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martes, 20 de noviembre de 2012

El rostro del Nosferatus

Al descender del tren, traspuse las primeras calles del pueblo, y me dirigí casi conpulsivamente hacia la vieja licorería cercana a los cultivos. Había intentado durante el viaje no persuadirme de tal cosa tan pronto; pero ya la pronta y tortuosa cercanía de Ariadna me confería la inexorable necesidad de algún relajante a mano.

Era el tercer verano, desde que había conseguido empleo en un pequeño diario parisino, y volvía a vacacionar en el seno familiar. Infringido por una extraña sensación premonitoria, no podía dejar de pensar que esta vez mi tensión sería intolerable. Ya con veintisiete años debía haberme acostumbrado al sempiterno suplicio que ella representaba. Pero mi enfermiza obsesión, si es que de eso se trataba, acrecentaba cada año.


Ariadna era la hija menor de la taciturna familia Zapala, en la cual mi padre había sostenido una amistad llena de excentricidades más que de agradables fraternidades. Nunca pude comprender la oscura forma de vida de los Zapala, tan abstraídos en costumbres poco edificantes como la vida nocturna y el lujo supérfluo. Precisamente ella me resultaba por momentos algo repugnante, pero sólo eran instantes fugaces, que estallaban en un espanto eterno para volver a dar paso a su penetrante altanería, a su belleza siniestra. Fue en vano meditar sobre esta dualidad. En una de aquellas ocasiones en que la espiaba a escondidas, la había descubierto en el sótano del palacete, besando encarnizadamente en el cuello a un hombre recostado sobre una repisa, y luego mirarme osada y procaz, con enrojecidos y eróticos labios; sin embargo, aun atosigado por mi ferviente moralismo, no podía dejar de concebirla como a una virgen inmaculada. Solo podía concluir en pensar que la verdadera belleza alberga algo de oscuro.


Sin muchos aspavientos, arribé a casa y no tardé en recostarme reaciamente sobre el sofá.


- Anoche le comenté a Don Zapala que hoy llegabas de Francia; nos esperan esta noche para cenar.


No pude disimular un leve sobresalto, que no pareció inmutar demasiado a mi padre.


- ¿A qué hora?

- A las nueve, como siempre.
- Adelántense ustedes. Voy a llegar un poco más tarde.

No era la primera vez que me sentaba en algún rincón de los márgenes del bosquecillo, por refrenar mis impulsos descarriados antes de aquellas interminables cenas. En lontananza podía avistar la reminiscencia de los candelabros del alejado palacete de los Zapala, y, a unos quince metros, distinguía entre sombras el matadero abandonado. Tan dantesco panorama no hacía más que abrumarme, y sólo el caliente licor me reconfortaba. Trastabillé los primeros metros, luego logré serenarme y emprendí camino.


Esta vez no me sorprendí cuando divisé aquella fornida figura entre las sombras del matadero. Nunca había tenido valor para hacer caso a mi veleidosa curiosidad, y en vano trataba de convencerme de que se trataba de un simple vagabundo, ante la sensación irrefutable que me provocaba aquella brillante mirada. Algo tenía aquel brillo de similar a los ojos de Ariadna, pero a diferencia de estos, aquellos solo me provocaban un terror carente de seducción.


Seducción. Seducción. Mientras la contemplaba beber vino en aquella ostentosa copa bañada en oro, repetía internamente aquella palabra, como quien contempla con furia y regocijo la fuente de sus odios. Porque yo era la presa idónea de su perfecta seducción. Nada más quería ella de mí, sólo hacer gala de su poder.


- No sé si consentirás conmigo, madre, pero es evidente que Esteban está más apuesto cada año.


Exacto. Eso era. Conforme a la dignidad de los Zapala, Ariadna era una fervorosa amante de la belleza. Sin embargo, a pesar de tener yo el honor de ser considerado bello por tan encumbrada auriga de la belleza, era un hombre minúsculo indigno de su amor. Un hombre sin carácter. Un insignificante columnista de un aún más insignificante periódico. Tus escritos expresan hermosas lecciones de moral, tan necesarias en nuestros días, hijo, me repetía siempre religiosamente en la oficina el jefe de redacción, algún día llegarás a ser alguien grande. Halagos como aquel me reconfortaba recordar en noches de insomnio, mas ahora todo perdía sentido y destilaba estupidez. La real grandeza estaba ahora frente a mí, revelando la inmensidad de mi minúscula existencia.


- Hija, vas a lograr que nuestro huésped se sonroje.

- No lo creo así, ya le he confesado que me conmueve su belleza.

Aún remitiéndome a aquel día en que, confesándole un amor para mí doloroso, soporté su estrepitosa risa de rechazo, no podía tildar de crueles sus palabras. Ahora comprendía. Ella era la dueña de la belleza. Yo era bello, ella lo repetía incansablemente. Por lo tanto ella debía poseerme hasta el fin de los tiempos. Pero yo... tener algún poder sobre ella... eso nunca. Arrodillado frente a la divinidad, comprendía mi destino, pero en el hondísimo fondo de todo esclavo se estremece una chispa de libertad.


- Tiene unos cándidos ojos, y una hermosamente delineada sonrisa. ¿No, mamá?


Cada halago a mi hermoso rostro era una venenosa daga, y ella lo sabía. Cuanto ella más exaltaba mi belleza, tanto más era yo su esclavo. Pero la tormenta que se agitaba en mis profundidades clamaba ostentar su furia. ¡Porque este rostro, este rostro que todos veían mientras ella continuaba describiéndolo con todo tipo de minucias, este rostro era solo una mentira; mi verdadero rostro estaba oculto, infernalmente oculto y deseoso de mostrar su grandiosa cólera!


Terminada la cena, los Zapala tenían la extraña costumbre de retirarse unos minutos (curiosamente siempre reparé en que todos se dirigían en dirección a los baños), en tanto los aguardábamos en la sala principal del palacete. Me encontraba entretenido en la apreciación de antiguas espadas que acicalaban el muro de los portales, único lujo que consideraba de buen gusto, cuando divisé una silueta que se movía en el fondo de la sala, el cual no alcanzaba a iluminarse plenamente por los candelabros. No quise creerlo al principio, pero luego tuve que aceptarlo. Eran aquellos brillantes ojos movidos por una sombría silueta. Era la misma que en muchas ocasiones había visto en las cercanías del matadero abandonado. Esta vez me hizo sentir más apabullado que aterrado, en vano queriéndome convencer que sólo se tratase de un ladrón temeroso.


Segundos después de ver la silueta escabullirse por la ventana, retornaron los Zapala a la sala. Fue entonces, fue entonces cuando estallé. El momento quizás parecía intrascendente, mas por alguna razón tenía sentido que fuese ahora, aunque mis palabras fuesen opacas.


- Discúlpenme ustedes, debo retirarme.


No me incomodó la notable perplejidad de mi padre, como sí la altiva sonrisa que Ariadna me dedicó, segura de su poder, despreocupada de los anhelos de libertad del esclavo.


Corrí frenético y descarriado hasta las orillas del lago. Atisbé mi rostro en las aguas, como mil veces lo he hecho, en forma contraria a la de Narciso, odiando mi reflejo.


- ¡Ah!- grité de pronto- sólo soy un adorno más en su repisa. Si yo gozase de una grotesca fealdad, me libraría de este funesto deseo, ¡sería libre!. ¡Sí, sí!- grazné eufórico, abrumado por las lágrimas, como poseído por una repentina revelación- ¡Si yo fuese un hombre de grotesca fealdad, este infierno acabaría, caería el adorno de la repisa y se resquebrajaría en mil pedazos!.

- Admiro tus palabras, amigo.

La estentórea y a la vez rasgada voz parecía haberse manifestado desde las sombras. Asimismo, desde un umbroso claro entre los árboles, entreví un hombre robusto envuelto en harapos de pies a cabeza. Y aquellos brillantes ojos me atisbaban una vez más.


- Te he estado observando durante mucho tiempo, amigo.

- Pero, ¿cómo?. ¿Cómo es que nunca te he descubierto?
- Me he movido entre las sombras, muy cerca de ti. Tú también podrás hacerlo, si realmente deseas tanto la libertad.

Aún sentía un terror desmesurado ante aquella lúgubre figura, pero aquella voz parecía estar embargada de una candidez inapelable.


- Acércate a mí, y las sombras apaciguarán por siempre el fuego que te consume.


El instante de duda se resumió a breves segundos. Me acerqué, y luego todo fue oscuridad.


No recuerdo cuántos días pasaron hasta que desperté cobijado bajo los mismos árboles, bañado por una luna grisácea. Algo aturdido, y también sediento, aunque de una forma extraña, similar a un deseo mórbido, me arrastré hasta las aguas del lago, y luego caí de rodillas, estupefacto. Inconcebiblemente, mi rostro se había transformado en algo monstruosamente grotesco. Verrugosa piel colmaba su superficie, brillantes colmillos emergían surcando mis labios.


Permanecí varias horas con los ojos arrobados en las aguas del lago, contemplando por vez primera mi verdadero rostro.

 
  
 


lunes, 4 de junio de 2012

Mas Vampiros en Europa

Los vampiros de Serbia, Montenegro, Bosnia, Croacia y Eslovenia.
En Serbia, los nombres más comunes para un vampiro  son vampir y vorkudlak. En Bosnia, Croacia y Montenegro, el término utilizado es lampir. En un testimonio documentado de un juicio que comenzó en octubre de 1737 y terminó en 1738 en la ciudad de Dubrovnik (en ese momento, una ciudad Croata), se utilizaron las palabras pricosak, tenjac y vukodlak para referirse a vampiros. El juicio era acerca de unos “cazavampiros” que habían profanado varias tumbas sin permiso.
Los medios para la destrucción de los vampiros serbios y eslavos incluían exhumar el cadáver y clavarle una estaca en el corazón, decapitarlos, y cremarlos. Como podemos ver, la práctica normal utilizada en Europa. Pero en las regiones de la costa del Mar Adriático, al cadaver vampiro se le cortaba las piernas antes de sepultarlo de nuevo, para que si regresase a la vida, no pudiese caminar.
En algunas partes de Serbia, se creia que todo muerto que tenga 30 años de difunto, podía convertirse en vampiro. Igual que en otras leyendas sobre vampiros, estos no-muertos parecían personas normales, y solían retomar una vida normal, incluso llegaban a casarse y tenían hijos.
Otros datos curiosos de Serbia sobre vampiros son las siguientes:
- Algunos serbios creian que los vampiros podían tomar la forma de una mariposa.
- Una tribu de Montenegro creían que los vampiros se podían convertir en lobos.
- Los gitanos y serbios que creían en los vampiros y vampiras eran ignorados publicamente por la sociedad. 

El nombre más común para un vampiro en Rusia es Upir, a veces escrito como Upyr. En Ucrania la palabra es Upior, y en Bielorrusia es Upar. En todas estas regiones, el vampiro es un cadáver poseído por el diablo. Los medios para destruir al vampiro eslavo incluyen meter una estaca de madera a través del corazón del cadáver exhumado, o  la decapitación continuando con una cremación. Sin embargo, en algunas regiones de Rusia, el cadáver de un vampiro era a veces arrojado a un lago o un río.
En el norte y el centro de la Rusia Europea y algunas otras partes de la región en general, la palabra “eretich” (que literalmente significa “hereje“) llegó a ser un término especial para un vampiro. También se lo aplica a los hechiceros y las brujas que volvieron de las tumbas después de morir, dado que que habían vendido su alma al diablo en vida.  Por la noche estos brujos vampiros dormían en los cementerios.
La brujería y el vampirismo también se combinan en la creencia de que incluso una buena persona puede convertirse en un Upir después de muerto, gracias a la maldición y hechicería que envoca un mago negro. Así que en la antigua Rusia, todos al morir podían ser malditos a existir como vampiros.
Nosferatu viene de la palabra griega nosophoros (que significa “portador de la peste”) que se desarrolló en la antigua palabra eslava “nosufur-atu”.
Nosferatu es el nombre que se utiliza para calificar a un vampiro rumano que se hizo popular en la literatura de ficción, debido a un artículo escrito por Emily Gerard titulado “Supersticiones de Transilvania”, que fue publicado en 1885.  Ella se limita a referir a los vampiros con la palabra rumana “nosferatu”. Sin embargo, la palabra ya había aparecido en un artículo de la revista 1865 por Wilhelm Schmidt. Pero con éste, el término no se hizo popular.
El artículo de Emily Gerard se escribió bajo las experiencias de la autora cuando vivió en Transilvania. El artículo fue leído por Bram Stoker, por lo que el término se hizo popular en la literatura de ficción, gracias a la contribución de Stoker con su novela Drácula.
Irónicamente, no hay otras fuentes de la palabra nosferatu  en el folklore rumano.


La palabra Strigoi se basa en términos antiguos de Grecia para identificar al búho, pero que también pasó a significar demonio o bruja. Antes de la popularización de los vampiros, que era el nombre más utilizado para identificar a los vampiros no-muerto; seres que regresaban de la tumba.
Otro uso del término era para señalar a una persona que vive con ciertos poderes sobrenaturales, parecido a un vampiro psíquico. La creencia era que estas personas especiales nacían con una membrana o con una pequeña cola en la base de la columna vertebral.
Muy a menudo, como es típico de los vampiros de Europa, un Strigoi primero se aprovecha atacando a su familia. En algunos cuentos rumanos, los vampiros Strigoi se hacen primero invisible y asaltan la bodega de su casa para crear caos, al estilo de un poltergeist.
El Strigoi también podía llegar a su casa, tal como lo hacía en vida, y dedicarse a los quehaceres diarios, incluso comunicarse con sus seres queridos, sin tomar en cuenta que, propiamente, él o ella había ya fallecido.
Como sucedía en Grecia con el vampiro vrykolakas, se creía en Rumania que los Strigoi sólo tenían que regresar a sus tumbas los sábados.
También hay cuentos y anécdotas recogidas por los folkloristas de Rumania en que el strigoi podía tomar varias formas; entre animales o mujeres.  Algunos folcloristas rumanos niegan que los Strigoi estén relacionados con los vampiros bebedores de sangre. Pero se dice que hay pruebas que dicen lo contrario: artículos y otras publicaciones basadas en cuentos y anécdotas recogidas de la gente común antes de la final de la Segunda Guerra Mundial. En estas historias, los Strigoi no solo bebían sangre sino que hasta devoraban por completo a sus víctimas.
Según el libro de Adrien Cremene, la Mythologie du Vampire en Roumanie, se dice que los Strigoi tenían dos corazones. El segundo corazón era el que brindaba vitalidad.
Las maneras para destruir a un vampiro Strigoi son:
Clavando una estaca en el corazón
Decapitación.
Extracción del corazón
Quemando todo el cuerpo.
Se creía que un Strigoi que tenga más de 7 años como vampiro, ya no tenía la necesidad de regresar a su tumba, y podía pasar por un ser humano normal.  Según una fuente, el Strigoi pierde la necesidad de tomar sangre – incluso de animales. Estos logran, supuestamente, volverse a casar y formar familias. Pero se dice que cada semana, desde el viernes por la noche hasta la mañana del domingo, ellos deberán descansar en algún nicho de un cementerio. Y acerca de los hijos de los Strigoi, ellos se convertirían en dhampirs (hijos de un vampiro): seres que viven entre el límite de la vida y la muerte. 

Los antiguos griegos no creían en las personas que regresan de sus tumbas con la necesidad de acosar a los vivos. Esta creencia surgió en algún momento después de que Grecia se había convertido sólidamente cristiana.
El nombre más común para los vampiros no-muertos en Grecia parece ser vrykolakas. En algunas de las pequeñas islas del griego Archipeligo, este vampiro tiene nombres como vurvukalas y vrukolakas. En Creta, el vampiro se llama kathakanas.
Por lo menos desde el siglo 17′avo hasta el siglo 20, era una creencia común en Grecia que el vampiro no-muerto era esencialmente un cuerpo poseído y animados por un demonio. Se creía a veces que el vampiro sólo tenía que regresar a su propia tumba los sábados.

Hay varias formas de combatir a los vampiros griegos. Por lo general, el primer método recurría en exhumar al cadáver acompañado por un sacerdote y exorcizar el demonio que yacía dentro del cadaver. Si este método no servía, el cadáver podía ser exhumado y enterrado en una isla desierta – se cree a menudo que el vampiro no podía cruzar el agua marina. Una de las tantas características de los vampiros.
Aunque la mejor manera de deshacerse de los vampiros, en aquella época, era quemando el cadáver.
De acuerdo a las creencias griegas, los más propensos a convertirse en vampiros son:
Los que nacieron muertos o de lo contrario, los que han muerto sin haber recibido el bautismo.
Los que fueron concebidos o nacidos en un día santo.
Los que murieron excomulgados.
Los que murieron siendo herejes o apóstatas.
Los que murieron llevando una vida pecaminosa
Los que murieron practicando hechicería o la brujería.
Aquellos que no recibieron un entierro religioso propio.
Los que habían comido la carne de un animal que había sido matado por un vampiro.
Los que murieron como víctimas de un vampiro.
Estos criterios generalmente se aplica a la mayoría de los otros países de Europa. Sin embargo, en algunos de estos  países hay otras maneras de que una persona pueda convertirse en un muerto viviente. Pero eso lo iremos aprendiendo poco a poco en estos capítulos sobre la historia de los vampiros.

Vampirismo es la práctica de beber sangre de una persona o animal. En el folklore y la cultura popular, el término se refiere generalmente a la creencia de que uno puede obtener poderes sobrenaturales por beber sangre humana.
La práctica histórica del vampirismo, en general, se puede considerar una forma más específica: el canibalismo. El consumo de la sangre de otro (o su carne) se puede utilizar para reflejar diferentes creencias espirituales tales como obtener la fuerza o habilidades del ser humano sacrificado. También puede ser usado como una táctica de guerra psicológica destinada a aterrorizar al enemigo.
En la zoología y la botánica, el vampirismo se utiliza el término para referirse a las sanguijuelas, mosquitos, muerciélagos vampiros y otros organismos que se alimentan de los fluidos corporales de otras criaturas. Este término también se aplica a los animales legendarios de la misma naturaleza, incluyendo el chupacabras.