La historia más ancestral que trata el asunto de los Aquelarres se regía en un documento llamado “Canon Episcopi”. En relación sobre la gente que creía que bandas de brujas volaban durante cada noche el Canon advertía: «El alma impía cree que estas cosas no suceden en el espíritu sino en el cuerpo». En otras palabras, el diablo puede hacernos creer que vosotros u otros viajáis por la noche, pero ni vosotros ni ellos pueden hacerlo realmente. La prueba de lo que significa «realmente» y de su diferencia decisiva con las definiciones posteriores de «realidad» consiste en que no se puede acusar de maleficencia a nadie a quien vosotros o vuestros compañeros de ensueño creéis que está viajando. Sólo es un sueño el que estuvierais allí, y otros no deben ser considerados responsables de lo que hacéis en vuestros sueños. Sin embargo, el soñador tiene malos pensamientos y debe ser castigado, pero no con la hoguera, sino con la excomunión. Se tardó varios siglos en invertir el Canon Episcopi, convirtiéndose en un delito herético el negar que las brujas se transportaran tanto corporal como espiritualmente. Una vez establecida la realidad del viaje, fue posible interrogar a toda bruja confesa sobre las demás personas que asistían al aquelarre. La tortura aplicada en este momento garantizaba que se produciría una reacción en cadena. Como sucede en los modernos reactores nucleares, cada bruja quemada conducía automáticamente a dos o más nuevas candidatas a la quema.
Era frecuente el uso de alucinógenos para alcanzar el éxtasis durante el rito. Como no se podían calibrar con exactitud las dosis cuando una cantidad letal estaba muy cercana a la dosis de uso hacía muy peligroso administrarlas por vía oral. Por ello algunas sustancias se aplicaban en forma de ungüento por vía vaginal o rectal, lo que podría haber dado origen a algunas leyendas sobre el carácter sexual de las reuniones de brujas o el uso de calderos para la preparación de pócimas. La aplicación de estos alucinógenos sobre la mucosa de la vagina con una especie de "pincelitos" pudo dar origen a origen a la la imagen que representa a las brujas con una palo entre las piernas o bien una escoba. Por otro lado, muchos sapos son venenosos por contacto y su piel también es alucinógena, por ello también forman parte de la imaginería vinculada al mundo de la brujería. Algo similar sucede con algunas setas venenosas, como la amanita muscaria.
Lugares de España donde se realizaban Aquelarres
- Zugarramurdi (Navarra)
- Macizo de Anaga (Tenerife, Canarias)
- Cueva de Salamanca (Salamanca)
- Incluyendo México que esta ligado a España.