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lunes, 15 de octubre de 2012

Los atlantes

El hombre  había aparecido ya sobre el planeta (según atestiguan los restos encontrados en la Indía (1.000.000 de años)
Durante esta etapa otros homínidos como el homo antecesor de atapuerca, ¿había salido de África? y en su cueva en España, el llamado “abuelo de atapuerca” con sus 45 años, caminaba apoyadado en su bastón.
Los últimos descubrimientos de Atapuerca sobre el Homo Heidelbergensis, de 500 a 600 mil años los ubica a unos 200 mil años más de lo que demuestran los estudios genéticos previos de los Neandertals.
Los Neandertales desarrollaban su cultura y conquistaban Europa y Eurasia. Aparte de los Neandertales la historia oficial va reconociendo, que existían más especies humanas sobre el planeta: Los denisovanos de Siberia hace unos 800.000 años, su rama común se habría separado de la que dio origen a nuestra especie., o los Homo floresiensis’ de Indonesia se sitúa el origen del Homo floresiensis en una rama de Homo habilis, el cual vivió hace unos 2 millones de años, o entre el Homo rudolfensis (1’86 millones de años) y el Homo habilis. Eso añade controversia científica ya que sería la primera vez que se halla un homínido de tal antigüedad y pervivencia fuera de África. Lo cual añadiría cambios que obligarían a rehacer el paradigma clásico de la ¿evolución humana?
Cada vez resulta más evidente que no existió la evolución y que diferentes homicidios poblaron todo el planeta, con orígenes diferentes.
Ante esta tesitura sólo resta pues la explicación creacionista por parte de una raza superior.
Humanos de origen terrestre, Los atlantes, alcanzaban el máximo explendor de su civilización, segúnHelena Petrovna Blavatsky.
Las dataciones para la Atlántida son tan variadas, como su ubicación. Algunas leyendas La situan en épocas mucho más tardias (en torno al 18.000 y su caída en la época de los atenienses).
Algunas leyendas dicen que eran humanos, muy altos, de más de tres o cuatro metros. Otras, sin embargo dicen que fué una de las razas terrestres que poblaron la Tierra.



 


La teoria del simio acuatico

La hipótesis del simio acuático (AAH por sus siglas en inglés), o teoría del simio acuático como es frecuentemente llamada, es una hipótesis que trata de indicar y mantener que los antecesores inmediatos de los humanos y otros homínidos vivieron por un tiempo significativo en un ambiente semi-acuático sobre la costa africana. (Entendiendo por semiacuático alternancia de periodos en tierra y periodos en el agua para huir de depredadores o buscar crustáceos). Indicando que este hipotético hecho habría influido en su evolución, debido a que en este ambiente habrían tenido que obtener la mayoría de sus alimentos de la zona costera y lagunas poco profundas tierra adentro, antes de que sus descendientes homínidos regresaran a una existencia más puramente terrestre.
Esta es una posición que actualmente no es sostenida por la biología, ni la antropología (disciplina especializada en el tema); y más bien permanece viva principalmente en la literatura comercial y no científica.


Cuando se formuló la hipótesis del simio acuático, el punto de vista convencional y el mayoritario de la evolución humana, era que los primeros homínidos evolucionaron en las sabanas africanas (Esta teoría de las sabanas africanas posteriormente evolucionaría en una teoría científica que actualmente postula que los homínidos evolucionaron en la selva o en un ambiente semiselvático, presentando un origen terrestre sin influencias semi-acuáticas en su evolución).
Max Westenhofer en el año 1942, en el The Road to Man (Der Eigenweg des Menschen) sería quién originalmente sugirió la hipótesis del simio acuático. Sin embargo esta fue dada más a conocer en 1960, por el biólogo marino Sir Alister Hardy (1896-1985), cuando aún no existía toda la información recopilada actualmente sobre la evolución humana; la cual llevaría a postular su origen selvático.
Posteriormente, la escritora feminista Elaine Morgan reviviría la hipótesis de una forma considerada actualmente pseudocientífica; al desarrollar y promocionar la AAH en su primer libro sobre el tema, The Descent of Woman (La Descendencia de la Mujer), en 1972. Posteriormente escribiría otros libros que seguirían esta temática: The Aquatic Ape (El Simio Acuático) en 1982, The Scars of Evolution (Las Cicatrices de la Evolución) en 1990, y The Aquatic Ape Hypothesis (La Hipótesis del Simio Acuático) en 1997.

Si la terotia es falsa por que tantos encuentros en los mares?


 
  Cuando escuchamos o leemos la palabra sirena en seguida nos viene a la mente la figura de la mujer-pez. ¿Y si el de las sirenas fuese distinto al que conocemos? ¿Estamos seguros de que conocemos bien la antigüedad? Es necesario revisar el pasado de la especie humana y darnos cuenta que todavía hay mucho que no conocemos. Adentrémonos entonces en el mundo desconocido de las Sirenas.

Mujeres-ave

Cuando creemos que algo ya lo sabemos no nos molestamos en averiguar si es cierto. En este caso si nos dirigimos al diccionario de la Real de la Lengua Española nos sorprenderá la definición de sirena que nos hace: “Cualquiera de las ninfas marinas con busto de y cuerpo de ave, que extraviaban a los navegantes atrayéndolos con la dulzura de su canto.” Como podemos comprobar, en el arte griego las sirenas aparecen representadas ya desde la época arcaica como mujeres-ave, bien aisladas, bien en la escena junto a la nave de Ulises. Existían mujeres-pez dentro de la mitología griega pero eran otro de ninfas marinas como el caso de las Ondinas e incluso las Nereidas en la cultura grecolatina.

La Odisea

Homero es el primero que nos menciona a las Sirenas en su famoso libro La Odisea que recopila una serie de cantos que se trasmitían de forma oral. En el canto XII, la hechicera Circe le dice a Ulises: “Ya estáis, pues, al final del primer . Ahora, escucha lo que voy a decirte, que algún día te lo hará recordar un dios. Tendréis que pasar primero cerca de las Sirenas, que encantan a cuantos hombres se les acercan. ¡Loco será quien se detenga a escuchar sus cánticos, pues nunca festejaran su mujer y sus hijos su regreso al hogar! Las Sirenas le encantaran con sus frescas voces. La pradera en donde habitan tiene a su alrededor una orilla blanqueada por los huesos de los hombres cuyas carnes se perdieron... ¡Pasa sin detenerte después de taponar con blanda cera las orejas de tus compañeros! ¡Que ni uno solo las oiga! ¡Tu solo en la nave puedes oírlas si quieres, pero con los pies y las manos atados y en pie sobre la carlinga, hazte amarrar al mástil para saborear el placer de oír su canción! ¡Y ordena a tus compañeros que si les suplicas o les ordenas que te suelten, den una vuelta mas a la cuerda! (...)”

Origenes
Aunque en La Odisea de Homero no encontramos ninguna descripción de cómo son las sirenas físicamente, una de las versiones del mito nos cuenta que las Sirenas eran tres hermosas ninfas (en algunas versiones hasta cuatro), de voz melodiosa y destreza incomparable para tañer la lira y cantar. Se llamaban Licosia, Ligea y Parténope y eran hijas del río Toas o Aqueloo y de la Ninfa –aunque muchas veces se nos ha dicho que era una Musa- Caliope. Vivian en un promontorio llamado Sirenusa, entre las costas de la isla de Capri y la península italiana.

Para el poeta Ovidio, las sirenas no siempre tuvieron esa forma, sino que en un principio eran mujeres muy hermosas compañeras de Persefone (diosa del mundo subterráneo y compañera de Hades). En distintas versiones del mito se nos dice que fueron castigadas por Demeter entre otros muchos dioses a causa de su pasividad ante el secuestro de una de ellas por Hades. Castigo o ayuda para poder recuperar a la sirena secuestrada, lo único que sabemos es que desde ese momento se convirtieron en un híbrido con busto de mujer y cuerpo de ave.

Otros relatos



La verdad es que varios héroes pasaron por su isla. En el caso de los Argonautas, se cuenta que pasaron muy cerca de la isla de las sirenas, pero que Orfeo que acompañaba a Jasón en su búsqueda del Vellocino de Oro, logra resistir gracias a que tenía fama de cantar maravillosamente hizo uso de su talento con tanta armonía y tan melodiosamente, que no las escucharon por lo que se salvaron de su terrible destino. Butes (uno de los argonautas) no pudo soportar la tentación y se lanzo al mar, pero Afrodita lo rescato. Posteriormente, como hemos visto anteriormente, Ulises consiguió pasar cerca de las sirenas sin caer en su influjo gracias a que estaba atado al mástil del barco, al menos eso nos cuenta el relato.


Su canto

En La Odisea se nos dice que lo que cautiva de las sirenas es el canto en si, pero fijémonos también en lo que le dicen a Ulises y veremos que hay muchos más que un cántico melodioso: “¡Ven aquí, acércate a nosotros, Ulises tan elogiado, honor y gloria de la Acaya!... Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces. Jamás un negro navío doblo nuestro cabo sin oír las dulces melodías que salen de nuestros labios. Después de deleitarse con ellas, quienes las escucharon se van alegres conociendo muchas cosas que ignoraban, pues nosotras sabemos todas las penalidades que los dioses infligieron en la guerra de Troya a los argivos y a los troyanos y estamos enteradas de cuanto ocurre sobre la Tierra.”

Cuenta la leyenda que si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por ellas, una de las sirenas debería morir. En el caso de Ulises le toco a Parténope y una vez muerta las olas la lanzaron hasta la playa y allí fue enterrada donde se instalo posteriormente un templo que se transformo con el tiempo en la actual ciudad de Nápoles. Lo que hacían las sirenas con su canto en realidad, eran decirles a los navegantes aquello que precisamente querían escuchar y mas a marineros que llevaban mucho tiempo navegando a veces casi sin rumbo fijo. Las sirenas les ofrecía ese cobijo que estos solitarios marineros necesitan siendo la mejor manera de atraerlos y devorarlos supuestamente, ya que en La Odisea no nos especifica que hacían las sirenas con los náufragos.

Su silencio

En la versión clásica de Ulises hay algo que no nos cuadra. Si las sirenas tenían tanto poder y su cántico podía traspasar cualquier cosa, unos tapones de cera y estar atado férreamente a un mástil no parecen suficientes medidas para vencer a las Sirenas. En sus “Obras completas” de la editorial Teorema, Franz Kafka ofrece una peculiar versión de la aventura de Ulises con las sirenas. Según nos cuenta Kafka: “(...) En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que aquel enemigo solo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien solo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción y Ulises no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que solo el se hallaba a salvo (...)”

Esta versión de Kafka tiene varios defectos, da por hecho que Ulises tenia tapones de cera puestos y según nos cuenta la Odisea se ató al mástil precisamente para poder escuchar el canto de las sirenas. Esto no es óbice para preguntarnos como pudo Ulises resistir el canto o el silencio de las sirenas, un tema que hoy en día no podemos comprender del mito.

Transformación de mujeres-ave a mujeres-pez



Muchas veces nos preguntamos en que momento estas mujeres-ave pasaron a ser mujeres-pez, si fue un problema en la recopilación de los relatos mitológicos o fue una adaptación hecha a propósito. Lo único que sabemos es que en un momento dado la tradición nos cuenta que por culpa de su belleza, las Sirenas se atrevieron a competir con las Musas, y en la pelea, éstas las derrotaron y les arrancaron las plumas. Llenas de vergüenza por la derrota, se retiraron a las costas de Sicilia, donde cambiaron sus alas inservibles por una larga cola de pez. ¿Ésta es realmente la respuesta a este cambio? Hoy en día no podemos asegurarlo y habrá que seguir buceando en la versión mas antigua del mito par poder averiguar la verdadera razón de esta extraña transformación. Especulando un poco, a todos nos extraña que existan seres marinos con busto de mujer y cuerpo de ave, una especie muy extraña de aves acuáticas. Lo lógico en si es que los seres marinos tengan un cuerpo que les capacite para moverse por las aguas y es por eso que en un momento determinado del tiempo se produjese esta transformación en mujer-pez.


Posteriormente las sirenas pasaron a ser consideradas divinidades del mas allá, y se suponía que cantaban para los bienaventurados en las Islas Afortunadas. Fue así como pasaron a representar las armonías celestiales y es así como las dibujan en los ataúdes y sarcófagos. Hasta que llego la Edad Media y empezaron a ser consideradas como seres malignos, pero ya entonces se consideraba estas criaturas como mitad pez y cuyo propósito era molestar a los navegantes.


La realidad es que:

La sirena se junta en manada y viajan con ballenas y delfines siguiendo las rutas migratorias de estos, el canto de la sirena es el sonar con el que se guian en aguas abismales, y el cerebro debe ser mas desarrollado que el del hombre pese a las limitantes de facilidades como el ser humano. Pese a sus pobres armas fabricadas con huesos de pescados y tallados no se debe menospreciar su inteligencia, despues de todo han pasado siglos escondiendoce del hombre no?

 


Arte prehistórico presentado en "Animal Planet"  

No nos cabe duda que el poder secreto querra desmentir con informacion falsa la existencia de otros razas que existieron y fueron cazadas por el ser humano hasta el exterminio, a que le teme el ser humano? que no es el ptrimer y ultimo dueño de la tierra? teme a caso sus pesadillas un dia despierten y se vuelvan realidad?

La verdad siempre esta ahi....la verdad te hara libre.

La historia secreta del esta tierra apenas esta por ser contada....
   




R'lyeh y la Atlantida

R'lyeh (pronunciada Ru-li-eh o Rill-ieh) es una ciudad nombrada por H. P. Lovecraft, aparecida por primera vez en su relato "La llamada de Cthulhu". En los textos de Lovecraft, R'lyeh es una ciudad hundida en las profundidades del Océano Pacífico, donde reside el gran Cthulhu. R'lyeh se caracteriza por tener una arquitectura basada en una geometría no euclidiana.
Lovecraft la estableció en la latitud 47º 9' S, longitud 126º 43' O, pero nunca ha sido investigada con éxito. August Derleth usó las coordenadas de latitud 49º 51' S, longitud 128º 34' O. Estas coordenadas sitúan la ciudad a 9500 km de Pohnpei (Ponape), a 10 días de navegación en un barco rápido, una isla real de la zona, que consecuentemente juega una parte importante de los mitos de Cthulhu como el origen de la escritura de Ponape, un texto que describe a Cthulhu.
En el conjunto de relatos fantásticos conocidos como los mitos de Cthulhu, desarrollados principalmente en la literatura pulp estadounidense de los años 20 a 40, y cuyo principal precursor fue el propio Lovecraft, la frase litúrgica más utilizada por los adeptos de Cthulhu era "Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn", que significa "En su morada de R'lyeh,el muerto Cthulhu espera soñando"
Esta descripción está tomada de la descripción de la R'lyeh en La llamada de Cthulhu:
...llegaron a un litoral de lodo, fango y ciclópea mampostería que no podía ser otra cosa que la sustancia tangible del terror supremo de la tierra: la ciudad cadavérica y de pesadilla de R'lyeh, construida hacia incontables eones por repugnantes figuras que procedian de las estrellas sin luz. Allí yacían el Gran Cthulhu y sus hordas, ocultos bajo bóvedas cubiertas de fango verdoso; enviando de nuevo, tras incalculables ciclos temporales, aquellos pensamientos que extendían el miedo por los sueños de los más sensibles, a la vez que apremiaban a sus fieles a lanzarse en pos de un peregrinaje por su liberación y la restauración de su imperio en la tierra...

"Uno no podía estar seguro de que el mar y el suelo fueran horizontales, de modo que la posición relativa de todo el resto parecía variar fantásticamente. "


...aquel lugar onírico que vio era anormal, no euclidiana y asquerosamente impregnada de sensaciones de otras esferas y dimensiones distintas de la nuestra...

  

Pero esta ciudad no es la unica al paso de la historia otra ciudad o reno con otro nombre tiene similitudes increibles....

La búsqueda de la Atlántida ha constituido, y continúa siendo, un enorme desafío. Los supervivientes de este mítico continente han dejado huellas por todo el planeta. ¿Pero, qué sabemos con certeza sobre su historia y sociedad?. ¿Y sobre su arquitectura y ciencia?. ¿Es posible precisar dónde se encontraba, por qué desapareció y qué tipo de civilización poseía?
Cuando Platón describió la existencia de la Atlántida en sus diálogos Timeo y Critias, algunos autores clásicos, coetáneos de filósofo, comenzaron a interesarse por el mítico continente. Plutarco, Estrabón, Plinio el Viejo y Diodoro de Sicilia, entre otros, tratan este asunto en algunos de sus escritos. Desde entonces, se han planteado infinidad de hipótesis para demostrar la existencia de un continente, que con el paso del tiempo, ha llegado a convertirse en arquetipo de una civilización ideal. La Atlántida siempre resuena en nuestros oídos como un viaje épico hacia el descubrimiento de nuestros orígenes. Su nombre continúa estimulando nuestra imaginación.
La Atlántida está a nuestro alrededor, como ha sugerido el escritor inglés John Michell. No se trata de un mero recurso retórico. La presencia de numerosos restos arqueológicos y megalíticos ciclópeos en muchas zonas de la Tierra, levantados con orientaciones astronómicas muy precisas, supuestamente anteriores a la Edad de Piedra, sugieren que una civilización de grandes astrónomos e ingenieros precedió a la prehistoria humana.
 
¿Fueron erigidos por quienes sobrevivieron a un gran cataclismo o por sus descendientes? 

A diferencia de otras civilizaciones extinguidas bien documentadas, como la Maya, la Micénica o la Babilónica, sobre las que se ha podido reconstruir un lenguaje común, precisar lugares geográficos y trazar contactos específicos con culturas contemporáneas, en el caso de la Atlántida esto no ha sido posible. Así y todo, hay innumerables hebras deshilachadas que parecen proceder de una misma madeja, por muy enmarañada que esté.

¿Qué pensar, por ejemplo, de los mitos universales que preservaron el remoto conocimiento de la precesión de los equinoccios, un fenómeno astronómico supuestamente descubierto por Hiparco en el 127 a.C.?.
El hecho de que este ciclo se complete cada 26.000 años sugiere que los humanos habrían estado observando el cielo sistemáticamente durante milenios, según expusieron con todo detalle Giorgio de Santillana y Hertha Von Dechend. Los mapas preservados por marinos como Piri Reis (ver nuestra Sección "Los mapas de Piri Reis"), con la Antártica cartografiada sin hielo hace males de años, confirman también que un conocimiento semejante sólo podía haber sido acumulado por una civilización marítima anterior a los cambios de nivel sufridos por el mar a finales de la última edad glaciar, hace unos 11.500 años.
Muchos consideran que la Atlántida fue una fantasía elaborada por Platón, en sus diálogos Critias y Timeo, pero eso no ha impedido su búsqueda por parte de numerosos historiadores, eruditos, geólogos, submarinistas, paleontólogos y arqueólogos, sin olvidar a los visionarios ocultistas y dotados psíquicos.

La historia que estos últimos nos han contado es sin duda más fascinante que la ofrecida por arqueólogos y exploradores. Con fragmentos reunidos por unos y otros, la investigadora norteamericana Shirley Andrews, intentó esa reconstrucción en su obra "Atlantis, Insights from a Lost Civilization" (Llewellyn, 1997).
 
En esta visión, la Atlántida se despliega ante nuestros ojos como un mundo muy parecido al nuestro en algunos aspectos. 


Pese a sus errores, los psíquicos informan con frecuencia sobre sucesos a los que no tienen acceso los historiadores, ya que se apoyan en vías de información que no están limitadas por el tiempo ni por el espacio.
Por otra parte, el material Canalizado, encaja con algunas de las fuentes tradicionales relativas a la civilización Atlante. Aunque ellos lo nieguen.

¿Basaron sus relatos en las fuentes escritas conocidas? ¿Acaso se influyeron unos a otros a través de la percepción extrasensorial, como ha sugerido el investigador psíquico Alan Vaughan?

Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) sobre el mundo Atlante, supuestamente obtenidos a partir del estudio de las tradiciones ocultistas orientales y mediante comunicaciones con otros planos, influyeron poderosamente a toda la corte de videntes posteriores. Algunas de sus propuestas resultaban absurdas y descabelladas en su época, pero un siglo después han recobrado vigor. Por ejemplo, la de que seres inteligentes anteriores al hombre coexistieron con los dinosaurios parece cada vez más plausible a la vista de los inexplicables hallazgos de huellas y fósiles humanoides, correspondientes a aquella época, en diversas zonas del planeta.
 
Por ejemplo, el doctor C. N. Dougherty descubrió en 1971 en el Valle de los Gigantes (Texas) numerosas huellas de Saurios de diversas especies, junto a otras de pies humanos de gran tamaño, en el mismo estrato geológico. Éste y otros descubrimientos semejantes parecerían dar la razón a Blavatsky, a los Vedas y a otras muchas antiguas tradiciones.
El mapa de la antigüedad de la Tierra y el esquema de la evolución humana mediante diversas Razas Raíz, divididas en Subrazas, trazados por esta ocultista, resultan más que discutibles. Pero, a medida que van aflorando fósiles humanos, cada vez de mayor antigüedad, parecen ir confirmándose algunos de sus datos. Es preciso señalar, no obstante, que las Razas Raíces de Blavatsky, no se corresponden con nuestro concepto habitual de raza, ni siquiera con el de humanidad, ya que la primera sólo habría existido en el plano astral.
La segunda o hiperbórea, se acercaba más a los hombres actuales, pero estaba muy vinculada con el plano etéreo; y habitaba el norte de Asia y parte del Ártico. En tercer lugar estaban los habitantes de Lemuria, desaparecida en el Pacífico. La humanidad actual sería la quinta raza, mientras que la cuarta correspondería a los Atlantes: eran bastante altos, estaban divididos en dos sexos y su avanzada civilización habría dado origen a las conocidas por nosotros. Sin embargo, al igual que Lemuria, su sociedad fue destruida por diversos cataclismos.
 
Según los teósofos, las razas sexta y séptima que nos seguirán serán de nuevo más etéreas. 


¿Cómo obtuvo Blavatsky esta información? Según ella, lo hacía accediendo a los registros Akásicos, mientras entraba en trance y consultaba antiguos manuscritos tibetanos, o bien recibía los dictados de sus guías espirituales, los Mahatmas. En su obra fundamental, "La Doctrina Secreta", recogía extractos de uno de esos manuscritos, Las Estancias de Dzyan (Ed. Sirio), que Blavatsky afirmaba haber visto en un monasterio de los Himalayas. Un discípulo suyo, W. Scott Elliot, también recopiló mucha información por esa vía.
 
En su libro, "Historia de la Atlántida" (1896), ofrecía fechas concretas de los diversos cataclismos que la destruyeron y aseguraba que había ocupado la mayor parte del actual océano Atlántico. Su cronología geológica resultaba ser absolutamente inviable, pero algunas de sus propuestas merecen consideración.

Según él, la Atlántida se extendía desde la actual Groenlandia hasta la mitad de la actual Sudamérica y durante su larga existencia estuvo habitada por Subrazas (Así llamadas para distinguirlas de las siete razas raíces, a su vez divididas en siete). Los Lemurianos habrían medido más de 3,5 metros de estatura y algunos de sus descendientes pervivirían en algunas zonas del planeta, como Africa y Australia.
 
Según esta fuente, los Atlantes evolucionaron a partir de los Lemurianos. Entre sus Subrazas se contaban los primeros Sernitas y mongoles, pero la principal Subraza regente de la Atlántida habría sido la Tolteca, que conquistó el continente. Antes de la destrucción final, un grupo de iniciados Toltecas emigró a América y Egipto.

John A. West demostró que la erosión sufrida por la
Esfinge de Giza, no se debía al viento del desierto, sino a la acción de la lluvia. Tal hallazgo suponía datar la Esfinge en al menos 9.500 de antigüedad, en vez de 4.500 como se creía. Una obra de tal magnitud sólo pudo haberse construido con unos conocimientos arquitectónicos, astronómicos y matemáticos de una cultura muy anterior a la Egipcia. Algo semejante podría decirse de la arquitectura de Tiahuanaco, construida supuestamente por los toltecas que emigraron a América. Pero la cuestión de las razas Atlantes, propuestas por los Teósofos no termina aquí.

El ariosofista Jörg Lanz Von Liebenfels (1874-1954), uno de los que mayor influencia parece haber ejercido en la primitiva ideología del Nacional Socialismo Alemán, compartía las creencias de los Teósofos sobre Lemuria y la Atlántida, pero fue más allá que ellos en relación con las razas y Subrazas Atlantes.

Von Liebenfels comenzó comparando favorablemente la antropogénesis ocultista de Blavatsky, con los hallazgos de la paleontología contemporánea. No tardó en afirmar que había descubierto la fuente de todo el mal en el mundo y el significado auténtico de las Escrituras, incluidas las ocultistas, como Las Estancias de Dzyan. El resto vino por añadidura. Según él, la octava estancia se refería a cómo los primeros Lemurianos ANDRÓGINOS, se dividieron en dos sexos y atrajeron el castigo Divino al engendrar monstruos con otras especies, atractivas pero inferiores: Tomaron animales hembras muy bellos, pero descendientes de otros que no tenían ni alma ni inteligencia.

Engendraron monstruos, demonios malvados. Según Von Liebenfels, la cuarta raza raíz Atlante, se había dividido en diversas subespecies puras y bestiales, correspondiéndose éstas con los primeros antropoides y los monos antropomórficos: El error fatal de los descendientes de los antropoides (Hombres Dioses), la quinta raza raíz de los Arios Homosapiens, habría sido mezclarse repetidamente con los descendientes de los monos (Hombres Animales).

En relación con esto último, el investigador Nicholas Goodrick Clarke, señala en "Las raíces ocultas del Nazismo" que la consecuencia fue la creación de varias razas mixtas, que según el protonazi Liebenfels, amenazaban la autoridad sagrada de los Arios, en todo el mundo. Las raíces de la eugenesia Nazi, se encuentran aquí, e ideas similares han persistido entre aquellos visionarios de la Atlántida, que se han atrevido a hablar de sexo.

La canalizadora Ingrid Bennett, lo ha hecho. Gracias a la ayuda de sus guías y ayudantes espirituales, entre ellos Nube Blanca y Águila Blanca, esta Sanadora y Médium Holandesa, afincada en Nueva Zelanda, desde niña ha canalizado muchísima información sobre su pasada vida en la Atlántida como Guardiana del Cristal. En sus informes ofrece datos sobre la vida íntima de los Atlantes: Las relaciones sexuales eran muy activas y los mantenían sanos. El sexo era tan importante, como el comer y el dormir. Algunos tenían relaciones con animales o con seres mitad humanos mitad animales, como los centauros.

La perversión de las costumbres en la última etapa Atlante, no se limitó sólo a la práctica del bestialismo, sino también a la de la magia. Ésta terminó por minar su sociedad, según asegura, entre otros muchos, Daphine Vigers en "Atlantis Rising" (1952): hace unos 10.000 años, los egoístas dirigentes de la Atlántida perdieron interés en el progreso científico y su respeto por el antiguo conocimiento desapareció. A medida que éstos dedicaban sus energías a peligrosas prácticas ocultas, la magia negra reemplazó gradualmente a la Religión.

Diversos autores han afirmado que la causa del desastre final, se debió precisamente a la práctica de la magia, pero otros lo han atribuido a su avanzada tecnología, la cual les habría permitido manejar poderosas energías cosmotelúricas, que acabaron escapando a su control y provocaron un gran desequilibrio en la Naturaleza.

Según Scott Elliot, la tercera raza Atlante, los Toltecas, eran gigantes. Medían 2,5 metros y vivían en la fabulosa Ciudad de las Puertas Doradas, una gran urbe circular con canales, la misma que el sacerdote Egipcio Solón, describió a Platón. Era muy similar a la Khorsabad amurallada del Rey Sargón II, en Sumeria, que estaba enterrada bajo las arenas en tiempos del filósofo griego. También se parecía a la capital de los Aztecas en México y a la de los Incas en Perú, que Platón desconocía.
 
Era, según la descripción de este último, una ciudad circular con palacios, puertos y dársenas.

Los recintos de tierra estaban amurallados y recubiertos de metales: el primero de bronce a modo de barniz, el segundo de estaño y la acrópolis de Oricalco, un metal hoy desconocido que relumbraba como el fuego.
Esta ciudad tenía también numerosos templos dedicados a diversas deidades, muchos jardines, piscinas al aire libre, gimnasios, cuarteles y un hipódromo gigantesco cuyo circuito, de un estadio de largo, discurría en círculos concéntricos. La parte de la Atlántida que daba al mar se describe como llena de acantilados, pero en la ciudad central había una campiña rodeada de montañas.
Este edificio ha sido descrito con bastante detalle por el visionario F. S. Oliver, en su obra "Caminante entre dos mundos" (1952): tenía forma piramidal y en su interior había grandes cristales colgando del techo que creaban un efecto de luz especial. Una plataforma elevada de granito rojo ocupaba el centro del templo y poseía un gran bloque de cuarzo cuyos destellos no dañaban la vista, pero producían un fuego útil para las cremaciones y sacrificios.

Excepto por la citada ciudad, los Atlantes no solían construir grandes urbes debido a su impacto medioambiental. Según expone Murry Hope en su obra "Practical Atlantean Magic" (1991), sus comunidades eran pequeñas y las casas construidas hace unos 12.000 años eran circulares. El psíquico Dale Walker, por su parte, indica que construyeron grandes torres como faros cerca del mar... Templos de gran belleza llenaban la Tierra. En ellos, la combinación de luz, color, sonido, magnetismo y energías de pensamiento se canalizaban mediante cristales para hacer maravillas en el campo de la Sanación. Este no es el único dato que aporta Walker sobre la forma en que los Atlantes ejercían la medicina.

Sus informes van mucho más allá: cuando era preciso, los sacerdotes Sanadores conectaban con las mentes de los pacientes para conseguir que las células del cuerpo se separaran, dejando al descubierto el órgano enfermo. Las células a su alrededor se soltaban y forzaban al órgano hacia la superficie del cuerpo, donde el Sanador lo tomaba y lo introducía en una cámara de rejuvenecimiento. Las células rejuvenecían solas... No había dolor ni sangre ni traumas. Esta información no es la única capaz de despertar escepticismo respecto a lo que nos cuentan sobre la civilización Atlante.
 
Sin embargo, existen otras aportaciones mucho más interesantes, como la de Cayce, el vidente que nos ha dejado el mayor legado psíquico sobre la Atlántida



Edgar Cayce no sólo propuso una interesante cronología en relación con los cataclismos Atlantes, mucho más cercana a la posible realidad que la de Scott Elbot, sino que informó ampliamente sobre el avance técnico de nuestros ancestros. Nos habló, por ejemplo, del poder de los cristales y de rayos super cósmicos. ¿Tecnología avanzada como la nuestra?

Si las catástrofes geológicas a las que se refería Cayce, ya suponían un gran desafío para las nociones científicas de su época, mucho más lo era describir las fuentes energéticas que activaban los barcos, submarinos y aviones de la civilización Atlante. Sin embargo, no pareció equivocarse demasiado. Los hombres con características anatómicas modernas ya estaban dispersos por el planeta hace unos 50.000 años, fecha próxima a la que indicó Cayce para la primera destrucción de la Atlántida.
Las demás, en las que Cayce sitúa los cataclismos posteriores, concuerdan con las de los geólogos sobre las inversiones de los polos magnéticos, cambios climáticos, terremotos, períodos de actividad volcánica y extinciones, de forma que sus visiones que anticiparon muchos de éstos y de otros descubrimientos científicos, no parecen puramente imaginarias. Sus relatos sobre la utilización de alta tecnología, especialmente referida a cristales, resultaban hace tiempo más difíciles de aceptar, sobre todo cuando se refiere a ellos como acumuladores de información y energía para su uso posterior, pero hoy ya no resultan tan absurdos.
En la misma línea de Cayce, el psíquico Dale Walker, ha indicado que los cristales se utilizaban para convertir la energía solar en electricidad... Su increíble poder y esplendor fue posible gracias a la ciencia de los cristales. El descubrimiento del uso de los cristales para controlar la increíble reacción energética entre materia y antimateria, dio lugar a los vuelos espaciales.

Más detallado aún es el relato ofrecido por el psíquico Michael Gary Smith, según el cual éstos disponían de pantallas mágicas, en las que podían ver cuanto sucedía en cualquier punto de la Tierra. Asimismo poseían bolas de luz que se encendían y apagaban con un simple movimiento de la mano. Otro de los maravillosos inventos de esta civilización era un carro sin caballos que lanzaba un rayo de fuego, blanco por delante y rojo por detrás. Esta civilización creció hasta tal punto que disponían de barcos para llegar a casi cualquier punto de la tierra. Tampoco hay que olvidar los mágicos pájaros de plata donde la gente viajaba a través del cielo, a velocidades altísimas. Y más aún, existen indicios de que en la Atlántida había naves espaciales capaces de abandonar la atmósfera terrestre y llegar a la Luna y a otros planetas. Otro campo de la ciencia de la antigua Atlántida, era la posibilidad de crear seres humanos iguales a nosotros y el uso de máquinas mentales subatómicas.

Una tecnología tan puntera tenía que ir inevitablemente acompañada de una medicina muy avanzada. Según él, tenían un pequeño instrumento que cabía en la palma de la mano del paciente y consistía en un cristal con una capucha de cobre en cada extremo: El médico podía leer el color del aura o del campo biomagnético del paciente mediante este cristal y diagnosticar la dolencia, explica Smith.

 


En este sentido, los informes de J. Z. Knight, convertida en canal del espíritu Atlante Ramtha, son muy elocuentes:
Los Atlantes sabían como transformar la luz en energía pura mediante láser. Incluso tenían naves espaciales que funcionaban con luz, una ciencia que obtuvieron gracias a la intercomunicación con entidades de otros sistemas estelares... En sus experimentos con la luz, perforaron la capa de nubes que entonces rodeaba a vuestro planeta, como la que hoy circunda a Venus. Al perforarla, se produjeron grandes diluvios, quedando Lemuria y el norte de la Atlántida bajo un gran océano de hielo.
Nuestros científicos trabajan hoy con energía nuclear, con partículas subatómicas y rayos láser. Hemos desarrollado máquinas a imagen de nuestro cerebro, desvelado los secretos de la genética y viajado a otros planetas... pero estamos destruyendo nuestro hábitat natural. Quizá la intención, inconsciente o no, de quienes nos hablan sobre la Atlántida y las causas que provocaron su destrucción, sea la de avisarnos del peligro de que a nuestra civilización le suceda lo mismo, por efecto del uso de la Ciencia sin el sentimiento del AMOR

 




La diosa que vino del mar

Mazu es la diosa del mar, patrona de los pescadores y marineros de las costas de sureste de China.Se conoce con otros nombres como Tianshang Shengmu (la Señora del Cielo), Tianhou (Emperatriz del Cielo), Tianfei (Concubina del Cielo), Meizhou Niangma (Madre de Meizhou), entre otros nombres.
Tiene a su lado dos dioses de guardia, Qianli Yan (Ojo con vista de mil millas) y Shunfeng Er (Oreja que oye con el viento voces a lo lejos), los cuales la ayudan a vigilar la vida humana.
Mazu, patrona de los marineros y pescadores
Investigaciones indican que la creencia en la diosa Mazu viene de una brujería popular en las regiones de Fujian y Zhejiang. Durante su desarrollo, la religión asimiló otros dioses como Qiangli Yan y Shunfeng Er. La integración de elementos del Confucianismo, el Budismo y el Taoísmo contribuyó a la ampliación de influencia de Mazu, que sobresalió de los numerosos dioses del mar y llegó a ser la representante de los dioses marinos en la cultura china.
Según leyendas, Mazu se llamaba Lin Muoniang cuando era humana. Nació en la isla Meizhou de la provincia de Fujian en la Dinastía Song del Norte (960-1127). Como no lloró al nacer, sus padres le dieron el nombre de Muoniang, cuya traducción literal es "niña silenciosa".
Los fieles encieden inciensos para rendir culto a Mazu en el Templo de la Emperatriz del Cielo de Nansha, en Cantón
Fue endiosada y nombrada Mazu en la dinastía Song del Norte, periodo en que aparecieron muchos templos en su honor. El emperador Gaozong de la dinastía Song le concedió el título de Dama Huiling. De ahí se convirtió en una diosa reconocida por el gobierno. Después la creencia en Mazu se extendió de Fujian a otras provincias costeras como Zhejiang y Cantón. Luego llegó a la isla de Taiwán y Japón, así como países de sureste de Asia (Tailandia, Malasia, Singapur y Vienam, entre otros). Hoy en otras ciudades costeras como Tianjin, Shanghai, Nanjing, así como ciudades de las provincias de Shandong y Liaoning también se encuentran templos de Mazu o Templos de Tianhou (Emperatriz del Cielo).
Con las aventuras oceánicas del gran navegante chino Zheng He durante el periodo Yongle de la dinastía Ming, la creencia en Mazu acogió su auge de popularización foranea. Las posteriores migraciones de chinos al extranjero permitían que la creencia llegara a lugares aún más lejos. Hoy en Nagasaki y Yokohama de Japón, Kuala Lumpur de Malasia, Filipinas, e incluso en Europa y América es posible encontrar templos en honor a Mazu.
En octubre de 2009, el culto a Mazu fue incluido en la lista de patrimonio inmaterial de la humanidad de la UNESCO.

y dicern los mitos del mar son falsos no?
 
 

Los secretos de los mares

LOS fenómenos que se desarrollan en el océano, tanto los de origen físico-químico como biológico, siempre han estimulado la imaginación de los hombres, y en todas las latitudes y épocas han sido motivo de las interpretaciones más fantásticas. De allí la multiplicidad, y a menudo la contradicción de las leyendas y creencias marinas.
Desde tiempos remotos, el mar ha sido un lugar misterioso, insondable y desconocido para la humanidad. La historia antigua afirmaba que la extensión del mar era tan inmensa que llegaba hasta el lejano país de los muertos, y que estaba habitada por criaturas terroríficas y monstruosas.
No es mucho lo que conoce la ciencia contemporánea acerca de los habitantes del océano. La gran diversidad en forma y tamaño de los seres marinos ha permitido crear toda clase de historias y leyendas sobre monstruos, las cuales han dado origen a un sinnúmero de fantasías.
La vida en el mar nos depara, aún hoy, sorpresas y narraciones fantásticas que sólo comienzan a descifrarse mediante la investigación sistemática del océano.
El hombre siempre ha considerado que la inmensidad del mar está poblada por una fauna de fantasía. Los "monstruos legendarios" nacen entonces al calor del temor o de una imaginación desbordada ante tantas maravillas que los ojos humanos pueden contemplar en el océano.
Como señalan algunos científicos, "los griegos llenaron al Mare nostrum de las más variadas criaturas. Monstruos y deidades formaban la más animada población de las aguas del mar. Nereidas, oceánidas y gorgonas, en formación con sirenas y tritones, constituyen el brillante desfile, que da su mayor esplendor a la corte de Poseidón y Anfitrite".
Uno de los mitos griegos más bellos es el de las sirenas, en el que se conjugan la mujer y el mar, dos elementos que desde tiempos inmemoriales son motivo de alabanzas y leyendas para el hombre.
Según la mitología griega, las sirenas eran las hijas de Calíope y de Aqueleo, compañeras de Proserpina y víctimas del furor de Ceres, quien las transformó precisamente en monstruos marinos en virtud de que no opusieron resistencia al rapto de aquella. Estas mujeres oceánicas poseían los más dulces y terribles atributos femeninos: la belleza y la crueldad, o el amor y la perdición.
Estas mujeres-pez son una constante mitológica de todos los pueblos marítimos, y su forma ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Para Ovidio, esas desdichadas criaturas que fueron a esconder sus monstruosos cuerpos en unas rocas situadas entre Capri e Italia eran aves de plumaje rojizo con cara de virgen. Apolonio de Rodas aseguraba que tenían busto de mujer y cuerpo de ave marina.
La historia de las sirenas griegas, sin saber cómo, se transformó en la de pez-mujer u ondina con cola de pescado y esbelto cuerpo femenino. Tirso de Molina las describe así: "la mitad mujeres y peces la mitad."
En el gran poema épico La Odisea, del poeta griego Homero (siglo IX a. C.), obra monumental de la antigüedad clásica, se narran las aventuras de Ulises y sus hombres ante las terribles y maléficas sirenas, cuyo canto fascinaba a cuantos lo oían. "Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos [...] al ser hechizados por las sirenas con el sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo."
Este hechizo fue burlado por Ulises, quien, por consejo de Circe, tapó con cera los oídos de los remeros, mientras él se hacía atar de pies y manos del mástil para resistir el efecto fascinador del canto de las sirenas, quienes, para tentarlo, le ofrecieron el conocimiento de todas las cosas. Después de haber sido burladas por Ulises, las sirenas se precipitaron en el mar para convertirse en peñascos. Aún hoy se les conoce con el nombre de siremusas.
La leyenda de las sirenas se popularizó rápidamente; se extendió por toda Europa y llegó incluso a territorios muy alejados, como la India, Rusia y Japón, pasando después a América. Algunas de las historias las representaban crueles, como la de Ulises, y otras las describían dulces y amorosas, como en el caso de Ondina, que según el relato apareció en la costa de Francia.





Figura 20. Hombres-pez.

Como se ve, el mito se ha extendido en el tiempo y en el espacio. La sirena, ambigua deidad del mar, es dueña del horror de la muerte, pero también de un incansable amor. Muchos hombres del mar tienen aún la esperanza de encontrar algún día una sirena, a pesar de que la ciencia haya demostrado la inexistencia de las mismas.
Las sirenas no son los únicos personajes mitológicos marinos con características humanas, ya que tienen un paralelo simétrico con Tritón, hijo del dios Poseidón, "el de la cabellera azul" y de la diosa Anfitrite quienes rodean al dios de los mares y son mitad humanos, mitad peces, con larga cabellera flotante y gran cola cubierta de escamas.
Los tritones, que han recibido diferentes nombres, como hombre-pez u hombre marino, gozaban de fama por su sabiduría y dones adivinatorios, y su labor principal consistía en escoltar a los dioses marinos más poderosos al tiempo que soplaban sus bellas caracolas.
La leyenda de los tritones, descritos en las obras de Plinio, Gesner y otros autores, se extendió también por toda Europa, y pasó a la orilla del Atlántico apareciendo en América, en donde el ambiente era propicio para darle crédito. Incluso, algunos autores pensaban que esas leyendas eran patrimonio de las culturas nativas.
La creencia en el hombre-pez y las sirenas se conserva aún entre la gente de mar que siempre está relatando nuevas historias. Una posible explicación al respecto desde el punto de vista científico es que estas leyendas pudieron tener su origen en el aspecto de ciertas focas del Mediterráneo. *
Además, la imaginación de los griegos dotó a su mitología de otras criaturas marinas de forma humana, con lo cual aquellos hombres demostraban el gran amor y respeto que sentían por el océano. Dichas criaturas son las ninfas del mar, las nereidas y las oceánidas.
Las ninfas del mar, cuyas largas trenzas adornadas con conchas llegaban hasta sus hermosos y diminutos pies, eran la representación de un ser marino amable, inspirador de poetas. Las nereidas, 50 hermanas hijas de Nereo, habitaban el Mar Egeo, cantaban con voz melodiosa y bailaban alrededor de su padre. A pesar de que eran deidades menores, los griegos les construyeron altares ante los que depositaban ofrendas. Las más célebres fueron Anfitrite, Tetis y Galatea. Las oceánidas, hijas de Océano y Tetis, en número de por lo menos 13 000, tenían semejanza con las nereidas. Eran alegres, bondadosas y cuidaban a los marinos durante sus travesías con tanto afecto y dedicación que llegaban a enamorarse de ellas.
Aristóteles (384-322 a. C.), que puede ser considerado padre de la historia natural, y en especial de la zoología, y cuyos escritos constituyen una enciclopedia del saber antiguo que perduró hasta el Renacimiento —algunos de sus conocimientos son válidos en la actualidad—, tampoco pudo escapar de la tentación de crear fantasías sobre la vida en el mar. Pensaba que los corales, a los que llamaron korallion, que significa adorno del mar, tenían su origen en una planta marina que crecía "entre las horrísonas serpientes de la cabeza de Medusa". A las medusas, animales de cuerpo transparente en forma de sombrilla, las nombraba pulmones del mar, pues creía que el océano respiraba por medio de ellos debido a sus rítmicos movimientos natatorios.
Estas leyendas y tradiciones de los griegos permanecieron durante 16 siglos, y cambiaron según las épocas y los países a los que se extendieron. Algunas de ellas lograron ser aclaradas a partir del conocimiento que se fue obteniendo acerca de los animales marinos, aunque ciertas especies siguieron prestándose a confusión.
Los pulpos y calamares, por el aspecto poco grato de su cuerpo blando, sus brazos viscosos y musculosos provistos de pegajosas ventosas, han dado origen a numerosas leyendas y fábulas. Así, siguen vigentes hasta nuestros días los relatos llenos de colorido que hace Víctor Hugo en Los trabajadores del mar, o las feroces luchas de los secuaces del capitán Nemo, audaz y enigmático piloto del Nautilus, contra el gigantesco pulpo que nos describe Julio Verne en su novela 20 000 leguas de viaje submarino.





Figura 21. Medusa.

En muchas leyendas de los pueblos marinos y pescadores figura el pulpo como uno de los más importantes y tenebrosos personajes. Su extraño aspecto ha despertado cierta antipatía y repulsión, no exentos de respeto y temor. Son muchas las narraciones sobre pulpos colosales que arrastran a los abismos del mar, ayudados por sus potentes brazos, navíos y bergantines de los que no queda rastro alguno.
Durante siglos se creyó en la existencia del kraken, calamar o pulpo gigante, de una milla o más de longitud. Se dice que cuando asomaban sus lomos a la superficie del mar, parecían más unas islas que seres vivientes. Se cuenta también que con sus largos brazos podían aprisionar a los navíos para engullirlos.
Esta leyenda llegó a influir en el naturalista sueco Linneo, creador de la taxonomía científica, quien en una de las primeras ediciones de su obra Systema naturae, en la que clasifica a los animales, describe a un calamar de enormes proporciones con el nombre de Sepia micromicrocosmus, basándose en las historias que le contaron los fantasiosos hombres de mar.
Los mitos forjados en torno a la presencia de pulpos colosales en el mar tenían sus bases en el considerable tamaño que algunas especies de cefalópodos alcanzan, y sobre todo en la existencia real de ciertos calamares gigantes, como el Architeuthis, que vive en la costa atlántica de Norteamérica, en una extensa zona que abarca de las Bermudas a Terranova, y que ocasionalmente es arrastrado por las tormentas hasta las costas de Europa.
Esos calamares fueron desconocidos por los científicos durante siglos; sólo se sabía de ellos por los relatos de los pescadores, quienes solían encontrar trozos de tentáculos de hasta 10 metros de longitud en el estómago de los cachalotes o en las orillas de las playas. No fue sino hasta el periodo de 1871 a 1876 cuando una veintena de Architeuthis aparecieron en la playa de Thimble Tickle, en Terranova, lo que permitió que el naturalista Addison Verril los estudiara. El mayor de ellos medía, desde el extremo de la cola hasta la boca, de 8 a 10 metros. Sus brazos alcanzaban casi 20 metros de largo y tenía el grosor del cuerpo de un hombre. Estaba dotado de poderosas ventosas, la circunferencia de su cuerpo medía 2 metros y su peso se calculó en varias toneladas.




Figura 22. Pulpo hundiendo un barco.
Los científicos han comprobado que estos grandes cefalópodos habitan las partes más profundas del océano y que sólo por accidente alcanzan la superficie. Se encuentran repartidos en diversas regiones oceánicas, muy separadas unas de otras, y parece que son un alimento muy apreciado por los cachalotes, con los que libran titánicas batallas. Las marcas en forma de disco encontradas en los lomos de algunos cachalotes constituyen la evidencia de estas luchas. Así pues, se sabe que los calamares succionan el pigmento de la piel de estos animales.
Indudablemente, fueron la fuerza y dimensiones de estas especies lo que hizo pensar que, si alguna de ellas llegaba a aferrarse al casco de un bergantín de tres palos, era capaz de hacerlo zozobrar.
Muchos navegantes, sorprendidos por los violentos movimientos de los grandes calamares, que excepcionalmente se debaten en la superficie del mar, llegaron a creer que los tentáculos que veían eran serpientes marinas, ilusión posible a cierta distancia, sobre todo con la imaginación un poco exaltada.
No es posible hablar de monstruos marinos sin mencionar a las "serpientes del mar" y a los "dragones" que, según las creencias, habitaban las oquedades y las cavernas costeras, haciendo más peligrosas las rompientes del oleaje. Los relatos sobre estos fantásticos animales se repiten desde tiempo inmemorial, e incluso han sido tomados en cuenta por algunos naturalistas de renombre.
En los mares de todo el mundo, desde el ártico hasta el trópico, se ha hablado de la existencia de esas serpientes. Tales versiones provienen desde la antigua Grecia y Roma, y sería un error pensar que, en la actualidad, la gente ya no cree en esos monstruos.
Olaüs Magnus, obispo de Bergen en 1600, cuenta en una de sus obras que, según los marinos que navegaban en aguas de Noruega, entre las rocas y en las cavernas de la costa vivía una serpiente de 70 metros de largo y 10 metros de grosor; dotada de una larga melena, de ojos como llamas, y cubierta por afiladas escamas de color negruzco. Acostumbraba, decían, perseguir a las embarcaciones, y se elevaba como una columna para barrer con los marineros de cubierta y devorarlos.
Una versión más reciente es la de Erik Pontopiddan, de la Universidad de Copenhague, quien asegura haber visto en 1752 a una serpiente de 20 a 30 metros de longitud, negra y lisa, tan gruesa como el cuerpo de un hombre y provista de una especie de crin en la cabeza.
Estos mitos han llegado a interesar de tal forma a ciertos naturalistas que, incluso, han discutido seriamente la posibilidad de que ese hipotético animal exista.
No es de extrañarse, por consiguiente, que los zoólogos comenzaran a tomar en serio la existencia de estos animales, a los que clasificaron aun con el nombre científico de Megophias megophias. Oudemans, en 1892, publicó en Londres un singular libro que reúne 162 relatos de supuestas apariciones del discutido Megophias ocurridas entre 1522 y 1890.
Se dice que la tripulación del yate Valhalla encontró, el año de 1905, una serpiente de mar cuya silueta fue dibujada. El último reporte relacionado con hallazgos de Megophias fue hecho en 1925, en aguas de Australia, por el naturalista Jaillard.
Quizá la leyenda contemporánea más famosa sea la del monstruo de Loch Ness, llamado cariñosamente Nessie, que supuestamente vive en el Lago de Ness, al norte de Escocia. Se considera que es un Plesiosauro, reptil acuático que vivió durante el Jurásico Temprano y que aparentemente habita en las profundidades del lago.
El primer reporte sobre su supuesta existencia data del año 565, y hasta 1969 fue observado 251 veces, habiéndose hecho descripciones detalladas de él, pero siempre con base en fotografías muy borrosas, que bien podrían ser de algún otro animal. A la fecha se han realizado numerosas expediciones, sin haberse obtenido pruebas concluyentes sobre su existencia.
Por otra parte, hay referencias sobre supuestos unicornios que eran tan corpulentos como una ballena; de acuerdo con las leyendas, cuando se encolerizaban podían perforar el casco de una embarcación.





Figura 23. Monstruo escocés de Loch Ness.
La única especie que parece unicornio es el narval macho, de la familia de los cetáceos, pues uno de sus dientes, de duro marfil, crece tanto que le sale de la boca.
Actualmente se han descubierto restos de serpientes prehistóricas en los depósitos de los mares del terciario primitivo de África (en Egipto), Europa y América del Norte. No se han obtenido esqueletos completos, sino sólo vértebras cuyo tamaño ha permitido estimar que esas especies medían más o menos 12 metros de longitud. Los paleontólogos no han podido comprobar que las serpientes de los mares primitivos hayan alcanzado los extraordinarios tamaños mencionados con anterioridad.
En efecto, en los mares viven serpientes, pero éstas son semejantes en forma y dimensión a las que habitan en los continentes, con la única diferencia de que su cola está comprimida lateralmente, por lo que pueden utilizarla como remo. Estos animales abundan en el Océano Índico, en las costas orientales en África, específicamente en el litoral de Madagascar, y en diversas áreas del Pacífico tropical. Su veneno es muy tóxico, pero su mordedura es poco dolorosa.
Algunos peces, por la forma y características de su cuerpo, también han sido inspiradores de diversas leyendas, como los hipocampos o caballitos de mar, que dieron origen a la creencia de que el carro de Neptuno era arrastrado por caballos con dos patas y cola de pez.
Las mantarrayas, peces muy conocidos, son inconfundibles debido a que su cabeza, tronco y primer par de aletas constituyen una sola unidad, de aspecto romboidal aplastado. En ambos lados de la cabeza llevan un par de prolongaciones, a manera de cuernos, y en la región posterior poseen una cola en forma de látigo, que es muy flexible y termina en punta. Se les ha llamado diablos de mar, y posiblemente son las especies que Aldovrandi nombró, en el siglo XVI, dragones de mar.
El diablo de mar siempre ha causado gran temor entre los habitantes de las costas, y hasta se afirma que ataca fieramente al hombre, aunque esto no es cierto. En la actualidad, las mantarrayas son comúnmente atrapadas por las redes de los barcos arrastreros.
Algunos pescadores venden "peces diablo" a los turistas. Sin embargo, no se trata de mantarrayas, sino de una especie perteneciente a la familia de éstas llamada pez guitarra, a la cual le cortan el cuerpo y la cola de tal modo que aparenta la figura de un diablo.






Figura 24. Pez diablo.

Las historias sobre los tiburones son numerosas. A estos animales siempre se les ha considerado peligrosos para el hombre, pues son muy voraces y poseen una poderosa dentadura. Sin embargo, según estudios recientes, los tiburones sólo atacan al hombre cuando se encuentran excitados o hambrientos, lo cual sucede pocas veces, ya que en el mar encuentran gran cantidad de presas para su alimentación.
Dos tiburones que por su aspecto y tamaño han llamado la atención son el tiburón elefante, que mide de 15 a 16 metros y vive en los mares nórdicos, y el tiburón ballena, que puede alcanzar de 17 a 20 metros y habita en todos los mares tropicales, en especial en las costas del Pacífico mexicano.
El tiburón ballena es un caso singular para los científicos, pues su tamaño compite con el de los cetáceos. Hasta mediados del presente siglo sólo se habían capturado 76 ejemplares de estos tiburones, cuya piel de manchas blancas los hacen fácilmente reconocibles.
En algunos lugares lo nombran tigre de mar, pero en realidad no es tan terrible. En sus mandíbulas tienen 6 000 dientes distribuidos en varias hileras, los cuales son pequeños y resultan inadecuados para atacar presas de gran tamaño. El alimento de este tiburón consta de crustáceos pelágicos, pececillos, medusas e infinidad de seres diminutos del plancton.
Las ballenas, las orcas y los cachalotes, animales enormes del grupo de los mamíferos, están perfectamente adaptados a la vida acuática, al grado de que mueren si se exponen durante determinado tiempo a la superficie, a pesar de su respiración pulmonar. Sobre estas especies también se han creado leyendas. Las ballenas, principalmente, han estimulado la imaginación humana, ya que su longitud de 30 metros y su peso de 160 toneladas infunden temor.
Las partes más profundas del océano nos reservan muchas sorpresas, pues, como se ha dicho ya, albergan una curiosa fauna. En las profundidades viven los animales más raros de cuantos pueblan la Tierra. Por ejemplo, las dragas y redes de arrastre han sacado seres vivos que testimonian procesos ocurridos hace millones de años.
En 1938, frente a la costa de Sudáfrica, fueron atrapados con redes los especímenes vivos de un pez que se creía extinguido, el coelacanto, considerado el animal superior más antiguo del mundo que vive en la actualidad. Se le atribuye una antigüedad de 300 millones de años; su cuerpo está cubierto de escamas azules y tiene aletas lobuladas unidas al cuerpo por una especie de pedúnculo, por lo que parece poseer cuatro miembros.
Los fenómenos físico-químicos que suceden en el océano, como las mareas, corrientes, oleajes y remolinos, y en la atmósfera, como los eclipses, relámpagos, vientos y tempestades, han originado una serie de creencias fantásticas provocadas por la imaginación del hombre. Estas leyendas y fantasías, nacidas de un hecho observado primero y deformado después, han sido aclaradas por la ciencia.
Por lo anterior, el océano es una fuente de controversia: así como impone temor, también ejerce una atracción apasionante. Toda persona que ha tenido la oportunidad de hacer contacto con él, ya sea desde la orilla, a bordo de una embarcación o sumergiéndose, seguramente ha experimentado las dos sensaciones.
Tales sensaciones han sido interpretadas de diferente manera por los habitantes de los distintos lugares del planeta. A los nórdicos, el mar les sugería nuevas leyendas, las cuales significaban un reto que debían afrontar con valor, pues para los vikingos la bravura era una virtud religiosa. La principal aliada de aquellos hombres era la fuerza de las olas y de las tempestades, que los ayudaba a transportarse a donde quisieran; también representaba a sus antepasados, cuyo origen se remontaba al principio de la humanidad. En cambio, a los meridionales, esta fuerza les provocaba asombro cuando surcaban el mar, y los hacía regresar pronto a sus puertos para resguardarse de los peligros.
Sin embargo, el espíritu aventurero del hombre fue venciendo estas supersticiones. Los grandes navegantes, que podían ser comerciantes, piratas, exploradores, conquistadores o científicos, han constribuido, a través del tiempo, a tratar de aclarar esta serie de ideas fantásticas, como la de Hércules, quien declaró que el estrecho de Gibraltar era infranqueable, después de haber construido sus columnas a ambos lados. Lo cierto es que la navegación resulta dificultosa en dicho lugar, sobre todo por la combinación de las fuerzas de las corrientes —que van hacia el sur—, con los vientos —que soplan desde el noreste—. El Mediterráneo fue descrito en la Antigüedad como un mar tenebroso" lleno de peligros y fantasmas, lo que hacía dudar a los marinos cuando se aprestaban a iniciar sus travesías.
Uno de los fenómenos físico-químicos en torno al cual se han forjado historias, y que seguramente originó una de las primeras preguntas que el hombre se hizo, es la salinidad del agua del mar. Algunos filósofos, como Teofrastro (371-264 a. C.), filósofo griego cuyo nombre significa "el de la palabra divina", trataron de explicarla, e imaginaron que posiblemente se debía a que en las profundidades existían montañas de sal.
Aristóteles explicó así ese fenómeno: "El Sol arranca al fondo del mar intensas exhalaciones que queman y cuecen cuando salen a la superficie del agua; esto es lo que produce su salinidad." Basándose en ello dedujo que, posiblemente, en el fondo del océano el agua era dulce, lo que hizo que otros pensadores, siglos después, sostuvieran que algunos buceadores habían sacado vasos llenos de agua dulce de las profundidades.
La existencia de las corrientes marinas fue explicada en relatos fantásticos durante mucho tiempo, hasta que el conquistador español Juan Ponce de León descubre en 1513 la corriente del Golfo de México llamada Gulf Stream. Benjamin Franklin, científico e inventor norteamericano, la incorporó al dominio de la hidrografía, siglos después.
En algunas partes del planeta, las corrientes se combinan dando origen a los remolinos. En ello se basan leyendas como la de Caribdis y Escila, que relata La Odisea: Eran dos grandes rocas errantes, entre las cuales se estrellaban las olas de Anfitrite; los navegantes, cuando huían de una, caían en la otra. De aquí nació la expresión "salió de Escila para caer en Caribdis".
En estas rocas, pues, naufragó Ulises, quien perdió marinos y embarcación. En la actualidad, se sabe que la corriente y los remolinos del estrecho de Mesina, donde se sitúa este relato, no son tan peligrosos, y que navegando con cuidado pueden ser sorteados.
Además de esas historias que tuvieran como escenario las costas, existen otras no menos interesantes y fantásticas de mar adentro, como la de la Atlántida y el misterioso caso del triángulo de las Bermudas.
Según la leyenda que inspiró el Critias y el Timeo de Platón, la Atlántida era una isla situada al oeste del Mediterráneo, más extensa que Libia y Asia Menor reunidas, donde habitaban los atlantes, quienes conocían muy bien la navegación. Se dice que esta isla contaba con un suelo tan fértil que producía manzanas de oro, y que en ella vivieron o transitaron las ninfas, Atlas, Hércules, Perseo, las amazonas y los titanes.
De acuerdo con la misma leyenda, aquella isla desapareció de repente durante un terrible cataclismo que la sumergió en un día y una noche, cuando se separaron los peñones del Estrecho de Gibraltar para dar paso a las aguas del Mediterráneo. Se ha especulado que esto pudo haber ocurrido en el año 6000 a. c.





Figura 25. El triángulo de las Bermudas.

Esta concepción antigua sobre la Atlántida difiere de la interpretación actual, que admite la posible existencia de la isla —situándola en un tiempo prehistórico—, aunque señala que se trataba de un continente que pudo haber unido a África con América.
Según algunos científicos, la Atlántida era una fabulosa isla o una montaña que desapareció bajo el agua a causa de un terremoto prehistórico. Otros expertos sobre el tema consideran que esa tierra no existió, pues aseguran que sólo fue una historia inventada por Platón. Sin embargo, esta leyenda ha inquietado a la humanidad durante diez siglos, y sobre ella se han escrito más o menos 30 000 libros. Incluso, muchos aventureros han realizado travesías marítimas con la intención de encontrar la Atlántida para extraer los supuestos tesoros que hay en ella.
Además de estos relatos de la Antigüedad, en nuestros días se comenta con mucha frecuencia uno de los hechos más enigmáticos relacionados con el mar: el Triángulo de las Bermudas, que ha sido abordado de manera poco seria en varios trabajos literarios y cinematográficos. Durante más de 30 años, los fenómenos que ocurren en esa zona provocaron la desaparición de numerosos barcos y aviones.
El Triángulo de las Bermudas es una delimitación imaginaria situada frente a la costa atlántica suroriental de los Estados Unidos. Se extiende desde las Bermudas, por el norte, hasta el sur de la Florida; va por el este hasta un punto situado a través de las Bahamas, más allá de Puerto Rico, y luego regresa a las Bermudas. Los vértices del triángulo son las Bermudas, Miami y San Juan de Puerto Rico.
En esta zona han ocurrido hechos inquietantes y casi increíbles que, por lo tanto, entraron al catálogo de los misterios no resueltos del mundo. Más de cien barcos y veinte aviones han desaparecido en esa zona, en medio de una atmósfera transparente. La mayor parte de las desapariciones han sucedido desde 1945, y en los últimos treinta años se han perdido allí más de mil vidas humanas.
Este enigma despertó la curiosidad e interés de los científicos de varias partes del mundo, quienes iniciaron una serie de estudios sobre las corrientes marinas a diferentes profundidades, la temperatura y salinidad de las aguas y sobre la topografía del fondo, para aclarar el misterio.
En 1978 se organizó un grupo internacional de expertos encabezado por científicos soviéticos y norteamericanos para trabajar en el área, con base en un ambicioso programa conjunto llamado Polymode. Sin embargo, hasta la fecha sólo han logrado elaborar hipótesis, que a veces resultan contradictorias entre sí.
Algunos autores consideran que las ondas infrasónicas son las causantes de los trastornos tanto en los barcos y aviones como en los pasajeros. Otros achacan estos problemas a fenómenos de magma y magnetismo, los cuales podrían alterar compases, girocompases y toda clase de instrumentos eléctricos y electrónicos que sirven a los aviones y barcos para la navegación.
Ciertos investigadores sostienen que, para explicar el Triángulo de las Bermudas, se tienen que remontar al origen y estructuración de la Tierra, la cual, según ellos, se formó a raíz de una aglomeración de asteroides que giraban en torno a un centro de gravedad. De esta aglomeración surgió pues el planeta, que según esos investigadores era semejante a un gigantesco cristal que estaba compuesto por 20 triángulos. Entonces, se supone que en el lugar donde se unen los vértices de los triángulos suelen presentarse fenómenos atmosféricos específicos. De acuerdo con la teoría en cuestión, una de estas uniones coincide con el Triángulo de las Bermudas, y otras con algunas áreas donde también han desaparecido barcos y aviones.
Por último, se cree que los fenómenos en el Triángulo de las Bermudas tienen relación con una poderosa corriente que parte de la superficie del océano y llega hasta el fondo. Dicha corriente, que es producida por el movimiento de olas ocasionadas a su vez por la acción de los vientos del norte, se localiza en la costa de Puerto Rico.
Este conjunto de hipótesis llevará posiblemente a establecer algún día la explicación científica del misterio que rodea al Triángulo de las Bermudas.
Algunas de las leyendas de la mitología hablan de las acciones divinas de dioses y semidioses que supuestamente gobernaban los fenómenos oceánicos. El hombre siempre ha sentido la necesidad, ante lo desconocido, de creer en algún ser sobrenatural que lo protege, y de esta manera ha tratado de explicar el origen de sus aciertos y desventuras. Estas inseguridades, presentes de diversas maneras durante la evolución de las distintas culturas, se han expresado como creencias religiosas, mitos y supersticiones.
Hechos tales como que el mar se encrespe durante la tempestad o que el viento se niegue a soplar, o que un navío se hunda o navegue en calma chicha, han sido atribuidos a los dioses, los cuales pueden ser crueles o amables o estar acompañados de gran cantidad de santos. De esa manera, los navegantes escogen a sus patronos, a quienes imploran, con la oración y la ofrenda, favores y protección.
La mitología escandinava da cuenta de un hábil navegante llamado Odin, quien era el dios protector de la valentía. Los relatos hacen intervenir con frecuencia a esta deidad en la vida de los vikingos.
Homero consideraba que el dios Océano era el padre de los dioses, lo que daría a los marinos una posición privilegiada. Entre los dioses grecorromanos relacionados con el mar destacan Neptuno, Anfitrite y Afrodita, esta última poseedora de un doble papel: diosa del amor y protectora de la navegación.
En la Edad Media y el Renacimiento, el dios de los cristianos se impuso en las creencias de los marinos. Se dice que los santos que lo acompañan proporcionan ayuda en los casos difíciles; por ejemplo, San Telmo auxiliaba a los navegantes en caso de grandes tempestades, permitiéndoles llegar a puerto.
Los marinos griegos del siglo XVII invocaban a San Nicolás durante las tempestades, y cuando iniciaban sus travesías siempre llevaban 30 panes para este patrono. Otros santos los protegían contra los monstruos del mar o contra la acción de las tormentas, como Santa Bárbara, quien los cuidaba del rayo y de la ballena.
Las culturas americanas también sintieron necesidad de ofrecer tributo a sus dioses, a quienes les daban diferentes nombres y les atribuían distintos poderes.
En el México prehispánico, la cultura azteca, la más floreciente de todas, veneraba a una serie de deidades relacionadas con el mar y la pesca, según informaciones que quedaron registradas en las crónicas y en los códices. Entre estos dioses destaca Tláloc, al cual imaginaban poderoso y consideraban engendrador del agua. A su compañera Chalchiuhcueye se le daban varios nombres muy expresivos que significaban, unos, los diversos elementos que producen las aguas, y otros, los diferentes visos y colores que forman las mismas con su movimiento. Ella tenía gran poder sobre las aguas del mar y de los ríos.
Los pescadores aztecas veneraban a un dios protector, Opochtli, a quien creían inventor de las redes y demás instrumentos para pescar.
Conforme aumenta el conocimiento sobre el mar y sus habitantes, van cambiando las creencias del hombre respecto a las manifestaciones divinas del océano.
Como se ha podido ver a lo largo de estos ejemplos, el océano y sus maravillas han permitido que la imaginación y creencias humanas se explayen ilimitadamente, que el hombre pueda apreciar el mar en toda su belleza y esplendor y hacer suya esta frase: "¡Cuántos misterios encierra el océano y, sin embargo, el hombre no duda en lanzarse al mar abierto!"