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lunes, 25 de junio de 2012

Bustuariae

La Antigua Roma siempre fue hospitalaria con las prostitutas. Ninguna otra cultura, antes o después, albergó tantas distinciones y matices para el oficio más antiguo del mundo.


Para el año 1 d.C. existían alrededor de 32.000 prostitutas registradas en la ciudad de Roma. Entre ellas estaban las Meretrices, las únicas en pagar impuesto por su tarea; las Prostibulae, que ofrecían sus servicios donde podían, las Delicatae, escorts de alta categoría, accesibles únicamente para hombres de posición acomodada; las Famosae, mujeres pertenecientes a las familias patricias que, por necesidad o placer, se ganaban la vida como amantes, entre ellas Julia, hija de Augusto; las Ambulatae, damas que trabajaban en la calle, las Lupae, furtivas prostitutas de los bosques, y, finalmente, las más enigmáticas de todas, las Bustuariae.


Genéricamente se las llamaba Noctilucae, las "polillas nocturnas", mujeres de rasgos particulares, pálidas y estilizadas, que deambulaban por las tumbas en busca de clientes especialmente perversos. Las Noctilucae estaban divididas en dos categorías igualmente inquietantes: las Diabolariae, damas que ofrecían sus servicios en los lugares más imprevisibles, callejones, galpones y baños públicos; y las Bustuariae, las prostitutas de los cementerios.

Séneca menciona de pasada las actividades nocturnas de las Bustuariae, quizás para que no se lo acuse de ser un cliente habitual. Estas mujeres, declara, recorren los cementerios durante la noche, y ofrecen su cuerpo incluso sobre las tumbas y lápidas, además de otros servicios inconfesables.


Las Bustuariae, tal como acusa Séneca, practicaban la prostitución en los cementerios, pero no por placer, sino por la simple razón de que durante el día trabajaban allí como lloronas, esto es, mujeres contratadas para llorar en los entierros, por lo cual conocían perfectamente la geografía extraña y sinuosa de los cementerios romanos; además de esto, y por una errata judicial, en los cementerios no aplicaba la Ordenanza de Opio, ley que prohibía a las prostitutas realizar ciertas acrobacias indecentes en lugares públicos.


Ahora bien, toda oferta proviene de una demanda, y en el caso de las Bustuariae la principal demanda provenía de los deudos a quienes acompañaban en sus lamentos mortuorios. Marco Valerio Marcial señala que muchos viudos, luego de enterrar a sus esposas, se entregaban obsesivamente a las Bustuariae, ya que estas ejercían una especie de encantamiento lacrimoso, una suerte de llanto sensual, acompañado de gemidos y lamentos guturales, que al parecer resucitaban la lujuria de estos desdichados deudos.


Existen varias leyendas oscuras sobre las Bustuariae que las relacionan con fantasías escandalosas, hombres que les pagaban fortunas para que simulen estar muertas, e interactuar sexualmente con ellos incluso sobre la tierra húmeda de las tumbas. Licia, una de las poquísimas Bustuariae que ha trascendido el ámbito prostibulario, alcanzó cierta fama entre las clases altas por atender a sus clientes en los sepulcros y mausoleos de personajes importantes, políticos y generales, ámbito en el que concretaba las fantasías más oscuras de sus parroquianos.


Se dice que las Bustuariae eran parte de una cofradía selecta. Todas ellas compartían una palidez sepulcral, movimientos lentos y acompasados, y una mirada capaz de helar el corazón más intrépido. Marcial, de hecho, apunta con horror la leyenda de Nuctina, la Bustuariae más siniestra de todas.

Los servicios de Nuctina costaban dos áureos (dos monedas de oro); y si alguien veía sus facciones lívidas, perfectas, rápidamente aceptaba ese precio con tal de poseerla. Se dice que luego del sexo, Nuctina se colocaba las dos monedas de oro sobre los párpados cerrados, y acto seguido se introducía en su tumba, sitio sobre el que el asombrado cliente podía advertir una lápida con su propio nombre.

Estos hombres pagaban con su alma el cuerpo de Nuctina, precio que, en opinión de Marcial, no era excesivo.




domingo, 27 de mayo de 2012

Los que moran con los muertos

catacumbasdeparis

Las Catacumbas de París son uno de los lugares más curiosos y bellos del mundo para los amantes de lo macabro. Uno de los “cementerios” más famosos de París. Fué en el año 1786 cuando se tuvo la genial idea de trasladar los huesos del poco higiénico cementerio de Les Halles, aprovechando las canteras excavadas en la época galorromana a 20 metros de profundidad en la base de tres colinas: Montparnasse, Montrouge y Montsorius.
Su nombre oficial es “Les carrières de Paris”, en francés, pero vulgarmente son conocidas como “las catacumbas”.
Durante 15 meses se trasladaron millones de huesos de multitud de cementerios, en carruajes y cruzando la ciudad de noche. Fueron depositados sin ningún tipo de intención “artistica”, amontonados, hasta que el Inspector General de Canteras, decidió colocar los huesos de la parte delantera en forma de muralla, dandole el aspecto que tienen hoy en dia, con una placa identificando la procedencia de los restos y pequeños altares con epitafios en latín que adornan el camino.
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Los millones de huesos de las catacumbas han sido testigos de multitud de acontecimientos, desde la fiesta organizada por Carlos X antes de la revolución, pasando por refugio de la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, ó, más recientemente, por ritos satánicos, motivo por el cual han sido cerradas y sólo abiertas al público como si se tratase de un monumento más al servicio de los turistas.
En la actualidad los huesos están acomodados en forma de “muralla”, decisión tomada por el Inspector General de Canteras en aquel entonces, donde se pueden encontrar placas identificando la procedencia de los huesos e incluso pequeños altares conteniendo epitafios en latín.
De los más de 300 kilómetros de galerías, sólo hay abiertas al público menos de 1 kilómetro. Sin embargo, existen entradas secretas a lo largo de París, lo que permite ingresar a las catacumbas por medio de las alcantarillas, el metro, etc. En raras ocasiones las personas hacen uso de estos accesos para entrar en ellas.
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Es común escuchar voces fantasmales provenientes de otros grupos que se sumergen ilegalmente en las catacumbas. También es posible encontrar tramos con más de un metro de agua, entre túneles estrechos no aptos para claustrofóbicos.
Un lugar tan inhóspito, es por supuesto el lugar para “criaturas extrañas”. Por supuesto, es normal toparse con otros amantes de las catacumbas, más conocidos como cataphiles. Existen cámaras que ofician como puntos de encuentros de cataphiles, en donde se puede conversar y contar un breve recreo con intercambio de experiencias e historias en las catacumbas antes de proseguir.