domingo, 10 de junio de 2012

Satanismo en México secreto

“En México, el satanismo no es una religión autóctona. Es una religión importada de Estados Unidos y Europa que cobra popularidad más recientemente con la globalización". Tal es una de las conclusiones del estudio La clasificación del satanismo en México, elaborado por el Centro de Investigación del Instituto Cristiano de México (ICM).
Actualizada en septiembre pasado, la investigación señala que en los últimos 12 años ha habido un "resurgimiento" del satanismo en algunos países europeos, en Estados Unidos y México.
Precisa: "En México se ha detectado mayor incremento en los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Chihuahua. Así mismo, en el sureste mexicano y en zonas de la costa donde se sincretiza con otras creencias de sustrato ocultista. Las grandes ciudades, como el Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey, han visto un incremento de todas las clasificaciones de satanismo, aunque, en general, su práctica continúa siendo marginal, relativamente hablando".
Así lo define:
"El satanismo está clasificado como una religión centrada en el culto y devoción a Satanás o Lucifer. El satanismo es un sistema de creencias que se expresa en símbolos, rituales, liturgias, y se sustenta en tradiciones, doctrinas y libros considerados sacros por sus adeptos. En este sistema de creencias, el personaje central al que se le rinde culto es Satanás."
Y aclara que esta religión tiene raíces judeocristianas, al igual que la católica: "La deidad, en este caso, se toma de la tradición judeocristiana clásica que representa a Satanás como una figura que encarna el Mal Absoluto en oposición a Dios, representación del Bien Absoluto".
Según el estudio, en México hay cuatro tipos de satanismo: de iniciación informal, comercial-religioso, satanismo no tradicional y, por último, el tradicional, más elaborado y en el que ya se practican las llamadas misas negras.
Sobre el primero, refiere:
"Este tipo de satanismo tiene vigencia desde la revolución contracultural de los años sesenta y es el más popular entre jóvenes y adolescentes. Generalmente, son iniciados de manera informal a través de literatura, amistades o influencias culturales musicales que propagan una filosofía satanista light con fines comerciales y de entretenimiento.
"...Se trata, la mayoría de las veces, de una etapa de exploración, mediada frecuentemente por imitación y presión grupal. Las prácticas más comunes a este nivel incluyen el pintar paredes de templos con simbología satánica (pentagrama invertido, el número 666 y cruces invertidas, por ejemplo). También abarca el profanar tumbas en cementerios y, en algunos casos, realizar sacrificios de animales - gatos y perros son comunes - con el fin de obtener el favor de Satanás o para iniciarse en la práctica del satanismo. La recitación de textos y rezos católicos al revés es también común."
Aunque este primer nivel "no es muy elaborado", dice, constituye "un peldaño" para que los jóvenes mexicanos se muevan más allá del "discurso contracultural" y de los "pequeños actos vandálicos".
Con la ley o con el crimen
Respecto del satanismo "comercial-religioso" en México, el estudio plantea: "Las prácticas en este nivel tienen un énfasis más litúrgico y centrado en el estudio de textos y en la asistencia a un edificio o local, definido como templo o iglesia satánica (...) En México, el satanismo comercial-religioso es marginalmente popular en círculos de artistas y entre algunos personajes de la política, o en personas con poder adquisitivo en búsqueda de poderes sobrenaturales para atraer dinero, éxito sexual, o causar maldiciones a rivales".
Estos grupos "procuran no violar las leyes penales y civiles", pues esto podría afectar "sus intereses" y su "imagen pública". De ahí que sus prácticas satánicas sean muy discretas y con cierto tinte snob. Por lo general, hacen una trasplantación en México de la "cultura hedonista" estadunidense. Fue precisamente en Estados Unidos, en la ciudad de San Francisco, donde se erigió la primera Iglesia de Satanás, fundada por Anton Szandor La Vey en 1966 y protegida por las leyes de ese país.
Es un satanismo más institucionalizado y fuertemente influido por la mercadotecnia, pues "para ganar popularidad y legitimidad social se comercializa y anuncia como un producto o franquicia. Sus logotipos y materiales se encuentran bajo copyright y se vende el derecho de membresía en 200 dólares, asegurando absoluta confidencialidad".
En cuanto al satanismo no tradicional, "las personas o grupos que se encuentran en esta categoría fundan su ideología alrededor de la interpretación particular del satanismo de algún líder solitario". Lo practican "grupos pequeños y aislados", por lo que escapan fácilmente a los "controles institucionales", a la "detección de la comunidad" y de los "sistemas de seguridad pública", ya que en sus rituales llegan al extremo de "cometer crímenes al inmolar a menores o a adultos". De ahí que "este es el nivel de satanismo con mayor incidencia delictiva".
Además, la dinámica de estos grupos "es poco predecible, por el rígido control que ejerce el líder principal o sumo sacerdote", así como por el "sistema de complicidades mutuas que tienden a desarrollar sus miembros".
Advierte el estudio del ICM que estos grupos "pueden llegar a convertirse simultáneamente en pequeñas organizaciones criminales. Se han detectado en México grupos compactos de policías judiciales inmiscuidos en este tipo de satanismo".
En la familia
El "tradicional" es el cuarto tipo de satanismo detectado en México, y una de sus principales características es que se transmite generacionalmente a través del núcleo familiar:
"En este tipo de satanismo, la religión se propaga dentro del núcleo familiar, transmitiéndose de una generación a otra, a través de los años. Tiene influencias filosóficas clásicas luciferinas de autores como Albert Pike, Aleister Crowley y, más recientemente, Anton La Vey."
"Por lo general, se trata de una religión limitada al círculo familiar extendido. Las generaciones siguientes de satanistas son iniciadas desde la infancia o juventud temprana a través de la simbología y de prácticas como el beber sangre de animales, invocaciones con el iniciado acostado en medio de un pentagrama invertido pintado en el piso, y hacer juramentos."
"Por lo general, las familias que practican esta variante de satanismo generacional-tradicional tienen un altar ceremonial con símbolos alusivos. En algunos casos extremos, la iniciación puede incluir abusos sexuales o la ingesta de excreciones corporales, como orina y heces fecales. Las llamadas misas negras son llevadas a cabo en temporadas especiales."
En la clasificación del satanismo en México se explica que los sacrificios humanos son comunes debido a que "entre mayor sufrimiento tenga la víctima, se libera más energía, de la cual el satanista se apropia para transformarla en poderes sobrenaturales. Al mismo tiempo, la crueldad es la antítesis de la compasión y, por ende, entre más sufrimiento se ocasiona, se com­place más a la deidad del culto, en este caso Satanás, quien recompensará a sus seguidores".
Muchas veces, advierte la investigación, se confunden los crímenes satánicos con los ejecutados por bandas delictivas:
"En México, es común que homicidios con huellas de tortura y tintes sadistas se atribuyan con ligereza, en las investigaciones policiacas, a ejecuciones del narcotráfico o a venganzas pasionales. No siempre es el caso, y cualquier muerte de animal u homicidio que despliegue crueldad inusual y signos de tortura, descuartizamiento, desaparición de órganos, mutilaciones de partes específicas del cuerpo, violación o abuso sexual, debe ser valorado en el contexto de la escena de los hechos para descartar un posible sacrificio ceremonial por motivaciones religiosas."
Jorge Erdely, director académico del Centro de Investigación del ICM y quien coordinó el estudio, agrega que "en otros países ya existen cuerpos policiacos especiales para investigar exclusivamente los crímenes satánicos. En México, ni siquiera la Secretaría de Gobernación tiene idea de la magnitud del problema, mucho menos está en condiciones de tener un control".
La policía judicial mexicana, dice, ignora los tipos de homicidios, de mutilaciones y de abusos sexuales de los grupos satánicos. Y expresa convencido:
"Un gran número de abusos sexuales en este pa­ís está ligado a los ritos satánicos. En Estados Unidos, el delito se tipifica como abuso ritual. El gobierno mexicano debe considerar a estos grupos como delictivos."
Desde hace años, el avance de los grupos satánicos tiene en alerta a la Conferencia del Episcopado Mexicano. En 1997, el entonces secretario general de este máximo organismo de la cúpula eclesiástica, Ramón Godínez Flores, advertía:
"Estos grupos proliferan sobre todo en la frontera norte. En sus misas negras sacrifican a seres humanos y cometen otros graves actos inmorales. También llegan a utilizar hostias y al­guna cruz sagrada" (Proceso 1064).
Por su parte, la investigadora Pilar Salamullana, en su libro Sectas satánicas, documentó las operaciones en México de dos sectas satánicas: los Hijos del Fuego y Santería Cristiana.
Los integrantes de la primera -que opera también en Estados Unidos y Francia- se distinguen porque adoran a Lucifer mediante la invocación a los difuntos, las prácticas sexuales y los tatuajes del número 666 en el pecho.
A la segunda secta, cuyos líderes fueron Adolfo de Jesús Constanzo y Sara Villarreal -conocida como La Doncella de Satán -, se le descubrieron dos capillas en el rancho Santa Elena, en Matamoros, Tamaulipas, y ocho centros en la Ciudad de México. En éstos se encontraron huellas de sus rituales: altares, velas, carne humana cortada en rodajas, vasijas con cerebros humanos, cabezas de cabra y plumas de gallina.
Los adeptos de ambas sectas, se dice, son narcotraficantes mexicanos y estadunidenses que, además, practican el canibalismo, la magia negra y el vudú.



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