban de alguna u otra forma con los animales, ya fuera porque el dios era un animal (como Xólotl, el dios perro), por su nombre (como Quetzalcóatl- serpiente emplumada- o Huitzilopochtli -colibrí de la izquierda-), por sus atavíos zoomorfos o porque se creía que el numen tenía la capacidad de manifestarse como un animal. Además de ser muy próximos a las deidades del panteón mesoamericano, muchos animales tiene un papel preponderante en los mitos, tanto en los de creación del mundo, como los que explican la llegada de algún elemento a la vida humana, como el fuego. 

lunes, 28 de mayo de 2012

LOS BERSERKER

Con el tiempo, los berserker acabarían convirtiéndose en guerreros feroces ansiosos de sangre capaces de llevar a cabo todo tipo de crímenes y desmanes, pero en un principio fueron castas de guerreros magos consagrados a Odín, cuyo nombre procede de un vocablo, ódr, que viene a significar furia, éxtasis, sabiduría mágica e inspirada.
Los rasgos chamánicos de Odín son muy intensos. Entre sus poderes se haya el cambiar de forma y viajar por todos los mundos. Sus compañeros, o quizá deberíamos decir sus espíritus ayudantes, son dos cuervos y dos lobos, Gere y Freke, literalmente “glotón” y “voraz”. En el mito odínico, se mezclan la guerra, la caza y el poder chamánico, sobre todo en la figura de la “Cacería salvaje”, una imagen nórdica de la tormenta como una tremenda y estruendosa partida de caza contra las fuerzas del mal encabezada por Odín, montado sobre Sleipnir, su caballo de ocho patas, y seguido por las doncellas guerreras, las valkyrjur; los muertos caídos en combate, los einherjar; y una multitud de lobos y seres sobrenaturales.
Todavía en una fecha tan tardía como 1691, en la Europa del nordeste quedaban restos de los antiguos cultos y creencias en hombres-lobo asociados a los poderes odínicos de la luz. Se detectan incluso sociedades secretas de hombres-lobo dedicados a combatir brujas y demonios. Así se desprende de las declaraciones del anciano Thiess, un hombre-lobo lituano, efectuadas durante el juicio celebrado contra él en Jürgensburg en 1691. Thiess confesó que él y sus compañeros, se transformaban en lobos tres noches al año para combatir al diablo hasta “el fin del mar”, es decir, el infierno. Según él, su nariz rota se debía a un golpe recibido en un combate que, en una de esas ocasiones en las que perseguían a los agentes del infierno, había tenido con cierto mago negro llamado Skeistan.
Según el anciano, cuando los hombres-lobo mueren van al cielo, y si no fuera por su intervención, el diablo asolaría la tierra, ganados y cosechas, explicó Thiess, quien afirmaba que tanto los hombres lituanos como los alemanes y rusos odiaban al diablo y se consideraban los “perros de Dios”. Su convencimiento de que el oficio de su sociedad era completamente benéfico para la humanidad era tal que cuando los inquisidores intentaron convencerles de que todos los hombres-lobo habían hecho un pacto con el diablo, el anciano les contradijo enérgicamente y llegó a afirmar que sus acciones eran de mayor provecho que las del sacerdote.
Testimonio parecido dio un joven en Riga, quien afirmaba que en su condición de lobo había combatido contra brujas. Algunas personas sabían cuál era su condición. En una fiesta, el joven se desmayó. Al día siguiente, a quienes le habían reconocido como hombre-lobo, les relató que había caído en trance y estuvo combatiendo durante el mismo con una bruja presente en la celebración.
LA LEYENDA DE LOS BERSERKER

 

El anciano de Thiess

Un caso real; acusado de actos dañinos y licantropía, un campesino reveló el propósito secreto de los hombres lobo.
Los juicios a brujas son cosa común, no se requiere demasiado esfuerzo para encontrar la transcripción de alguno en las páginas de los libros consagrados al tema. Sin embargo un juicio a un hombre lobo es un hallazgo raro.
Claude Lecouteux (filólogo, medievalista y autor) en sus pesquisas dio con semejante manuscrito. Lo consigna en el libro Hadas, brujas y hombres lobo en la Edad Media: Historia del doble.
El caso, que es del todo verídico, sucedió en 1691 en lo que es la actual Letonia.


Al parecer el tabernero de cierto pueblo, quizá por motivos personales, resolvió acusar de licantropía a un tal Thiess.
El anciano campesino fue llamado a Corte para ser juzgado bajo el cargo de “Licantropía y otros actos dañinos”.

El hombre lobo

Ante la pregunta del Honorable Beng Johan Ackerstaff, juez del caso, Thiess reconoció que en efecto era un hombre lobo, aunque añadió como atenuante que hacía ya diez años que no llevaba a cabo una transformación.
El juez, al parecer tan intrigado como sorprendido, inició un cuestionamiento que si bien atañía al caso concreto de robo y asesinato de animales de granja, buscaba en primera instancia desentrañar todos los detalles sobre la licantropía sufrida por Thiess.

De forma cándida el campesino respondió a todas las preguntas esforzándose por hacer que Honorable juez entendiera que los hombres lobo no eran personas malas sino todo lo contrario.

La bebida de los lobos

El don, explicó, se adquiría cuando otro hombre lobo brindaba a la salud de uno y soplaba tres veces sobre la jarra diciendo “Que lo que me ha pasado a mi te pase a ti”, si uno bebía entonces de aquella jarra adquiría la capacidad de transformarse y a la vez liberaba del don a su antecesor.
La liberación, dio a entender Thiess, era en efecto muy deseada porque los hombres lobo debían cumplir con una labor terrible. De ellos dependía la fertilidad de los campos y para conseguirla les era necesario viajar al mismo Infierno.

Los hombres lobo y el Infierno

Cuando el Honorable juez preguntó dónde estaba el Infierno el campesino respondió con precisión: “…el Infierno está del otro lado del lago llamado Puer Esser, en el pantano bajo Limburg, aproximadamente a media milla de Kilingenberg, en el dominio de un caballero que sirve como sustituto del presidente.”
La única forma de acceder a él era transformándose en lobos, lo cual lograban al colocarse encima la piel de dicha fiera.
Entonces podían correr a gran velocidad, y si bien era cierto que de vez en cuando robaban algún animal o niño para comer, el acto se justificaba tanto por la nobleza de su causa como por los enormes trayectos que imponía cruzar.
Ir al Infierno no sólo era agotador sino terriblemente peligroso. El diablo detestaba a los hombres lobo y tenía guardias y perros que de alcanzarlos les provocaban heridas graves.

La buena cosecha y el hombre lobo

Con todo el riesgo era inevitable. El diablo, explicó Thiess, tenía hechiceros que trabajaban para él. Aquellos hechiceros año tras año robaban los granos de la cosecha y se llevaban consigo la fertilidad de la tierra.
Los hombres lobo se veían obligados a reunirse al menos tres veces al año para emprender la hazaña; en la noche de Pentecostés, en la de San Juan y en la de Santa Lucía.
Todo lo que hacen los hombres lobo es por el bien del hombre…los hombres lobo rusos vinieron antes (al Infierno) el año pasado y se llevaron la fertilidad a su país. Por eso ellos tuvieron buena cosecha y en el país no.”
Cuando el juez, cada vez más intrigado, quiso saber si había mujeres en las manadas, Thiess respondió que sí. Las muchachas sin embargo no eran aceptadas porque corrían el riesgo de convertirse en dracs (gente pequeña que vive bajo la tierra en los países eslavos).

El pecado de la transformación

¿Qué pasa con los hombres lobo cuando mueren?”, quiso saber el Honorable juez, “Son enterrados como cualquier otro hombre y sus almas van al cielo. El diablo se queda con las almas de los hechiceros.”, respondió Thiess.
Pero para el juez aquella afirmación resultó una evidente falacia dado que Thiess no acudía a la iglesia ni había tomado la comunión.
¿Por qué no habría Dios de aceptar mi alma si no voy a la iglesia y no tomo la comunión? En mi juventud nadie me enseñó nada de esto. Yo no hago daño a nadie.”, respondió el campesino.
El juez le explicó que el transformar en lobo su cuerpo, hecho a imagen y semejanza de Dios, era pecaminoso, tanto como el no haber sido bautizado, el no ir a misa y el no tomar la comunión.
Ante semejante argumento Thiess finalmente se sintió intimidado, “Parece que ahora que soy viejo tengo que aprender.”, declaró aceptando la lógica cristiana que se le imponía.

Heredar la licantropía

Como usted es viejo y sin medios debe pensar en la muerte todos los días: ¿quiere morir siendo un hombre lobo?”, preguntó el Honorable juez. “No, antes de mi muerte pasaré el hechizo a alguien más, si puedo.”, respondió el campesino y añadió que había varias personas que ya le habían solicitado su don, pero se negó a dar nombres.
Cerca de acabar el juicio, el juez, aún sediento de información, volvió sobre el tema anterior y preguntó qué era lo que se hacía una vez recuperadas las semillas y frutos robados al diablo.

La bendición de la fertilidad

Lo lanzábamos al aire y la bendición (suerte, fertilidad) volvía a la tierra igualmente para los ricos y para los pobres.”, respondió el campesino.
La transcripción del juicio llega aquí a su final, sólo se añade lo siguiente: “Acerca de esto se le explicaron algunas cosas y fue persuadido (Thiess) de que todo eran ilusiones y trucos diabólicos.”
El campesino fue corregido con una severa instrucción religiosa y sin ningún castigo físico. Podría pensarse que, cuando menos en términos legales, ser un hombre lobo era menos riesgoso que ser una bruja.