Mostrando entradas con la etiqueta Verónica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Verónica. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de febrero de 2012

Verónica, Verónica… Verónica..o..Bloody Mary?

La leyenda de Verónica siempre ha sido una de las que más curiosidad me ha causado. Ya de niño se me ponían los pelos como escarpias cuando, a la luz de las velas, aparecían en los coloquios las diversas versiones de tan terrorífica historia. Es curioso observar como esta historia está presente en casi todo el mundo, pese a que en los años en los que se propagó no existía internet y los chismorreos solían acotarse en zonas geográficas bastante reducidas.  Existen versiones en los que Verónica pasa a llamarse Micaela o Carolina, y en el mundo anglosajón se la conoce como Bloody Mary (María la sangrienta), Hell Mary, Mary Worth o Black Agnes.
Sobre dónde comenzó la leyenda, la verdad, es que no se tiene mucha idea y sobre cuando, a finales de los años setenta y principios de los ochenta comienzan a circular las primeras historias. Las versiones más difundidas comienzan con la muerte de una adolescente practicando espiritismo en versión ouija, en algunas de ellas, unas tijeras salen disparadas y la matan clavándose en su cuello o en su corazón, en otras, la chica sale disparada y se estampa contra un gran espejo, del que cae un trozo y le secciona la garganta. Otras versiones, las menos, sitúan la acción en un cementerio, en las que una niña enferma de peste es enterrada con vida y luego aparece a modo de venganza. 
Sea como fuere, el espíritu de la joven Verónica queda en el umbral de la vida y la muerte, a la espera de ser convocada de diversos modos por atrevidos aventureros de lo oscuro y con fines un tanto diversos.
Los modos y maneras de convocar a Verónica suelen girar en torno a espejos, velas y tijeras. El más clásico de todos, es aquel en el que se hace un círculo de tiza en el suelo y en su interior se pone una biblia, una rosa a la que se le corta el tallo con unas tijeras, y las mismas tijeras usadas para cortar la rosa sobre la biblia. Acto seguido se pronuncia el nombre de Verónica tres veces y a partir de esto, tres resultados posibles:
-Las tijeras salen disparadas y matan al convocante, de no suceder esto, la vida del convocante será larga y próspera.
-Se escucha una voz (supuestamente la de Verónica), que te indica el día de tu muerte.
-La biblia se abre y la página en la que queda, indican las semanas que te quedan de vida (En esta versión también existe la posibilidad de que las tijeras se introduzcan en la biblia para marcar la página)
Este modo de convocar a Verónica también tiene algunas variantes, en las que el círculo se hace con sal, o en el que la operación se debe de hacer en noche de tormenta o en otros casos, en la noche de San Juan, eso sí, siempre a la media noche.


Los siguientes modos que se conocen son bastante similares. Ante un espejo, a oscuras y con la luz de tres velas, se pronuncia tres veces el nombre de Verónica, entonces se exhala vaho al espejo con la boca y en él aparece marcada la fecha de tu muerte. Esta es la versión light, en la gore aparece Verónica y te mata. Este modo tiene diferentes variantes también. En unas hay que estar desnudo y de espaldas, en otras, las tijeras entran en juego y hay que dejarlas abiertas y apoyadas contra el espejo mientras se realiza la operación e igual que en la versión del círculo y la biblia, la noche de San Juan a las doce de la noche y una noche de tormenta, también a las doce, suelen ser el momento ideal. También hay variantes en cuanto al espejo, unas veces se puede ver reflejado el día de tu entierro y en otros casos se puede ver al propio espectro de Verónica comunicándote alguna fatídica noticia.
Ante lo espectacular de una muerte en estas condiciones, no se conoce ningún caso en el que se hayan dado estas condiciones ni tampoco se conoce ningún caso en el que dicho aviso o notificación por parte del espíritu se haya dado y mucho menos cumplido.
Y pese a todo esto, a ver quién es el valiente que la noche de San Juan, a las doce de la noche, pronuncia el nombre de Verónica tres veces, en la soledad de su cuarto de baño, a la luz de las verlas y con unas tijeras desafiantes a escasos centímetros de su yugular.
La peli de Candyman, adaptación de la novela de Clive Barker “Lo prohibido”, es un buen ejemplo de esta Leyenda Urbana.


viernes, 10 de febrero de 2012

Verónica

Amaba quitarse la corona de laureles delante del espejo
y probarse una de espinas
Gesualdo Bufalino
Era una mujer sencilla, reservada y generosa. Vivía
en Nazaret. Era una más en las multitudes que
escuchaban y seguían al profeta en sus largas jornadas
de peregrinación. Lilith da fe de que Verónica estaba
en la lista de las mujeres de Jesús, no como la preferida
pero sí como la que visitaba de vez en cuando su cama
y la que siempre lo miraba con ojos de pasión. Por
este motivo también Verónica fue borrada de las
escrituras y aparece sólo en el viacrucis, salvándose
de quedar en el grupo de las plañideras, de quienes
hoy en día nadie sabe si fueron piadosas mujeres o
hipócritas brujas.
Se salvó Verónica de ser una de las “Hijas de Jerusalén”
ese día que se lanzó al camino por donde pasaba el que
habría de ser crucificado. Cuando de lejos comenzó
a oír las injurias que le lanzaban mientras caminaba
con la cruz a cuestas, sintió cómo los infamantes
contemplaban el espectáculo satisfechos. Un hombre
apedreado que apenas podía con el peso del madero. El
rostro que ella tantas veces había acariciado, mirado,
amado, apenas se veía debajo de su corona de espinas;
el sudor y la sangre de Jesús se mezclaban con la tierra
y los escupitajos lanzados por la enardecida multitud.
¿Dónde estaban los suyos?, ¿dónde sus seguidores?,
se preguntaba, mientras Verónica avanzaba frente a
Él con singular valor. En medio de tanta humillación,
la “enigmática” mujer se abalanzó hasta el profeta
y compasiva le enjugó el rostro con su manto. Sin
miedo a las consecuencias, le susurró al oído palabras
de amor, consideración y misericordia. Con los ojos
nublados por el sufrimiento, Jesús levantó la vista
para mirarla y le transmitió la soledad inmensa en
la que había quedado por culpa del abandono de su
Padre y de los hombres.
Callada, doblada de dolor, Verónica lo acompañó
paso a paso hasta la cruz, junto a las otras discípulas y
a la sufrida María Madre.
Lilith registra a Verónica en la vida afectiva de Jesús
como real compañera de andanzas, inigualable amante
y valiente mujer a la hora de seguirlo en las largas horas
de padecimiento y muerte. Hay datos de su presencia al
pie del crucificado, en aquella oscura tarde de viernes
santo en la que murió el amado.
Cuenta Lilith que en aquellos días aciagos sólo
observó mujeres alrededor de Jesús. ¿Qué se habían
hecho los hombres? Con valentía algunas de ellas lo
acompañaron. Sólo mujeres vio Lilith quien se apostó
sobre la cruz a mirar desde arriba la cruel escena. Sin
embargo, la Diosa aún no nos confirma si fue esta una
simple solidaridad de género.
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/19/Hans_Memling_026.jpg/250px-Hans_Memling_026.jpg