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lunes, 15 de octubre de 2012

Los secretos de los mares

LOS fenómenos que se desarrollan en el océano, tanto los de origen físico-químico como biológico, siempre han estimulado la imaginación de los hombres, y en todas las latitudes y épocas han sido motivo de las interpretaciones más fantásticas. De allí la multiplicidad, y a menudo la contradicción de las leyendas y creencias marinas.
Desde tiempos remotos, el mar ha sido un lugar misterioso, insondable y desconocido para la humanidad. La historia antigua afirmaba que la extensión del mar era tan inmensa que llegaba hasta el lejano país de los muertos, y que estaba habitada por criaturas terroríficas y monstruosas.
No es mucho lo que conoce la ciencia contemporánea acerca de los habitantes del océano. La gran diversidad en forma y tamaño de los seres marinos ha permitido crear toda clase de historias y leyendas sobre monstruos, las cuales han dado origen a un sinnúmero de fantasías.
La vida en el mar nos depara, aún hoy, sorpresas y narraciones fantásticas que sólo comienzan a descifrarse mediante la investigación sistemática del océano.
El hombre siempre ha considerado que la inmensidad del mar está poblada por una fauna de fantasía. Los "monstruos legendarios" nacen entonces al calor del temor o de una imaginación desbordada ante tantas maravillas que los ojos humanos pueden contemplar en el océano.
Como señalan algunos científicos, "los griegos llenaron al Mare nostrum de las más variadas criaturas. Monstruos y deidades formaban la más animada población de las aguas del mar. Nereidas, oceánidas y gorgonas, en formación con sirenas y tritones, constituyen el brillante desfile, que da su mayor esplendor a la corte de Poseidón y Anfitrite".
Uno de los mitos griegos más bellos es el de las sirenas, en el que se conjugan la mujer y el mar, dos elementos que desde tiempos inmemoriales son motivo de alabanzas y leyendas para el hombre.
Según la mitología griega, las sirenas eran las hijas de Calíope y de Aqueleo, compañeras de Proserpina y víctimas del furor de Ceres, quien las transformó precisamente en monstruos marinos en virtud de que no opusieron resistencia al rapto de aquella. Estas mujeres oceánicas poseían los más dulces y terribles atributos femeninos: la belleza y la crueldad, o el amor y la perdición.
Estas mujeres-pez son una constante mitológica de todos los pueblos marítimos, y su forma ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Para Ovidio, esas desdichadas criaturas que fueron a esconder sus monstruosos cuerpos en unas rocas situadas entre Capri e Italia eran aves de plumaje rojizo con cara de virgen. Apolonio de Rodas aseguraba que tenían busto de mujer y cuerpo de ave marina.
La historia de las sirenas griegas, sin saber cómo, se transformó en la de pez-mujer u ondina con cola de pescado y esbelto cuerpo femenino. Tirso de Molina las describe así: "la mitad mujeres y peces la mitad."
En el gran poema épico La Odisea, del poeta griego Homero (siglo IX a. C.), obra monumental de la antigüedad clásica, se narran las aventuras de Ulises y sus hombres ante las terribles y maléficas sirenas, cuyo canto fascinaba a cuantos lo oían. "Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos [...] al ser hechizados por las sirenas con el sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo."
Este hechizo fue burlado por Ulises, quien, por consejo de Circe, tapó con cera los oídos de los remeros, mientras él se hacía atar de pies y manos del mástil para resistir el efecto fascinador del canto de las sirenas, quienes, para tentarlo, le ofrecieron el conocimiento de todas las cosas. Después de haber sido burladas por Ulises, las sirenas se precipitaron en el mar para convertirse en peñascos. Aún hoy se les conoce con el nombre de siremusas.
La leyenda de las sirenas se popularizó rápidamente; se extendió por toda Europa y llegó incluso a territorios muy alejados, como la India, Rusia y Japón, pasando después a América. Algunas de las historias las representaban crueles, como la de Ulises, y otras las describían dulces y amorosas, como en el caso de Ondina, que según el relato apareció en la costa de Francia.





Figura 20. Hombres-pez.

Como se ve, el mito se ha extendido en el tiempo y en el espacio. La sirena, ambigua deidad del mar, es dueña del horror de la muerte, pero también de un incansable amor. Muchos hombres del mar tienen aún la esperanza de encontrar algún día una sirena, a pesar de que la ciencia haya demostrado la inexistencia de las mismas.
Las sirenas no son los únicos personajes mitológicos marinos con características humanas, ya que tienen un paralelo simétrico con Tritón, hijo del dios Poseidón, "el de la cabellera azul" y de la diosa Anfitrite quienes rodean al dios de los mares y son mitad humanos, mitad peces, con larga cabellera flotante y gran cola cubierta de escamas.
Los tritones, que han recibido diferentes nombres, como hombre-pez u hombre marino, gozaban de fama por su sabiduría y dones adivinatorios, y su labor principal consistía en escoltar a los dioses marinos más poderosos al tiempo que soplaban sus bellas caracolas.
La leyenda de los tritones, descritos en las obras de Plinio, Gesner y otros autores, se extendió también por toda Europa, y pasó a la orilla del Atlántico apareciendo en América, en donde el ambiente era propicio para darle crédito. Incluso, algunos autores pensaban que esas leyendas eran patrimonio de las culturas nativas.
La creencia en el hombre-pez y las sirenas se conserva aún entre la gente de mar que siempre está relatando nuevas historias. Una posible explicación al respecto desde el punto de vista científico es que estas leyendas pudieron tener su origen en el aspecto de ciertas focas del Mediterráneo. *
Además, la imaginación de los griegos dotó a su mitología de otras criaturas marinas de forma humana, con lo cual aquellos hombres demostraban el gran amor y respeto que sentían por el océano. Dichas criaturas son las ninfas del mar, las nereidas y las oceánidas.
Las ninfas del mar, cuyas largas trenzas adornadas con conchas llegaban hasta sus hermosos y diminutos pies, eran la representación de un ser marino amable, inspirador de poetas. Las nereidas, 50 hermanas hijas de Nereo, habitaban el Mar Egeo, cantaban con voz melodiosa y bailaban alrededor de su padre. A pesar de que eran deidades menores, los griegos les construyeron altares ante los que depositaban ofrendas. Las más célebres fueron Anfitrite, Tetis y Galatea. Las oceánidas, hijas de Océano y Tetis, en número de por lo menos 13 000, tenían semejanza con las nereidas. Eran alegres, bondadosas y cuidaban a los marinos durante sus travesías con tanto afecto y dedicación que llegaban a enamorarse de ellas.
Aristóteles (384-322 a. C.), que puede ser considerado padre de la historia natural, y en especial de la zoología, y cuyos escritos constituyen una enciclopedia del saber antiguo que perduró hasta el Renacimiento —algunos de sus conocimientos son válidos en la actualidad—, tampoco pudo escapar de la tentación de crear fantasías sobre la vida en el mar. Pensaba que los corales, a los que llamaron korallion, que significa adorno del mar, tenían su origen en una planta marina que crecía "entre las horrísonas serpientes de la cabeza de Medusa". A las medusas, animales de cuerpo transparente en forma de sombrilla, las nombraba pulmones del mar, pues creía que el océano respiraba por medio de ellos debido a sus rítmicos movimientos natatorios.
Estas leyendas y tradiciones de los griegos permanecieron durante 16 siglos, y cambiaron según las épocas y los países a los que se extendieron. Algunas de ellas lograron ser aclaradas a partir del conocimiento que se fue obteniendo acerca de los animales marinos, aunque ciertas especies siguieron prestándose a confusión.
Los pulpos y calamares, por el aspecto poco grato de su cuerpo blando, sus brazos viscosos y musculosos provistos de pegajosas ventosas, han dado origen a numerosas leyendas y fábulas. Así, siguen vigentes hasta nuestros días los relatos llenos de colorido que hace Víctor Hugo en Los trabajadores del mar, o las feroces luchas de los secuaces del capitán Nemo, audaz y enigmático piloto del Nautilus, contra el gigantesco pulpo que nos describe Julio Verne en su novela 20 000 leguas de viaje submarino.





Figura 21. Medusa.

En muchas leyendas de los pueblos marinos y pescadores figura el pulpo como uno de los más importantes y tenebrosos personajes. Su extraño aspecto ha despertado cierta antipatía y repulsión, no exentos de respeto y temor. Son muchas las narraciones sobre pulpos colosales que arrastran a los abismos del mar, ayudados por sus potentes brazos, navíos y bergantines de los que no queda rastro alguno.
Durante siglos se creyó en la existencia del kraken, calamar o pulpo gigante, de una milla o más de longitud. Se dice que cuando asomaban sus lomos a la superficie del mar, parecían más unas islas que seres vivientes. Se cuenta también que con sus largos brazos podían aprisionar a los navíos para engullirlos.
Esta leyenda llegó a influir en el naturalista sueco Linneo, creador de la taxonomía científica, quien en una de las primeras ediciones de su obra Systema naturae, en la que clasifica a los animales, describe a un calamar de enormes proporciones con el nombre de Sepia micromicrocosmus, basándose en las historias que le contaron los fantasiosos hombres de mar.
Los mitos forjados en torno a la presencia de pulpos colosales en el mar tenían sus bases en el considerable tamaño que algunas especies de cefalópodos alcanzan, y sobre todo en la existencia real de ciertos calamares gigantes, como el Architeuthis, que vive en la costa atlántica de Norteamérica, en una extensa zona que abarca de las Bermudas a Terranova, y que ocasionalmente es arrastrado por las tormentas hasta las costas de Europa.
Esos calamares fueron desconocidos por los científicos durante siglos; sólo se sabía de ellos por los relatos de los pescadores, quienes solían encontrar trozos de tentáculos de hasta 10 metros de longitud en el estómago de los cachalotes o en las orillas de las playas. No fue sino hasta el periodo de 1871 a 1876 cuando una veintena de Architeuthis aparecieron en la playa de Thimble Tickle, en Terranova, lo que permitió que el naturalista Addison Verril los estudiara. El mayor de ellos medía, desde el extremo de la cola hasta la boca, de 8 a 10 metros. Sus brazos alcanzaban casi 20 metros de largo y tenía el grosor del cuerpo de un hombre. Estaba dotado de poderosas ventosas, la circunferencia de su cuerpo medía 2 metros y su peso se calculó en varias toneladas.




Figura 22. Pulpo hundiendo un barco.
Los científicos han comprobado que estos grandes cefalópodos habitan las partes más profundas del océano y que sólo por accidente alcanzan la superficie. Se encuentran repartidos en diversas regiones oceánicas, muy separadas unas de otras, y parece que son un alimento muy apreciado por los cachalotes, con los que libran titánicas batallas. Las marcas en forma de disco encontradas en los lomos de algunos cachalotes constituyen la evidencia de estas luchas. Así pues, se sabe que los calamares succionan el pigmento de la piel de estos animales.
Indudablemente, fueron la fuerza y dimensiones de estas especies lo que hizo pensar que, si alguna de ellas llegaba a aferrarse al casco de un bergantín de tres palos, era capaz de hacerlo zozobrar.
Muchos navegantes, sorprendidos por los violentos movimientos de los grandes calamares, que excepcionalmente se debaten en la superficie del mar, llegaron a creer que los tentáculos que veían eran serpientes marinas, ilusión posible a cierta distancia, sobre todo con la imaginación un poco exaltada.
No es posible hablar de monstruos marinos sin mencionar a las "serpientes del mar" y a los "dragones" que, según las creencias, habitaban las oquedades y las cavernas costeras, haciendo más peligrosas las rompientes del oleaje. Los relatos sobre estos fantásticos animales se repiten desde tiempo inmemorial, e incluso han sido tomados en cuenta por algunos naturalistas de renombre.
En los mares de todo el mundo, desde el ártico hasta el trópico, se ha hablado de la existencia de esas serpientes. Tales versiones provienen desde la antigua Grecia y Roma, y sería un error pensar que, en la actualidad, la gente ya no cree en esos monstruos.
Olaüs Magnus, obispo de Bergen en 1600, cuenta en una de sus obras que, según los marinos que navegaban en aguas de Noruega, entre las rocas y en las cavernas de la costa vivía una serpiente de 70 metros de largo y 10 metros de grosor; dotada de una larga melena, de ojos como llamas, y cubierta por afiladas escamas de color negruzco. Acostumbraba, decían, perseguir a las embarcaciones, y se elevaba como una columna para barrer con los marineros de cubierta y devorarlos.
Una versión más reciente es la de Erik Pontopiddan, de la Universidad de Copenhague, quien asegura haber visto en 1752 a una serpiente de 20 a 30 metros de longitud, negra y lisa, tan gruesa como el cuerpo de un hombre y provista de una especie de crin en la cabeza.
Estos mitos han llegado a interesar de tal forma a ciertos naturalistas que, incluso, han discutido seriamente la posibilidad de que ese hipotético animal exista.
No es de extrañarse, por consiguiente, que los zoólogos comenzaran a tomar en serio la existencia de estos animales, a los que clasificaron aun con el nombre científico de Megophias megophias. Oudemans, en 1892, publicó en Londres un singular libro que reúne 162 relatos de supuestas apariciones del discutido Megophias ocurridas entre 1522 y 1890.
Se dice que la tripulación del yate Valhalla encontró, el año de 1905, una serpiente de mar cuya silueta fue dibujada. El último reporte relacionado con hallazgos de Megophias fue hecho en 1925, en aguas de Australia, por el naturalista Jaillard.
Quizá la leyenda contemporánea más famosa sea la del monstruo de Loch Ness, llamado cariñosamente Nessie, que supuestamente vive en el Lago de Ness, al norte de Escocia. Se considera que es un Plesiosauro, reptil acuático que vivió durante el Jurásico Temprano y que aparentemente habita en las profundidades del lago.
El primer reporte sobre su supuesta existencia data del año 565, y hasta 1969 fue observado 251 veces, habiéndose hecho descripciones detalladas de él, pero siempre con base en fotografías muy borrosas, que bien podrían ser de algún otro animal. A la fecha se han realizado numerosas expediciones, sin haberse obtenido pruebas concluyentes sobre su existencia.
Por otra parte, hay referencias sobre supuestos unicornios que eran tan corpulentos como una ballena; de acuerdo con las leyendas, cuando se encolerizaban podían perforar el casco de una embarcación.





Figura 23. Monstruo escocés de Loch Ness.
La única especie que parece unicornio es el narval macho, de la familia de los cetáceos, pues uno de sus dientes, de duro marfil, crece tanto que le sale de la boca.
Actualmente se han descubierto restos de serpientes prehistóricas en los depósitos de los mares del terciario primitivo de África (en Egipto), Europa y América del Norte. No se han obtenido esqueletos completos, sino sólo vértebras cuyo tamaño ha permitido estimar que esas especies medían más o menos 12 metros de longitud. Los paleontólogos no han podido comprobar que las serpientes de los mares primitivos hayan alcanzado los extraordinarios tamaños mencionados con anterioridad.
En efecto, en los mares viven serpientes, pero éstas son semejantes en forma y dimensión a las que habitan en los continentes, con la única diferencia de que su cola está comprimida lateralmente, por lo que pueden utilizarla como remo. Estos animales abundan en el Océano Índico, en las costas orientales en África, específicamente en el litoral de Madagascar, y en diversas áreas del Pacífico tropical. Su veneno es muy tóxico, pero su mordedura es poco dolorosa.
Algunos peces, por la forma y características de su cuerpo, también han sido inspiradores de diversas leyendas, como los hipocampos o caballitos de mar, que dieron origen a la creencia de que el carro de Neptuno era arrastrado por caballos con dos patas y cola de pez.
Las mantarrayas, peces muy conocidos, son inconfundibles debido a que su cabeza, tronco y primer par de aletas constituyen una sola unidad, de aspecto romboidal aplastado. En ambos lados de la cabeza llevan un par de prolongaciones, a manera de cuernos, y en la región posterior poseen una cola en forma de látigo, que es muy flexible y termina en punta. Se les ha llamado diablos de mar, y posiblemente son las especies que Aldovrandi nombró, en el siglo XVI, dragones de mar.
El diablo de mar siempre ha causado gran temor entre los habitantes de las costas, y hasta se afirma que ataca fieramente al hombre, aunque esto no es cierto. En la actualidad, las mantarrayas son comúnmente atrapadas por las redes de los barcos arrastreros.
Algunos pescadores venden "peces diablo" a los turistas. Sin embargo, no se trata de mantarrayas, sino de una especie perteneciente a la familia de éstas llamada pez guitarra, a la cual le cortan el cuerpo y la cola de tal modo que aparenta la figura de un diablo.






Figura 24. Pez diablo.

Las historias sobre los tiburones son numerosas. A estos animales siempre se les ha considerado peligrosos para el hombre, pues son muy voraces y poseen una poderosa dentadura. Sin embargo, según estudios recientes, los tiburones sólo atacan al hombre cuando se encuentran excitados o hambrientos, lo cual sucede pocas veces, ya que en el mar encuentran gran cantidad de presas para su alimentación.
Dos tiburones que por su aspecto y tamaño han llamado la atención son el tiburón elefante, que mide de 15 a 16 metros y vive en los mares nórdicos, y el tiburón ballena, que puede alcanzar de 17 a 20 metros y habita en todos los mares tropicales, en especial en las costas del Pacífico mexicano.
El tiburón ballena es un caso singular para los científicos, pues su tamaño compite con el de los cetáceos. Hasta mediados del presente siglo sólo se habían capturado 76 ejemplares de estos tiburones, cuya piel de manchas blancas los hacen fácilmente reconocibles.
En algunos lugares lo nombran tigre de mar, pero en realidad no es tan terrible. En sus mandíbulas tienen 6 000 dientes distribuidos en varias hileras, los cuales son pequeños y resultan inadecuados para atacar presas de gran tamaño. El alimento de este tiburón consta de crustáceos pelágicos, pececillos, medusas e infinidad de seres diminutos del plancton.
Las ballenas, las orcas y los cachalotes, animales enormes del grupo de los mamíferos, están perfectamente adaptados a la vida acuática, al grado de que mueren si se exponen durante determinado tiempo a la superficie, a pesar de su respiración pulmonar. Sobre estas especies también se han creado leyendas. Las ballenas, principalmente, han estimulado la imaginación humana, ya que su longitud de 30 metros y su peso de 160 toneladas infunden temor.
Las partes más profundas del océano nos reservan muchas sorpresas, pues, como se ha dicho ya, albergan una curiosa fauna. En las profundidades viven los animales más raros de cuantos pueblan la Tierra. Por ejemplo, las dragas y redes de arrastre han sacado seres vivos que testimonian procesos ocurridos hace millones de años.
En 1938, frente a la costa de Sudáfrica, fueron atrapados con redes los especímenes vivos de un pez que se creía extinguido, el coelacanto, considerado el animal superior más antiguo del mundo que vive en la actualidad. Se le atribuye una antigüedad de 300 millones de años; su cuerpo está cubierto de escamas azules y tiene aletas lobuladas unidas al cuerpo por una especie de pedúnculo, por lo que parece poseer cuatro miembros.
Los fenómenos físico-químicos que suceden en el océano, como las mareas, corrientes, oleajes y remolinos, y en la atmósfera, como los eclipses, relámpagos, vientos y tempestades, han originado una serie de creencias fantásticas provocadas por la imaginación del hombre. Estas leyendas y fantasías, nacidas de un hecho observado primero y deformado después, han sido aclaradas por la ciencia.
Por lo anterior, el océano es una fuente de controversia: así como impone temor, también ejerce una atracción apasionante. Toda persona que ha tenido la oportunidad de hacer contacto con él, ya sea desde la orilla, a bordo de una embarcación o sumergiéndose, seguramente ha experimentado las dos sensaciones.
Tales sensaciones han sido interpretadas de diferente manera por los habitantes de los distintos lugares del planeta. A los nórdicos, el mar les sugería nuevas leyendas, las cuales significaban un reto que debían afrontar con valor, pues para los vikingos la bravura era una virtud religiosa. La principal aliada de aquellos hombres era la fuerza de las olas y de las tempestades, que los ayudaba a transportarse a donde quisieran; también representaba a sus antepasados, cuyo origen se remontaba al principio de la humanidad. En cambio, a los meridionales, esta fuerza les provocaba asombro cuando surcaban el mar, y los hacía regresar pronto a sus puertos para resguardarse de los peligros.
Sin embargo, el espíritu aventurero del hombre fue venciendo estas supersticiones. Los grandes navegantes, que podían ser comerciantes, piratas, exploradores, conquistadores o científicos, han constribuido, a través del tiempo, a tratar de aclarar esta serie de ideas fantásticas, como la de Hércules, quien declaró que el estrecho de Gibraltar era infranqueable, después de haber construido sus columnas a ambos lados. Lo cierto es que la navegación resulta dificultosa en dicho lugar, sobre todo por la combinación de las fuerzas de las corrientes —que van hacia el sur—, con los vientos —que soplan desde el noreste—. El Mediterráneo fue descrito en la Antigüedad como un mar tenebroso" lleno de peligros y fantasmas, lo que hacía dudar a los marinos cuando se aprestaban a iniciar sus travesías.
Uno de los fenómenos físico-químicos en torno al cual se han forjado historias, y que seguramente originó una de las primeras preguntas que el hombre se hizo, es la salinidad del agua del mar. Algunos filósofos, como Teofrastro (371-264 a. C.), filósofo griego cuyo nombre significa "el de la palabra divina", trataron de explicarla, e imaginaron que posiblemente se debía a que en las profundidades existían montañas de sal.
Aristóteles explicó así ese fenómeno: "El Sol arranca al fondo del mar intensas exhalaciones que queman y cuecen cuando salen a la superficie del agua; esto es lo que produce su salinidad." Basándose en ello dedujo que, posiblemente, en el fondo del océano el agua era dulce, lo que hizo que otros pensadores, siglos después, sostuvieran que algunos buceadores habían sacado vasos llenos de agua dulce de las profundidades.
La existencia de las corrientes marinas fue explicada en relatos fantásticos durante mucho tiempo, hasta que el conquistador español Juan Ponce de León descubre en 1513 la corriente del Golfo de México llamada Gulf Stream. Benjamin Franklin, científico e inventor norteamericano, la incorporó al dominio de la hidrografía, siglos después.
En algunas partes del planeta, las corrientes se combinan dando origen a los remolinos. En ello se basan leyendas como la de Caribdis y Escila, que relata La Odisea: Eran dos grandes rocas errantes, entre las cuales se estrellaban las olas de Anfitrite; los navegantes, cuando huían de una, caían en la otra. De aquí nació la expresión "salió de Escila para caer en Caribdis".
En estas rocas, pues, naufragó Ulises, quien perdió marinos y embarcación. En la actualidad, se sabe que la corriente y los remolinos del estrecho de Mesina, donde se sitúa este relato, no son tan peligrosos, y que navegando con cuidado pueden ser sorteados.
Además de esas historias que tuvieran como escenario las costas, existen otras no menos interesantes y fantásticas de mar adentro, como la de la Atlántida y el misterioso caso del triángulo de las Bermudas.
Según la leyenda que inspiró el Critias y el Timeo de Platón, la Atlántida era una isla situada al oeste del Mediterráneo, más extensa que Libia y Asia Menor reunidas, donde habitaban los atlantes, quienes conocían muy bien la navegación. Se dice que esta isla contaba con un suelo tan fértil que producía manzanas de oro, y que en ella vivieron o transitaron las ninfas, Atlas, Hércules, Perseo, las amazonas y los titanes.
De acuerdo con la misma leyenda, aquella isla desapareció de repente durante un terrible cataclismo que la sumergió en un día y una noche, cuando se separaron los peñones del Estrecho de Gibraltar para dar paso a las aguas del Mediterráneo. Se ha especulado que esto pudo haber ocurrido en el año 6000 a. c.





Figura 25. El triángulo de las Bermudas.

Esta concepción antigua sobre la Atlántida difiere de la interpretación actual, que admite la posible existencia de la isla —situándola en un tiempo prehistórico—, aunque señala que se trataba de un continente que pudo haber unido a África con América.
Según algunos científicos, la Atlántida era una fabulosa isla o una montaña que desapareció bajo el agua a causa de un terremoto prehistórico. Otros expertos sobre el tema consideran que esa tierra no existió, pues aseguran que sólo fue una historia inventada por Platón. Sin embargo, esta leyenda ha inquietado a la humanidad durante diez siglos, y sobre ella se han escrito más o menos 30 000 libros. Incluso, muchos aventureros han realizado travesías marítimas con la intención de encontrar la Atlántida para extraer los supuestos tesoros que hay en ella.
Además de estos relatos de la Antigüedad, en nuestros días se comenta con mucha frecuencia uno de los hechos más enigmáticos relacionados con el mar: el Triángulo de las Bermudas, que ha sido abordado de manera poco seria en varios trabajos literarios y cinematográficos. Durante más de 30 años, los fenómenos que ocurren en esa zona provocaron la desaparición de numerosos barcos y aviones.
El Triángulo de las Bermudas es una delimitación imaginaria situada frente a la costa atlántica suroriental de los Estados Unidos. Se extiende desde las Bermudas, por el norte, hasta el sur de la Florida; va por el este hasta un punto situado a través de las Bahamas, más allá de Puerto Rico, y luego regresa a las Bermudas. Los vértices del triángulo son las Bermudas, Miami y San Juan de Puerto Rico.
En esta zona han ocurrido hechos inquietantes y casi increíbles que, por lo tanto, entraron al catálogo de los misterios no resueltos del mundo. Más de cien barcos y veinte aviones han desaparecido en esa zona, en medio de una atmósfera transparente. La mayor parte de las desapariciones han sucedido desde 1945, y en los últimos treinta años se han perdido allí más de mil vidas humanas.
Este enigma despertó la curiosidad e interés de los científicos de varias partes del mundo, quienes iniciaron una serie de estudios sobre las corrientes marinas a diferentes profundidades, la temperatura y salinidad de las aguas y sobre la topografía del fondo, para aclarar el misterio.
En 1978 se organizó un grupo internacional de expertos encabezado por científicos soviéticos y norteamericanos para trabajar en el área, con base en un ambicioso programa conjunto llamado Polymode. Sin embargo, hasta la fecha sólo han logrado elaborar hipótesis, que a veces resultan contradictorias entre sí.
Algunos autores consideran que las ondas infrasónicas son las causantes de los trastornos tanto en los barcos y aviones como en los pasajeros. Otros achacan estos problemas a fenómenos de magma y magnetismo, los cuales podrían alterar compases, girocompases y toda clase de instrumentos eléctricos y electrónicos que sirven a los aviones y barcos para la navegación.
Ciertos investigadores sostienen que, para explicar el Triángulo de las Bermudas, se tienen que remontar al origen y estructuración de la Tierra, la cual, según ellos, se formó a raíz de una aglomeración de asteroides que giraban en torno a un centro de gravedad. De esta aglomeración surgió pues el planeta, que según esos investigadores era semejante a un gigantesco cristal que estaba compuesto por 20 triángulos. Entonces, se supone que en el lugar donde se unen los vértices de los triángulos suelen presentarse fenómenos atmosféricos específicos. De acuerdo con la teoría en cuestión, una de estas uniones coincide con el Triángulo de las Bermudas, y otras con algunas áreas donde también han desaparecido barcos y aviones.
Por último, se cree que los fenómenos en el Triángulo de las Bermudas tienen relación con una poderosa corriente que parte de la superficie del océano y llega hasta el fondo. Dicha corriente, que es producida por el movimiento de olas ocasionadas a su vez por la acción de los vientos del norte, se localiza en la costa de Puerto Rico.
Este conjunto de hipótesis llevará posiblemente a establecer algún día la explicación científica del misterio que rodea al Triángulo de las Bermudas.
Algunas de las leyendas de la mitología hablan de las acciones divinas de dioses y semidioses que supuestamente gobernaban los fenómenos oceánicos. El hombre siempre ha sentido la necesidad, ante lo desconocido, de creer en algún ser sobrenatural que lo protege, y de esta manera ha tratado de explicar el origen de sus aciertos y desventuras. Estas inseguridades, presentes de diversas maneras durante la evolución de las distintas culturas, se han expresado como creencias religiosas, mitos y supersticiones.
Hechos tales como que el mar se encrespe durante la tempestad o que el viento se niegue a soplar, o que un navío se hunda o navegue en calma chicha, han sido atribuidos a los dioses, los cuales pueden ser crueles o amables o estar acompañados de gran cantidad de santos. De esa manera, los navegantes escogen a sus patronos, a quienes imploran, con la oración y la ofrenda, favores y protección.
La mitología escandinava da cuenta de un hábil navegante llamado Odin, quien era el dios protector de la valentía. Los relatos hacen intervenir con frecuencia a esta deidad en la vida de los vikingos.
Homero consideraba que el dios Océano era el padre de los dioses, lo que daría a los marinos una posición privilegiada. Entre los dioses grecorromanos relacionados con el mar destacan Neptuno, Anfitrite y Afrodita, esta última poseedora de un doble papel: diosa del amor y protectora de la navegación.
En la Edad Media y el Renacimiento, el dios de los cristianos se impuso en las creencias de los marinos. Se dice que los santos que lo acompañan proporcionan ayuda en los casos difíciles; por ejemplo, San Telmo auxiliaba a los navegantes en caso de grandes tempestades, permitiéndoles llegar a puerto.
Los marinos griegos del siglo XVII invocaban a San Nicolás durante las tempestades, y cuando iniciaban sus travesías siempre llevaban 30 panes para este patrono. Otros santos los protegían contra los monstruos del mar o contra la acción de las tormentas, como Santa Bárbara, quien los cuidaba del rayo y de la ballena.
Las culturas americanas también sintieron necesidad de ofrecer tributo a sus dioses, a quienes les daban diferentes nombres y les atribuían distintos poderes.
En el México prehispánico, la cultura azteca, la más floreciente de todas, veneraba a una serie de deidades relacionadas con el mar y la pesca, según informaciones que quedaron registradas en las crónicas y en los códices. Entre estos dioses destaca Tláloc, al cual imaginaban poderoso y consideraban engendrador del agua. A su compañera Chalchiuhcueye se le daban varios nombres muy expresivos que significaban, unos, los diversos elementos que producen las aguas, y otros, los diferentes visos y colores que forman las mismas con su movimiento. Ella tenía gran poder sobre las aguas del mar y de los ríos.
Los pescadores aztecas veneraban a un dios protector, Opochtli, a quien creían inventor de las redes y demás instrumentos para pescar.
Conforme aumenta el conocimiento sobre el mar y sus habitantes, van cambiando las creencias del hombre respecto a las manifestaciones divinas del océano.
Como se ha podido ver a lo largo de estos ejemplos, el océano y sus maravillas han permitido que la imaginación y creencias humanas se explayen ilimitadamente, que el hombre pueda apreciar el mar en toda su belleza y esplendor y hacer suya esta frase: "¡Cuántos misterios encierra el océano y, sin embargo, el hombre no duda en lanzarse al mar abierto!"
 

lunes, 7 de mayo de 2012

Leyendas y mitos de asturias

NINFAS O HADAS: LAS XANAS
Las xanas alcanzaron una enorme popularidad en Asturias quedando atestiguadas por la abundancia de topónimos registrados. Así, existen cuevas de las xanas en Colunga, Caravia, Proaza, Aviles y Nava; fuentes de las xanas en Llanes, Somiedo, Candamo, Aller, Grado, Quiros, Mieres y Caso; hay un prado de la xana en Payanedi (Laviana); un monte de la xana en Berbes (Rivadesella) y Caravia; y un arroyo y un desfiladero de las xanas entre los concejos de S.Adriano y Quiros. Por otra parte son muy numerosos los lugares en que habitan o han sido vistas las xanas, así como los sitios en que la imaginación popular sitúa tesoros escondidos pertenecientes a ellas.
Las xanas son unas ninfas benéficas de agua dulce que tienen el mismo lenguaje que utilizan los humanos. De pequeña estatura, de extraordinaria belleza física y larga melena rubia, visten habitualmente el traje típico regional y son cristianas. Habitan en las fuentes, en las cuevas y en las riberas de los ríos.
Algunas xanas están encantadas y poseen grandes tesoros. Delante de sus moradas extienden en ocasiones ruecas y ovillos de oro o plata, puesto que una de sus actividades principales es hilar, y de los mismos preciosos metales son los peines, tijeras, pollos y gallinas, bolos y bolas con que juegan en la mañana mágica de S. Juan. Estas hadas sólo son visibles al amanecer y no siempre resultan huidizas, ya que a veces mantienen relaciones amistosas con los pastores y campesinos, a quienes regalan objetos de oro o plata en agradecimiento a algún favor prestado.
Pueden tener hijos, los xaninos, a los que suelen a veces cambiar por los niños de los campesinos para que sean alimentados e incluso bautizados. Los xaninos se distinguen por ser extraordinariamente velludos, aunque en ocasiones es preciso recurrir a otras artimañas para descubrir al impostor y obligar a la xana a que vaya a recoger a su hijo y devuelva el niño raptado. Esta conducta de las Xanas se debe a que tanto ellas como las brujas carecen de pechos y no pueden amamantar a sus hijos.
Para desencantar a una Xana, la costumbre más común era entregarle un bollo de pan.
Los nombres de las xanas, varían según la zona: en Llanes, Injanas, en Ponga, Xianas, en Cudillero y Muros del Nalón Xanías.
El mito actual sobre las xanas, es una deformación lejana de un antiguo mito celta, recuerdo de una antigua divinidad que era conocida en Asturias.
Leyendas de las Xanas:
  • Oye, mujer
“Una mujer de la parroquia de Cardo, del concejo de Gozón, venía del molino con el follicu sobre la cabeza, y al llegar junto a la fuente, puso su carga sobre una muria y sentóse a descansar.
Cuando se levantó para continuar su camino, vio que por el ojo de la fuente asomaba un rosario blanco y exclamó:
- ¡Ave María Purísima! ¡Qué rosarín más guapu sale por el ojo de la fuente; voy llevalu pa la mio fía!
Y al momento de cogerlo, salió una Xana y le dijo:
- Oye, mujer: si me quitas el rosario, ¿cómo me arreglo para rezar?
Y la mujer dejó allí la prenda y marchó avergonzada”.
  • Cien años va que nací
Una Xana cambió a su hijo por el de una salladora para que ésta diera de mamar al xanín. La salladora quiso asar manzanas para cenar y las puso en el llar alrededor del fuego; después sacó al niño de la cuna y lo sentó detrás de la lumbre; el niño al ver las manzanas dijo:
  • Cien años va que nací y nunca tantos pucheros vi.
Entonces, la salladora se dio cuenta de que su hijo había sido sustituido por el de una Xana.
  • Toma el tu mocosín

A una vecina de La Canga, concejo de Colunga, mientras iba a trabajar al campo, dejaba a un hijo suyo acostado en el trubiecu.
Un día, cuando regresó del campo, encontró en el sitio de su hijo un niño muy pelosu. Y la mujer dijo para sí:
  • Alguna Xana llevó el nenu míu y dejó el suyu porque ella non trae llechi y quier que yo i dé de mamar; pero aunque llore de fame tres meses seguidos, la teta mía non la chupa. ¡Non, madiós!
Al poco tiempo, el niño comenzó a llorar fuertemente. Y cuando la Xana le oyó, dijo a la mujer:
  • Amamanta y ania a ese nenu, bien se conoz que tuyu non é.
Y viendo que la mujer no le hacía caso, acercóse a ella diciendo:
- Toma el tu mocosín y dame el mió pelosín.

  • La Xana del Castiellu de Aguilar
En al cueva del monte de Castiellu que está junto a la playa de Aguilar en Muros de Pravia, vive una Xana encantada. La encantaron sus padres y no podía salir de su encantamiento hasta que no se presentara un hombre valiente que la bajara en sus brazos, desde la cueva hasta la playa, sin detenerse en el camino ni dejarla caer al suelo. El hombre que hubiera hecho esto, se haría dueño de todas sus riquezas, porque la Xana le regalaría el tesoro que guarda en la cueva envuelto en un pellejo de buey pinto. La Xana jugaba en la playa a los bolos con bolera de oro. Devanaba ovillos con el hilo de la fuente y tendía su colada en la falda del monte. La Xana esperaba un año tras otro, pero no llegaba un hombre que se atreviera a desencantarla. Un día que estaba guareciendo el dengue a la puerta de la cueva, pasó por allí un mozo que le preguntó quién era y qué hacía allí; la Xana le contó todo lo que debía hacer para desencantarla, y el hombre cogióla en brazos y se la llevó a la playa. A medida que se alejaban de la cueva, la Xana fue desencantándose, por lo que iba aumentando de peso y tamaño. Pero cuando iban llegando a la playa, se desató una gran tempestad, y el caballero, entre los truenos, relámpagos, las fuertes olas y el peso de la Xana que cada vez aumentaba más, se asustó y la dejó caer al suelo. La Xana entonces se alejó llorando porque habíase quedado hechizada para siempre. Desde entonces no se ha vuelto a ver a la Xana jugando a los bolos en la playa del Castiellu de Aguilar.
GENIOS DE LA NATURALEZA:
  • El Nuberu:
  • Es uno de los seres míticos más importantes de la tradición Asturiana. Este personaje mitológico es conocido en toda la región Asturiana y se le suele asociar con el agua. Hay constancia de las apariciones del Nuberu prácticamente en casi todos los concejos Asturianos, aunque con más frecuencia en las zonas montañosas.
    La tradición popular afirma que el Nuberu bajó a la tierra en diferentes zonas de Asturias: Faro y el Monte Naranco, en Oviedo; Taja, S. Salvador y el Monte de la Magdalena, en Teverga; S. Martín de Luiña y S. Juan de Piñero, en Cudillero; El Fresno, en Grado; El Bao y Saliencia, en Ibias; Celón, en Allande; Aciera, en Quirós; el monte de Moreda, en Llanes; una majada de Cabrales; y la majada de Merguyines, en el Sueve.
    El Nuberu es el genio de las tormentas. Es un ser maléfico, que causa grandes destrozos en los campos cuando hace chocar los truenos y descargar trombas de agua y granizo sobre ellos, aunque en ocasiones, se porta bien con quienes le ayudan cuando baja a la tierra. Es casi negro de una fealdad monstruosa, de estatura elevada, anchas espaldas, brazos musculosos y fuerza colosal. Viste traje de pieles, usa grandes barbas, se cubre con un sombrero negro de anchas alas y viaja cabalgando sobre las nubes. Según la leyenda se llama Juan Cabrito, y habita, junto con su mujer y sus hijos en la cumbre de un monte cubierto de niebla, en Egipto.
    El Nuberu recibe también los nombres de Nubeiru, en Quirós, Teverga y algunos concejos limítrofes con Galicia; Renubeiru, en Somiedo, Cangas del Narcea e Ibias; y Escolar, en S. Martín de Luiña (Cudillero), Allande, Grandas de Salime y las brañas vaqueiras.
    La mejor manera de conjurar contra el Nuberu consiste en hacer sonar las campanas de las iglesias. Según creencia popular recogida en Grandas de Salime, las campanas, al ser tañidas, lanzan este conjuro:
    • Detente nube y nublado,
    Que Dios puede más que el Diablo.
    Detente nube,
    Detente tú;
    Que Dios puede más que tú.
    Esta costumbre de hacer repicar las campanas para alejar al Nuberu viene desde el año 1922. Otra fórmula muy eficaz para alejar al Nuberu, consistía en que este conjuro lo lanzara el cura de la parroquia del pueblo, quién muchas veces tenía que ser sujetado por dos hombres fuertes para que el Nuberu no se lo llevara. Otra costumbre menos frecuente era que el cura lanzara el bonete o un zapato para “romper la nube”.
    Otra forma, era encender velitas benditas o “tenebrarias”, quemar romero y laurel bendito y repetir varias veces la entonces conocidísima oración de Sta. Bárbara. También se ponía a la puerta de las casas la pala de enformar. Asimismo, daba excelentes resultados colocar el carro al revés, es decir, con las ruedas hacia lo alto. En algunos pueblos del concejo de Ibias, para cruzar la nube”, un vecino sacaba el ara de la iglesia y trazaba con ella una cruz en el aire.
    La procedencia de este mito podría ser líbica o asiática. ¿Qué en qué nos basamos? La morada de este mito es Egipto, y su existencia en Asturias se debe a la admiración en la parte occidental de Asturias de mercaderes fenicios u orientales, hacia toda la riqueza minera de Asturias.

    Leyendas del Nuberu:
    • Descárgalo allí:
    Un día se presentó el Nuberu en el concejo de Grado, sobre la parroquia de S. Martín de Ondés, y en cuanto inició la truena, se reunieron los vecinos y comenzaron a decir:
    • ¡Probes de nosotros si el cura no echa de aquí al Nuberu!
    Y fueron corriendo hacia la casa rectoral. El cura al oír a los vecinos, lanzó varios conxuros; después descalzó un zapato y lo tiró a su huerta diciéndole al Nuberu:
    • Descárgalo allí.
    El Nuberu descargó sobre el zapato una pila de pedral que tardó más de quince días en derretirse. Así, el cura estropeó su huerta, pero salvó la cosecha de los vecinos.
    • ¿Qué haces ahí Pedro?
    Un día fueron unos vecinos de Vidiago, concejo de Llanes, al monte de Moreda al ver el ganado que tenían allí veraneando.
    Entre ellos iba con ellos iba un viejo que se llamaba Pedro. Y como no podía caminar tanto como sus compañeros quedóse descansando al pie de la fuente de Joyubardal.
    Se puso a envolver un cigarrillo, y de pronto apareció el Nuberu dando saltos por el aire y le preguntó al viejo:
    • ¿Qué haces ahí, Pedro?
    • Voy al monte a ver mi ganado.
    • Mejor das la vuelta para tu casa, porque de ramas arriba voy a soltar una nube como no se ha visto otra y te mojarás.
    Pedro dio la vuelta por (sic) su casa, y en cuanto llegó a la arboleda que cubre la falda del monte, el Nuberu descargó una nube muy grande.
  • El Busgosu:
  • Este personaje se caracteriza por tener rostro, torso y brazos humanos; también lleva cuernos y tiene patas de cabra. Según la leyenda, anda por nuestros bosques persiguiendo a las mujeres jóvenes para llevarlas a su caverna…
    Pero estamos en el mismo caso que antes; no hay leyendas ni escritos ni testimonios de gente asturiana que demuestre lo anteriormente dicho. Si que después de mucho investigar, hemos llegado a la conclusión de que este mito no es Asturiano, sino Vasco, pero algún autor para darle más importancia a la mitología Asturiana se le ha ocurrido incluirlo…
  • Los Ventolines:
  • Son más pequeños que los Nuberus; De día, por lo general, están en la región del fuego; por la noche, flotan en el espacio a través de rayos de luna, por lo cuál a veces es posible distinguirlos. Tienen un tono de voz como el de los amantes y es capaz de dormir a un niño en su cuna.
    Son hermosos y de facciones proporcionadas; cantan sobre la atmósfera en la noche de S. Juan, al ritmo que danzan las Xanas.
    Son los responsables del rocío y de las lluvias de verano, vuelan con alas de gasa y con ellas pasan rozando las olas y levantando con su soplo esas neblinas blancas y transparentes, a través de las cuáles suelen verlos los niños, porque sólo se muestran a éstos.
    Sin embargo, creemos importante destacar que no forma parte de la mitología asturiana, ya que, por una parte, no es nada popular, por otra, no existen testimonios ni fuentes que demuestren todo lo dicho anteriormente, por otra, parece casi probable que este mito fuera invención de alguno de los primeros autores especializados en mitología Asturiana, como por ejemplo Constantino Cabal, Aurelio de Llano, o Tomás Cipriano Agüero.
    DUENDES Y ESPÍRITUS FAMILIARES:
  • Los Trasgus:
  • Son unos personajes mitológicos que tienen un origen céltico - romano, proceden de los gnomos, silfos, kobolds,,, que surgieron como antiguas mitologías en las tierras del Norte de Europa cuando las viejas divinidades célticas fueron siendo arrinconadas por el cristianismo.
    El trasgu es de figura diminuta y simpática, viste de blusa de bayeta colorada y cubre su cabeza con un gorro del mismo color. Por el momento, nadie se ha fijado si gasta o no pantalones o si anda descalzo o no. Por las noches penetra en las casas cuando los moradores están durmiendo y se entretiene en hacer las labores domésticas, pero si está de mal humor rompe cuantos cacharros hay en la casa, revuelve la ropa de las arcas, trasiega el agua de una herrada a otra, saca el ganado del establo y lo lleva al abrevadero dando voces y gritos que espantan a las reses…
    De todas estas travesuras, no resulta daño material alguno, puesto que, al levantarse los dueños de la casa, encuentran todo intacto. El Trasgu, tiene un agujero en la palma de la mano izquierda y por eso, cuando se pone muy pesado, uno puede deshacerse de él mandándole hacer una de estas tres tareas: Traer un paxu (cesto) lleno de agua del mar; Coger del suelo medio copín de linaza; o blanquear una pelleja de carnero negro. Está claro que traer agua en un paxu no es posible, así como tampoco lo es recoger la simiente de lino con las manos, puesto que a medida que la va recogiendo le vuelve a caer por el agujero de la mano izquierda. En cuanto a blanquear la pelleja, tampoco lo puede lograr, aunque ande con ella lavándola por los ríos. Mientras canta:
    • Aunque gaste más jabón que de Madrid a Valencia,
    No se me ha de poner blanco este pellejo o pelleja.
    Ante la imposibilidad de realizar estas tareas, el Trasgu, picado en su amor propio, abandona la casa para no volver.
    Leyenda del Trasgu:
    • ¡Ux, que me quemé!
    Vivía en Duyos, concejo de Caravia, un matrimonio sin hijos. En las noches de invierno, después de tomar la cena, el marido se iba a conceyar a casa de un vecino, y mientras tanto su mujer amasaba una torta y la ponía a cocer en el llar. Durante la cocedura de la pasta, la mujer acurrucábase sobre un riestru y comenzaba a hilar copos de lino.
    Cuando la torta estaba en su punto de cocción el Trasgu bajaba por las calamiyeres, cogía la torta y se alejaba diciendo: ¡Ja, ja, ja, te la llevé! Y esto ocurría una y otra noche sin que la mujer se atreviera a decir nada al bromista. Pero una noche se puso de acuerdo con su marido para que éste se quedara hilando, vestido con la ropa de ella, y colocara una piedra en el llar, en vez de una torta.
    A la hora acostumbrada asomóse el Trasgu a la baranda de la cuña y quedó sorprendido al ver que la hilandera tenía barba. Sin atreverse a entrar, dijo ahuecando la voz:
    • Oye, ¿Tienes barbes y files?
    • ¡Sí!
    • ¿Files y non salives?
    • ¡Sí!
    • ¿Quieres que coja la torta?
    • Cógela si quieres.
    Entonces el Trasgu bajó muy contento, pero en vez de la torta cogió la piedra ingrienta y soplando las manos subió por las calamiyeres diciendo:
    • ¡Ux, que me quemé!
    DEMONIOS:
    1) El Diañu:
    Es un mito que está muy extendido por el occidente Asturiano. Dicen de él que construye puentes de una noche para otra, aunque quizás esta creencia esté relacionada con la de que, cuando muere una persona, el alma tiene que atravesar un puente guardado por el diablo; para poder pasar, es necesario que el alma sepa recitar las doce palabras retornadas, a cuyo conjuro desaparece el diablo y puede aquélla seguir su camino hacia el cielo.
    2) Los Malinos:
    Son demonios que habitan dentro del cuerpo de las personas y que les ocasionan grandes daños de todo tipo.
    Se dice que una persona tiene un pauto cuando recibe ayuda del malino que lleva en su interior y éste le da capacidad para hacer infinidad de trabajos con gran rapidez y a la perfección.
    Era muy habitual en los pueblos cuando se encontraba un tesoro en las profundidades avisar al párroco. Si opinaba que el tesoro estaba endemoniado o poseído, se debía rociar la tierra que cubría el tesoro con agua bendita, con un humazo de una olla grande, con mirra e incienso, laurel, hierbas de S. Juan, romero, piedra de azufre, y ruda, todo esto bendito, se dejaba unos cuántos días. Luego según fuesen cavando, se iba echando agua bendita para quitarle la pestilencia.
    3) El Diañu Burlón:
    Es un espíritu maligno que disfruta mofándose de las personas. Siempre hace sus travesuras por la noche, se ríe de su víctima a grandes carcajadas y desaparece raudamente. Se le suele reconocer por su capacidad para aumentar y disminuir su peso y tamaño a su antojo, y por orinar frecuentemente sobre sus víctimas antes de reírse de ellas.
    Se aparece preferentemente en caminos y montes. Rara vez se encuentra en las casas. Suele adoptar la forma de un humano, (aunque nunca de una mujer), pero también puede parecer un animal cualquiera según su conveniencia. Para ahuyentarlo, sólo es necesario pronunciar el nombre de Dios o la Virgen.
    En Caravia se le espantaba con este conjuro:
    - Jesús, María y José, si eres el diablu, de ti reniego; mierda del gatu pal diablu, vete pa la peña.
    Y en Allande…
    - Jesús, María y José, si eres el Diablu, de ti reniego, mal añu pa ti, doite mierda de gatu negru, la cruz te fago, veite pa las peñas de Fontoira.
    Leyendas del Diañu Burlón:
    • ¡Cucurucú!
    Tres mozas del concejo de Allande, fueron una noche al molino a moler maíz.Y como la operación duraba hasta el dia siguiente por la mañana se acostaron cerca del banzal y escuchando el ruido de los molinos quedáronse dormidas.
    Al amanecer, cuando ya los paxarinos cantaban a la orilla del rio, las mozas oyeron llorar a los pies de ellas un recien nacido.
    Una de las mozas sentóse encima de un follicu y al mismo tiempo que se restregaba los ojos pregunto:
    • ¿Cual de vos pariu esti nenu?
    • Serias tú que fuiste la primera que le oiste tchorar.
    • Serias tú.
    • O tú.
    • O esta.
    Y las tres armaron gran riña sobre cual de ellas era la madre del niño. Por fin, una de las mozas compadecida del recien nacido que lloraba y ”espernesaba” furiosamente, le cogio y dijo:
    • Mientras parece la madre, fágome yo cargo del nenu.
    • ¡A!-dijeron sus compañeras.
    Cuando la moza llego a su casa encendio un buen fuego, calento el agua y con ella lavo alñ rapaz.
    Despues le secó cuidadosamente y llenándole de caricias le puso pañales limpios y le envolvió en una manta.
    • ¡Probin! - le decia la moza - catcha que te vou a preparar tchechina caliente y mientras tanto voy a poneti aquí xuntu al fuego. Así, ¡ajajá!
    Cuando la moza estaba cogiendo un cazo para calentar la leche, el nenu subió por la garmayeira hasta el guindaste y desde allí dijo:
    - ¡Cucurucú! amantásteme, calentásteme y secásteme el cu.
    • Ya pagaste las maquilas:
    Una mujer de Bada, concejo de Parres, por no pagar la maquila iba de noche al molino de Sopereda a moler su maíz sin que lo supiera el molinero. Una noche, al acabar de moler el grano, se presentó un perro negro en el molino, metióse en el “banzal” y no la dejaba recoger la harina.
    La mujer pudo echar al perro fuera, recogió el producto de la molienda en un cesto y en un follicu (saco que se usa para la harina), y marchó con ello para su casa. Cuando iba por un prado, el perro se acercó a ella y para que no la mordiera le dio un puñado de harina. Ycomo todavía trataba de “calcái” los dientes le dio otro puñado, y otro y otro hasta que acabó lo que llevaba en el cesto.
    Después echó mano de la que llevaba en el follicu y poco a poco se lo dio todo al perro. Éste se puso delante de la mujer, soltó una carcajada y le dijo:
    - Ya pagaste las maquilas que debías al molinero.
    4) El pesadiellu:
    Los pocos datos que se poseen acerca del pesadiellu nos lo proporcionan las leyendas.
    Es un espíritu maligno que se aparece por las noches, tiene el aspecto de un macho cabrío que aumenta sin cesar de peso. Es bastante mas terrorífico que el diañu burlon y carece casi absolutamente de sentido del humor.
    Para librarse de él es necesario rezar, invocar el nombre de Dios o, al menos, mostrarle algun símbolo cristiano.
    En ocasiones adquiere el aspecto de una enorme mano humana, muy fuerte y belluda.
    Leyenda del pesadiellu:
    • Un peso encima exagerado
    Llano, que ta vive'n Les Cuerries, Fresnosa, diba una vez a cortexar dempués de haber dichu que non tenía mieu ni al diablu. Al pasar co la juente San Pedru acomenzó a sintir un pesu'ncima desagerau; ya non era pa'andar, cuando llegó a cas adaba unos pasos de a polgada. Echóse'n' a cama y el pesu siguía; temblaba la cama con elli. Sintiólo so padre desde'l otru llanu y preguntoi:
    • Entós, ¿qué te pasa, qué te pasa?
    Era el pesadiellu y hubo abrucar de mieu por haber hablau más de la cuenta.
    • El peso encima del alma
    A Ramiro de La Carrera, le faltaba de su rebaño de ganado vacuno una añoja que pastaba suelta por el puerto de La Boya debajo de Currietsos - cosa que era frecuente - porque los vecinos de Pendiella, en la Tercia de Argüello, “prindaban” las vacas que pasaban de la raya y él, no quería pagar la prindada. Fue a buscar la res, subió al puerto, se hizo de noche, y se acostó en su cabaña pastoril de la majada de La Boya. Sería hacia la media noche cuando comenzó a sentir encima de sí, u peso que cada vez se hacía mayor. Él ya conocía el mal del Pesadiellu y enseguida diagnosticó su padecimiento. Aplicó el bálsamo milagroso a aquél mal, y comenzó a rezar hasta que le pasó del todo y además dio gracias a Dios y rezó aún más. Se levantó de la camera y tenía el cuerpo totalmente resentido, no sabía si era el peso que soportó, o del mal colchón de su humilde cabaña pastoril, o de todo ello. Era el amanecer, más de noche que de día y salió fuera de la cabaña, a la majada, dónde las vacas bramaban… El susto fue gordo; la añoja que buscaba, estaba allí entre las otras vacas. Quedó contento, porque no tenía que pagar el derecho de la prindada, pero al mismo tiempo, confuso, porque no sabía si el rezo le había traído la añoja al redil, o si la trajo el Pesadiellu.
    APARICIONES NOCTURNAS:
  • Las Lavanderas:
  • Son viejas de rostro arrugado, cabello blanco, mirada feroz de la cuál se desprende un brillo sombrío y aterrador, poseen una voz lúgubre, vestidas con túnicas amarillas, que habitan en las orillas de los ríos, en cavernas o en los huecos de antiquísimos castaños.
    Aunque tienen algunos rasgos de ferocidad, no por eso dejan de ser benéficas y humanas. Sin embargo, cuando alguno las llega a ver excitado por la curiosidad, las lavanderas en pago de ella le dan la muerte más horrorosa…
    Son los mitos de los raudales de agua que la tempestad forma en las sierras asturianas y que se despeñan espumosos y rugientes por cauces improvisados o saltando de peñasco en peñasco. Suelen tener romances con los Nuberus.
    Este mito apareció a finales del S. XIX y tanto en Cataluña como aquí, la lavandera hace oír en el fondo de la noche los golpes de su risa y de su pala, y provoca inundaciones y manda sobre las nubes.
    Las lavanderas existen también en otros puntos de España; y en la alta Bretaña y en los Vosgos, en Francia.
  • La Güestia (o Hestia):
  • Éste es uno de los mitos más importantes y antiguos de la tradición asturiana, aunque no es específico de nuestra región.
    Es un cortejo de almas que purgan sus pecados y salen por la noche de los cementerios para ir en procesión a visitar a las personas que están próximas a morir. Sus componentes van vestidos con largas túnicas blancas y cada uno de ellos lleva una vela o un hueso humano encendido; mientras caminan van tocando una campanilla y canturreando una salmodia ininteligible. Golpean a las personas que tropiezan a su paso y, al mismo tiempo, les dicen:
    • ¡Andar de día que la noche es mía!
    Quien se encuentre con la Güestia debe procurar no confundirla con la procesión del viático y, si no tiene dónde ocultarse, ha de trazar un círculo en el suelo e introducirse en él. Pues el círculo es siempre respetado por la nocturna comitiva.
    En algunas ocasiones, al atravesar las huertas, recitaban:
    • ¡Cuando nos éramos vivos andábamos a estos figos , y ahora que somos muertos andamos por estos huertos!. ¡Andar, andar, hasta el tueru de la figar!
    Leyendas de la Güestia:
    • ¿Es esto la Güestia?
    Una noche iba un mozo de Teverga a cortejar y en la Llamosa se encontró con la Güestia, la cuál iba de Monticiello para la parroquia de Riello.
    El mozo era valiente, pero como se trataba de la Güestia, había que dejar el valor para mejor ocasión. Así es que, con algún miedo en el cuerpo, se escondió en el tronco hueco de un castaño.
    Y por una resquiebra se dispuso a ver el desfile de las ánimas.
    Acercó un ojo a la hendidura del tronco y dijo lleno de asombro:
    • ¡Calla!. Aquél que va delante cantando ye el capellán de la Plaza; aquél que toca la campanilla ye un vecinu de S. Salvador; aquéllos que sabanón blancu son de Carrea; y aquéllos… ¡Ay!. Pero, ¿es esta la Güestia que tantu atemoriza a los vecinos?.
    Salió el mozo de su escondite, arrancó un bárgamo de seve y deshizo la procesión a barganazos.
  • El Carro de la Muerte:
  • Se trata de un carro nocturno, que vuela por los aires y que sale en busca de muertos. No se ven los caballos que tiran de él y aparentemente no lleva conductor.
    Leyenda del Carro de la muerte:
    • Tragedia:
    En S. Pedro de la Llama (Ribadesella) vivía una anciana a la que llamaban la Señorona. Los vecinos, llegaron una noche y la encontraron acurrucada en el llar, pálida y tiritando de miedo… Y en cuánto ella los vió les gritó:
    • ¡Ay, probines del corazón, que acaba de pasar la el coche de la muertepor encima de la casa de Pepillo!
    Pepillo vivía enfrente de la Señorona, era viejecito ya, y en aquélla ocasión estaba malu.
    • ¿Y vióle usté María?
    • ¡Como ahora te veo a ti!
    Cuando llegaron las demás mujeres procuraron alentarla. El carro, seguro que no vendría por ella, pues aún no era muy vieja ni tenía grandes enfermedades. La tía María, se calmó y aún el otro día hizo el Sanmartín, que ya tenía preparado. Fueron varias vecinas a ayudarlas e hicieron un puñado de emberzados que eran una tentación…
    • ¡Mi alma que me apetecen! - dijo una.
    • Anda ponlos a cocer, que vamos a probarlos - dijo la Señorona.
    Metieron los emberzados en una caldera muy grande y siguieron su labor. Al poco raro se levantó la Señorona y sacó un emberzado por los hilos. En aquel mismo momento dijo una de las mujeres comentó que Pepillo había mejorado bastante, y la Señorona partió en dos el emberzado y repentinamente cayó al suelo. Acudieron las mujeres en su auxilio, pero ya la encontraron muerta…
    SERES MARINOS:
  • La sirena:
  • La sirena era una criatura marina con busto de mujer y cuerpo, patas y alas de ave, que extraviaba a los navegantes atrayéndolos con la dulzura de su canto. Más tarde se la empezó a representar con medio cuerpo de mujer de mujer y el otro medio de ave o de pez; esta última forma es la que a perdurado en la mitología popular española, y por lo tanto asturiana.
    En Caravia creían que por la noche se acercaban las sirenas a la costa columpiándose sobre las olas, y que desde el acantilado de Moracey se las podía oír cantar dulcemente al son del oleaje.
    Un marinero dijo:
    • En el medio de la mar oí cantar la serena; ¡válgame Dios, que bien canta una cosa tan pequeña!
    Y de la moza que posee buena voz se suele hacer esta ponderación:
    Aquella coloradina que vive junto a la peña, bebe agua cristalina, canta como una serena.
    Ponderación semejante a la que hacía la reina mora en el romance de El Conde Olinos, al oír al conde cantar:
    Escuchad, mis hijas todas; las que dormís, recordad, y oiredes a la sirena como canta por la mar.
    Parece ser que, por quebrantar una prohibición o por una maldición algunas mujeres se vieron convertidas en sirenas, tal como refleja la siguiente coplilla, de la que existen numerosas variantes en España y Portugal:
    La sirena de la mar es una moza gallarda, que por una maldición la tiene Dios en el agua.
    Leyendas de la sirena:
    • La maldición de la Serena:
    Pues, señor que Serena era una moza con único defecto: linda como un sol, esbelta como un mimbre, cantarina como un pájaro; pero tan aficionada a correr los peñascos de la mar a la busca de mariscos que tenía a su madre como loca…
    • ¡Por Dios, mujer - la suplicaba ésta cuarenta veces al día -, estáte quieta en casa unos momentos, que te pasas la vida entre las peñas! …
    ¡Pero ella como si no! … Tanto, que su pobre madre acabo por decirle una mañana:
    • ¡Así permita Dios que te hagas pez! …
    Y al meterse en el agua aquella tarde para coger un percebe, sintió Serena ganas de nadar. Y tenderse en el agua para hacerlo, vio sus piernas hechas cola, se toco las escamas y dio un grito: ¡ya estaba cambiada en pez, como su madre le pidiera a Dios en un momento de furia! … Mas no tardo en consolarse revolcándose en el agua, y sentándose en las rocas, y cantando dulcísimas canciones, y a veces engañando a los mortales atraídos por su voz, y vengando de ese modo la maldición de su madre …
  • El Home - Marín:
  • Otro mito asturiano relacionado con el mar es el llamado en nuestras costas home - marín, que se puede identificar con el tritón de la mitología clásica greco - romana, al que se suele representar con torso y rostro de hombre barbado y cola de pez.
    A finales del siglo XIX, se creía en la existencia del home - marín, que recorría las playas y acantilados con perversas intenciones y que se movía con la misma agilidad en el agua y en la tierra. Es un ser muy temido y todavía a mediados del siglo XX se atemorizaba con él a los niños.
  • Los Espumeros:
  • Como los tritones, son espíritus del mar; como ellos pequeñitos, hermosos, juguetones, llevando también su trompa marina hecha de un caracol vacío; pero los Espumeros, no son peces de la cintura abajo como aquéllos, sino de figura humana, de niños, de silfos, de geniecillos mofletudos y sonrosados como los amorcillos de un cuadro de Wateau o de un techo de Boucher. Cabalgando unas veces sobre las crestas de las olas, revolcándose en las espumas de las rompientes, coronados de algas, sonando su trompa, van en la estela de los buques que parten o danzan entre las ondas delante de los que llegan. Pero nunca se alejan de la costa, porque tienen miedo a la tempestad. Apenas estalla, salen del mar envueltos en grandes mantos de polvo de agua y se refugian en las cavernas que habitan en los cantiles o entre los peñascos amontonados en la playa, donde las sacudidas de las olas no los alcancen. Las nieblas que muchas veces vienen rodando sobre la superficie del mar a estrellarse en el acantilado, no son tales nieblas, sino legiones de Espumeros.
    ANIMALES Y MONSTRUOS:
  • El Cuélebre:
  • Es una especie de serpiente de gran tamaño y alas de dragón, y cuerpo de color verde y rojo. Sus escamas son tan duras que rechazan las balas y únicamente se le puede dar muerte hiriéndole en la garganta o haciéndole tragar algo que no pueda digerir. Habita en la espesura de los bosques, en las grandes fuentes subterráneas, en las cuevas de los valles y de las montañas, y en las oquedades de los acantilados.
    Su principal misión es la de custodiar fabulosos tesoros y personajes encantados. Cuando es viejo y está muy encascarado, es decir, cuando su escama está muy dura y crecida le prohíbe Dios permanecer aquí y se va volando a la mar cuajada, donde viven los cuélebres que, por ser viejos, han sido expulsados de sus viviendas. En el fondo de este mar hay montones de riquezas, pero los hombres no pueden apoderarse de ellas por causa de la vigilancia de los cuélebres. En la mañana mágica de S. Juan estos fabulosos animales se aletargan o pierden su poder, y es cuando pueden ser desencantadas sus prisioneras.
    El cuélebre es un animal maligno que ataca a las personas y a los animales domésticos. Donde vivían estas grandes serpientes, los campesinos se veían obligados a alimentarlas on borña y pan de centeno, para que les respetasen el ganado.
    En la Fuente de la Vega, en Caravia, habitaba un cuélebre “tan grande como el timón del arado”. Junto al castillo de S. Martín (Soto del Barco) en el llamado “cañu del charcu”, en las proximidades de la desembocadura del Nalón, hubo un cuélebre con grandes alas al que un día arrastró la corriente. En Jenoyal, cerca del pueblo del Carmen (Ribadesella) vivía otro cuélebre comía “rapazos” En Buelnes, (Llanes) a la orilla del mar, hay una cueva donde se guarda un tesoro custodiado por cuélebres.
    En los cuentos populares y en los encantos de la mañana de S. Juan, los cuélebres desempeñan un importante papel, como también lo juegan en los viejos romances. En el de la muerte del impío se dice:
    ¡Ay del que allí se acercó!
    Dragón bermejo le guarda,
    El cuélebre volador.
    Y en el de la pastorcilla también le menciona:
    ¿Cómo es tan tarde e non viene
    la hija de mis entrañas?
    Si los osos la comieron,
    Si algún culebro la encanta.
    Leyendas del cuélebre:
    • La niña encantada
    Érase un grande señor que tenía dos hijas: una estaba para casarse con un conde. Y la otra hablaba secretamente con un mozo pobre y plebleyo.
    Enteróse de esto el padre de la niña y la encerró en un cuarto del palacio.
    Por una ventana se comunicaba con su novio, pero esto se descubrió y el mozo determinó marchar con un señor que iba a pelear contra los moros.
    De acuerdo con los encantadores, el padre cogió a su hija y con el dinero que le correspondía en herencia la llevó a una montaña; un encantador comenzó a leer por un libro, y de una cueva salió el Cuélebre que había de guardar a la niña. Esta, llorando a lágrima viva, rogaba a su padre que no la encantara, pero el tirano la hizo entrar en la cueva y como único consuelo le dijo los medios que tenía que emplear el que se atreviera a libertarla y la dejó allí encantada.
    Mientras tanto, su novio, dispuesto a ganar honores, hizo tantas cosas peleando contra los moros que el rey le hizo noble y le dio armas para su escudo.
    Y con esto regresó y presentóse delante del palacio de su novia. Por un criado viejo que estimaba mucho a la niña, supo lo del encantamiento y el mozo fue a la montaña y registró todas las cuevas sin resultado alguno. Después sentóse a descansar bajo la sombra de un fresno y de pronto oyó la voz de un pastor que iba detrás de su rebaño cantando:
    • Niña que estas encantada
    En la cueva de Cirbián,
    He de libertarte yo
    La mañana de S. Juan.
    El mozo atravesó corriendo un catollal, llegó al pie de la fuente donde estaba el pastor y le preguntó el significado de la copla.
    El pastor le contestó que estando él metido en el hueco de un roble para librarse de la lluvia, había visto, lleno de miedo, el encantamiento de la niña. Y que el padre de la niña al marcharse había dicho a su hija:
    • El que se atreva a desencantarte tiene que presentarse aquí la mañana de S. Juan cargado de reliquias y dar muerte al Cuélebre, de una lanzada en la garganta.
    Y si no hay quién se atreva a hacer esto - agregó el pastor - lo haré yo cuando sea hombre. ¡Si supiera usted qué guapa es la nena!
    • ¡Calla! A esa joven me corresponde a mí desencantarla.
    Y la mañana de S. Juan, armado de lanza y cargado de reliquias, presentóse el mozo en la cueva donde estaba encantada su novia y esperó.
    Al poco tiempo sintió un ruido muy grande y vio que en dirección a él avanzaba el Cuélebre silbando y dando golpes con la cola.
    El mozo, aprovechando un momento en el que el Cuélebre se enderezó frente a él, hinchando el cuello, le dio un golpe de lanza en la garganta y le mató.
    Inmediatamente se rompió el encanto y apareció la niña llena de hermosura delante del valiente mozo. Éste la cogió en sus brazos y la depositó desmayada en el campo.
    El pastor presenció la lucha del mozo con el Cuélebre desde el mismo sitio que había presenciado el encantamiento.
    Y cuando vio al Cuélebre caer muerto, fue corriendo a dar cuenta al antiguo criado de la niña. El padre de ésta había muerto el día que la encantó.
    Hiciéronse grandes preparativos en el palacio, y todos los habitantes del contorno se dirigieron a la montaña en busca de los enamorados, los cuáles se casaron a los pocos días. Y dieron al pastor una parte del dinero que había acompañado a la niña en su encantamiento.
  • Hombre - Lobo:
  • Se denomina licántropo al hombre que se transforma en lobo.
    La palabra proviene de las voces griegas lycos, “lobo” y anthropos, “hombre”.
    El hombre - lobo, aunque actualmente no está considerado como mito Asturiano, sí que tuvo su origen principalmente en el occidente de Asturias y el este de Galicia, así como el Norte de Portugal. El hombre - lobo es consecuencia de una maldición. Si unos padres tiene siete hijos varones, el último de ellos será hombre - lobo, y si un matrimonio tiene siete hijas, la última será bruja o lobera. La maldición puede ser de nacimiento, o cuando el padre/madre en un momento de irritación desee a Dios que su hijo/a se convierta en lobo. En este caso, la maldición dura siete años, en los que el individuo debe revolcarse en la tierra, e ir al monte compartiendo vida con otros animales de su especie.
    Leyendas del hombre - lobo:
    • El lobo de la calza:
    Una vez, un padre que tenía un hijo muy comedor de carne y un día de Carnaval, le dijo:
    • Que lobo te vuelvas por siete años para ver si te hartas de carne.
    El hijo, al oír la maldición pegó un brinco y salió corriendo para el monte; allí, se quitó la ropa, se revolcó en el polvo y convirtióse en un lobo, pero se le olvidó quitarse una calza por lo cual los cazadores le llamaban “el lobo de la calza”.
    Los lobos de la comarca no le querían porque no les dejaba matar ganado; con esto favorecía mucho a los vecinos; él lo pasaba muy mal porque le hacía daño la carne caliente, tenía que esperar a que se enfriara. A los siete años se revolcó en el polvo y se volvió hombre.
    Leyenda recogida en 1921 en la parroquia de Tormaleo (Ibias)
  • El Patarico:
  • Los habitantes de la costa comprendida entre los ríos Navia y Eo creyeron hasta hace unos 50 años en la existencia de un país legendario cuyos habitantes se llamaban Pataricos. Eran estos seres imaginarios con un solo ojo en la frente y dotados de olfato extraordinario al servicio de instintos antropófagos. Por esto era un peligro para los barcos navegar cerca de las costas de este país, en cuyas playas andaban los Pataricos, olfateando si habá cristianos que comer.
    El Patarico representa la versión Asturiana del mito clásico del cíclope, famoso en la literatura porque aparece en la Odisea de Homero y en un drama satírico de Eurípides.

    FANTASMAS O COCOS INFANTILES:
    En Asturias, para atemorizar a los niños pequeños y obligarles a callarse si lloran y a dormir si se resisten se suele apelar a unos seres fantásticos, de origen desconocido y que se denominan genéricamente cocos. El coco es una figura negra que causa espanto y que suele habitar en la cocina. El coco en Asturias es conocido como el rapeo y el rampayu, que se llevan a los niños no se sabe a dónde. (El primero es originario de Colunga)
    Pero aún hay otros más terroríficos que se los comen. Son éstos: El Papón, el Paparresolla y la Zamparrampa.
    El Papón, según cuentan en Cangas de Narcea, era un ser de talla gigantesca, boca enorme, ojos de fuego y estómago de horno ardiente. En Cangas de Narcea las madres cantaban a sus niños:
    • Calla, niño; calla, niño; mira que viene el Papón, y que viene preguntando dónde está el niño llorón.
    En otros lugares del occidente asturiano se decía:
    • Era sí, era non, que te comerá el Papón, que tua madre vay na misa y tou padre nel sermón.
    La Paparresolla es otro ser que come a los niños, cuya existencia está registrada en los concejos de Colunga, Caravia, Villaviciosa, Sobrescobio, S. Martín del Rey Aurelio y Bimenes.
    Según su propio nombre indica, es el fantasma que hace de miedo papar el resuello. Es decir, un fantasma que traga hasta el resuello. En Caravia se decía:
    - La Paparresolla cayóse na olla. ¡Ay! Que te come la Paparresolla.
    En S. Martín del Rey Aurelio y Bimenes se conserva esta rima con la que se mete miedo a los niños:
    • Papa Rosolla boca sangrando tripes afuera rabu arrastrando.
    De la Zamparrampa se decía:
    - Ahí bien la Zamparrampa con les tripes na garganta.
    La Zamparrampa se trata de una mujer vieja, paticorta y derrengada.
    Otros cocos infantiles de los que encontramos menos información son: El Farronco, especie de trasgu para meter miedo a los niños, (se localiza en el occidente asturiano) la Kaparruzia personaje representado con un saco cubriéndole la cabeza (En Sobrescobio) El xegome, del que apenas se tienen noticias, el Perfeuto que vivía en las chimeneas (En Vega, Ribadesella) el Hombre del Untu, que se dedicaba a abrir a los niños para sacarles los untos (también se le llamaba sacamantecas) y el chupasangres, personaje que sorbía, a través de un canutu o jeringa de madera la sangre de los niños. Estos dos personajes se usaban para atemorizar a los niños más mayores a fin de que no llegaran a casa a deshora.
    Finalmente, existen otros seres míticos que no son cocos ni se usan para atemorizar a los niños, sino que se mencionan cuando comienza a entrarles el sueño. Son el equivalente asturiano al Morfeo clásico, en Colunga ese personaje es conocido con el nombre de Mociquín de Peón, pero en otras zonas se conoce como Xuan, y así en Gijón se llama Xuan de Pión; en Aller se le llama Xuan de las cerraes. Así cuando los niños asturianos empiezan a bostezar y a cerrar los ojos, se dice: “Ya vién Xuan de…” ó “Ya t' aquí Xuan de…”
    SERES INVISIBLES O SIN FORMA DETERMINADA:

  • El Sumiciu:
  • Se trata de un duende casero que se encarga de robar sin mala intención las cosas. Nada se escapa de sus uñas. Su propio nombre indica su profesión; tiene su origen en sumere, tomar, adquirir, apropiarse…
    Principalmente se complace haciendo desaparecer aquel objeto que su dueño acaba de tener entre las manos y que, misteriosamente parece haberse disuelto en el aire.
    Nadie ha conocido su forma física jamás, porque es invisible así que solamente es famoso por sus hazañas.
  • La Guaxa:
  • Es una vieja seca, arrugada, con ojos en cuyo fondo parecen brillar chispas de fuego del infierno. Donde hay un niño rollizo, una muchacha hermosa y fuerte, penetra la guaxa por la noche y con el único diente que tiene les abre una arteria, durante el sueño y chupa su sangre con delicia. La guaxa no para hasta que no mata a su víctima. Sólo se les puede ahuyentar con un amuleto, un exorcismo o un milagro.
    También se suele identificar a la Guaxa con la coruxa, ave nocturna de malos presagios muy relacionada con las brujas.
    Cabe la posibilidad de que la Guaxa sea la popular bruja de muchos cuentos populares.
    LOS ENCANTOS DE LA NOCHE DE SAN JUAN:
    El culto al sol en la noche - mañana de San Juan proviene de su coincidencia con el solsticio de verano, que ya era venerado y celebrado por los celtas. Fue muy común que los jóvenes de Caravia, subieran en la noche de San Juan al monte de Babú para ver al sol bailar en el momento en que aparece bañándose allá donde las aguas del mar se juntan con las del cielo.
    También se da culto al fuego saltando la famosa y tradicional hoguera de S. Juan.
    El culto al agua se representaba bañándose en agua o rocío en esta mágica noche. Se creía que todos los santos bendecían esa noche a las doce, campos, montes, ríos arroyos y fuentes.
    En Proaza, los jóvenes iban de madrugada a lavarse la cara a las fuentes y las personas mayores que padecían sarna o erupciones cutáneas, se revolcaban completamente desnudas en los prados, costumbre también registrada en Aguino (Somiedo), en Borines (Piloña), Tormaleo (Ibias) y algunos pueblos de Allande eran las mozas las que se revolcaban, completamente desnudas, en los prados para participar en las virtudes del rocío.
    En la Riera (Somiedo) tienden las ropas al rocío porque esto libra de las enfermedades a quienes luego las usan.
    Los vecinos de Perlunes y Valle del Lago, en el concejo de Somiedo, sometían a las ovejas a aspersiones de agua y después las llevaban a pacer a la rosada (rocío) antes de que saliera el sol, porque los rayos del astro le quitan la virtud. También era corriente poner, en la víspera de S. Juan, sal al sereno y dársela al amanecer al ganado; este rito de “salar las vacas con sal bendita” servía para preservarlas de las enfermedades.
    Otra importantísima costumbre era la de coger la flor del agua que brota en el cristal de las fuentes en el instante de romper el alba de la mañana de S. Juan, y que no dura más que un instante y que haría feliz en sus amores al que lograra cogerla en ese momento.
    En varios concejos asturianos era costumbre que fueran las mozas de un pueblo a quitar la “flor del agua” a las de otro cercano, lo que ocasionaba grandes riñas y peleas. En otros lugares, la moza que llegaba primero a un manantial o a una fuente colocaba una rama como señal de que había logrado coger la flor del agua; cuando llegaba otra, hacía lo mismo, porque comunmente se creía que la moza que hubiera logrado coger la flor del agua se casaría ese mismo año.
    Por último, el culto al árbol y a los vegetales se halla también representado en los ritos de S. Juan. Los mozos asturianos colocan ante las casas de sus novias un árbol (roble o fresno) denominado ramu, con el objeto de que el santo los bendiga. Tras ello, recorren el pueblo cantando:
    Mañanita de S. Juan, madruga, niña, temprano a entregar el corazón al galán que puso el ramo.
    Las mozas, por su parte, enraman las fuentes y los manantiales, es decir, los adornan con ramas y flores.
    En algunas parroquias, como en la de Jarceley (Cangas del Narcea) colocan sobre el tejado un ramo mojado en la fuente esa mágica noche con el objeto de que no puedan caer rayos sobre la casa. También es tradicional coger el trébol de cuatro hojas (de ahí viene la canción de “a coger el trébole…”) Las hierbas medicinales no se recogen antes de medianoche, luego se cuelgan en las ventanas de las casas para que reciban la bendición de S. Juan. La más famosa es la flor de saúco:
    La flor de sabuco madre, yo la tengo recogida del sereno de S. Juan que sirve de medicina.
    Es importante destacar que los cuélebres pierden su poder mágico. Las damas encantadas salen de sus cuevas y de las fuentes a peinar sus cabellos con peines de oro y a ofrecer sus riquezas al que sepa y tenga valor para desencantarlas. De las peñas y de los manantiales brotan piedras preciosas. Y aparecen gallinas con pollos de oro picoteando las flores silvestres. Unos encantos regalan vacas a los pastores. Y otros, juegan un partido de bolos con boleras de oro…
    Leyendas en la noche de San Juan:
    • Danza de princesas:
    En el monte de Caravia está la fuente del Alisu, en la cual hay princesa encantadas por un Cuélebre. Este, la mañana de S. Juan, enróscase y duerme; entonces, las encantadas salen y suben al pico del Castro a limpiar la cadena de oro que le rodea. Y al bajar, cogen flores de cotolla y danzan en el campo de la Llana.
    Si durante el sueño del Cuélebre pasa por allí una persona, las princesa se acercan a ella y le dicen:
    • Toma nuestra riqueza y danos tu pobreza.
    Si en aquel momento tira una medalla en la fuente o les entrega a ellas un objeto bendito, quedan desencantadas. Pero si no hace esto, al salir el sol, despierta el Cuélebre y las princesa vuelven a su encantamiento.
    • La mina que brota:
    El agua de Fuenteblanca de Sopereda, concejo de Parres, sale de una peña que tiene la figura de una albarda.
    Un día de S. Juan fue allá una mujer por agua y vio que la peña estaba cubierta de oro y joyas; volvió corriendo a su casa a avisar a su marido, y cuando llegó a la fuente, habían desaparecido el oro y las joyas. Si la mujer hubiera tirado encima de aquellas riquezas un objeto bendito, no se hubiera escondido la mina. Ésta brota cada siete años.
    • El pastor y el encanto:
    Una vez estaba un pastorín sentado al pie de la fuente de las Traviesas, allá en la Collada de Taranes, concejo de Ponga, y vió salir por el ojo de la fuente un encanto con muchas vacas. Y el pastor las miraba “estelau” (embelesado)
    • ¿Qué miras pastor?- Dijo el encanto.
    • Miro esas vacas tan guapas.
    • ¿Tú no tienes vacas?
    • No, señor.
    • Pues cuando entren por el ojo de la fuente, tiras tus calzones sobre la que más te guste y quedará para ti. Ella te hará rico, porque parirá jatas. Pero no la dejes nunca entrar en el río Caldar.
    El pastor se puso al pie de la fuente. Comienzan a entrar las vacas y dice:
    • Esta sí que es guapa, allá van mis calzones. Pero no; es más guapa ésta, o sino, esta otra que es pinta, o la otra que es negra…
    Y cuando acordó consigo, habían entrado todas las vacas y se quedó sin ninguna.
    Al siguiente año, el día de S. Juan, el pastor se puso de pie ante la fuente, y no se detuvo a escoger; en cuanto apareció la primera vaca, le echó encima los calzones y se la llevó consigo.
    La vaca le dio muchas jatas, y éstas le dieron otras, y fueron tantas que se hizo rico.
    Y un día se le ocurrió decir:
    • ¿Por qué no he de permitir que entre la vaca en el río Caldar?
    La dejó entrar. Y la vaca no volvió a la cabaña.
    • ¡Santiago de Aguino!
    En la parroquia de Santiago de Aguino, concejo de Somiedo, el día de San Juan estaba una Xana muy guapa limpiando sus alhajas al pie de una fuente.
    Pasó por allí una niña, se acercó a la Xana, le cogió el cáliz y marchó con él.
    La Xana corrió tras ella, y ésta cuando iba llegando a la iglesia, dijo:
    • ¡Santiago de Aguino, sálvame que lo quiero para ti!
    Y dicen que el cáliz que hoy existe en aquella parroquia es el que la niña le quitó a la Xana.
    • El esquilador y la encantada:
    En Cobiella, concejo de Cangas de Onís, está la cueva de la Huelga. Y una mañana de S. Juan pasó por allí un mozo de oficio esquilador y a la puerta de la cueva vio a una joven sentada detrás de una mesa de quincalla y se paró delante de ella.
    • De lo que ves, ¿Cualo te gusta más? - preguntó la encantada.
    • Unas tijeras de oro.
    • Tómalas, puerco esquilador; que nunca te falten.
    Ovejas que trasquilar
    Ni sarna que rascar.
    La explicación de esta leyenda es que si el esquilador hubiera dicho que lo que más le gustaba era la joven, o sus cabellos, se hubiera roto el encantamiento; pero al prevalecer el interés sobre el amor, la encantada no puede ser liberada y castiga al mozo.