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jueves, 9 de febrero de 2012

Nephilim

Los Nephilim (הנּפלים, en hebreo; y Nefilim, en español) son una raza de gigantes que no pertenecen a la mitología clásica, ni a los mitos escandinavos, celtas o egipcios, sino a la Biblia.

Existe una tendencia, hija directa de una presión cultural ejercida por la fe judeocristiana, a tomar los hechos de la Biblia como verdades reveladas (cuando no contradicen la razón), o bien como verdades poéticas (cuando repugnan a la razón), clasificando a los mitos clásicos, y los no tanto, como historias coloridas, u oscuras, según el caso, que ilustran un pasado pagano e ignorante de las grandes verdades provenientes de oriente. Para estos iluminados el Mitófilo es un hombre de pensamiento confuso, acaso infantil, que busca la verdad en medio del caos de héroes, dioses y demonios antiquísimos, huyendo de la verdad absoluta, es decir, la verdad de la Biblia.

¿Pero qué sucede cuándo el amable Mitófilo decide argumentar que la Biblia, como toda obra antigua, no es otra cosa que una serie de mitos organizados, mutilados, traspolados y diseccionados para encajar en una historia global?

Seguramente el Mitófilo exagera, tal es su naturaleza, aunque como prueba podría extraer cualquier mito de la Biblia y exponerlo en su verdad última. Por ejemplo, el mito de los Nephilim.



Nephilim significa Derribadores, e integran el ciclo mitológico más extraño de todos. Nos referimos al mito judeocristiano.

En el Génesis (6:1-4) se los llama los Hijos de Dios (Bnei ha'elohim), aunque en muchas versiones de la Biblia se los traduce simplemente por Titanes o Gigantes. Los arameos, pueblo misterioso y guerrero, llamaban Nephila a la constelación de Orión, dato que algunos señalan como prueba del origen celeste de estas criaturas antediluvianas.

Los Nephilim pertenecen a la estirpe de los Ángeles Caídos, de quienes se afirma que cayeron muchos siglos después de la batalla entre el arcángel Miguel y Satán, escaramuza que dio por resultado la expulsión del segundo a las lóbregas cámaras del inframundo. Estos segundos Ángeles Caídos no perdieron su status en el cielo por un acto de rebeldía filosófica, al estilo luciferino; por el contrario, su caída se debió exclusivamente a cuestiones carnales, ya que estos Ángeles se enamoraron de las mujeres mortales, y descendieron de las estrellas para saciar una especie de lujuria sideral, pretérita, cuyas implicaciones han devanado los sesos de varios teólogos.


...Y aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, al ver los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas...


...Los nephilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas les dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama. (Génesis, 6, 1-4)


Los Nephilim no sólo se limitan a la Biblia ortodoxa, también tienen una aparición rutilante en El Libro de Enoc, donde se los acusa, entre otros males, de provocar la ira de Dios que desembocó en el Diluvio Universal.

...la destrucción de toda la humanidad fue provocada por estos seres (Libro de Enoc, 10:1-9
...no fueron creados según los planes de Dios (Libro de Enoc, 10:15-16 7)


Otras versiones aseguran que los Nephilim se cruzaron únicamente con las hijas de Caín, con el propósito de mezclar su sangre impura con el resto de la humanidad, contaminando de este modo la estirpe celeste de Adan


Así los describe El Libro de los Jubileos:

...allí nacieron los famosos gigantes (Nephilim) de los primeros tiempos, de gran estatura y expertos en la guerra. Pero no fue a ellos a quienes Dios eligió y les dio el camino de la ciencia; ellos perecieron por su falta de discernimiento, perecieron por su insensatez. (Baruc 3:26, 3:27 ,3:28)


El Libro de la Sabiduría apunta lo siguiente:


...así también, al comienzo, cuando murieron los orgullosos gigantes (Nephilim), la esperanza del mundo se refugió en una balsa (el Arca de Noé) que, conducida por tu mano, dejó al mundo la semilla de una nueva humanidad. (4:6)


Como siempre sucede cuando rastreamos una raza mitológica en la Biblia, las cosas se confunden. En Números los Nephilim vuelven a aparecer a pesar de que antes se nos informó que todos habían sucumbido en el Diluvio:


...cuando Moisés envió a los espías a la tierra de Canaán, regresaron con la noticia de que allí habitaban gigantes (nephilim) (Números: 3:33).

...también vimos gigantes (nephilim), hijos de Anac, raza de los gigantes: y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. (Números 13:34)


El Deuteronomio va más lejos en su descripción:

...los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac. Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman emitas. Porque únicamente Og rey de Basán había quedado del resto de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? La longitud de ella es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre. (Deuteronomio 2:10, 2:11, 3:11)


La palabra hebrea Nephilim también aparece en la jornada épica del joven David.

...¿acaso siendo joven no mató a un gigante (nephilim) y extirpó el oprobio del pueblo, cuando lanzó una piedra con la honda y abatió la arrogancia de Goliat? (Eclesiástico. 47:4)


Se nos dirá, y con justicia, que Goliat era un filisteo longilíneo, y no una criatura mitológica. Pues bien, Goliat era filisteo, y también refaíta. Según la Biblia medía seis codos y un palmo (poco menos de tres metros), incluso su hermano, Lahmi, es descrito con la palabra Nephilim.


No debemos olvidar que todas estas menciones, a menudo demasiado oscuras y poéticas para una interpretación literal, hablan de una raza que desciende directamente de los Ángeles Caídos. Lo recordamos porque hay muchas sabias personas, incluso prudentes y juiciosas, que sonríen ante los mitos clásicos, sus razas y criaturas, siendo que ellos mismos adoran un libro que afirma, sin lugar a dudas, la existencia de unas gentes colosales que descienden de una estirpe de ángeles cuyo comportamiento sensual haría enrojecer la faz de Afrodita, y reduciría las aventuras eróticas de Zeus a una serie de inocentes tropelías juveniles.

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La redención y otros secretos de Enoc

El Libro de Enoc (o Libro de Henoc, Libro de Enoch) es un oscuro libro apocalíptico aceptado como canónico por la Iglesia Copta y negado por todas las demás. Se piensa que fue compuesto alrededor del siglo III a.C.

¿Quien era Enoc (Henoc, Enoch)? Nada menos que el abuelo de Noé, el constructor del arca, testigo de antiguas y extraordinarias historias, a menudo sombrías y siniestras, que involucran a los ángeles en una guerra casi desconocida. Pero no nos adelantemos.


Existen, de hecho, cuatro Libros de Enoc, casi todos versiones posteriores que aportan poco a las leyendas del original. El Libro de Enoc, tal y como fue concebido, está dividido en las siguientes partes:


Libro del Juicio:

Sobre la bendición de Enoc a los justos, que vivirán cuando los réprobos sean condenados.

Libro de las parábolas (El mesías y el reino):
Anuncia la venida del Hijo del Hombre, la caída de los reyes y el día del Elegido.

Libro del cambio de las luminarias celestiales (Libro astronómico):
Calendario solar hebreo, acorde con el Libro de los Jubileos.

Libro de los sueños:
Sobre dos visiones apocalípticas y oníricas de Enoc. La primera anuncia que la Tierra será destruida y la segunda es un repaso por la historia de la humanidad hasta el apocalípsis.

Carta de Enoc (Apocalipsis de las semanas):
Sobre la historia universal resumida en diez semanas.

El Libro de Noé:
Fragmentos del Libro de Noé, perdido desde la antigüedad, aunque mencionado muchas veces en los manuscritos del Mar Muerto. Profetiza sobre los crímenes de la humanidad y la llegada de los tiempos mesiánicos.


Libro de los Vigilantes (La Caída de los ángeles):
Este es, sin dudas, el capítulo más interesante del Libro de Enoc. Aquí se habla de una raza de ángeles con muy poca prensa: los Grigori, o Vigilantes. No son demonios, pero tampoco ángeles que habitan en el Cielo. Son, en toda regla, ángeles caídos, pero devotos de una caída que poco tiene que ver con la soberbia o la libertad, y mucho con los placeres carnales destinados a los hombres.

En hebreo se los conoce como Bnei ha'elohim, los Hijos de Elohim, nombre que los griegos tradujeron por Grigori (Egregoroi), cuyo significado es Vigilantes u Observadores. El Libro de Enoc, así como otros textos hebreos, señala que los Vigilantes descendieron a la Tierra cautivados por la belleza de sus mujeres. La leyenda asegura que mantuvieron relaciones sexuales con estas mujeres, de cuyos vientres nacieron los Nephilim, los Gigantes, seres infames que desataron violencia y ritos abominables sobre el orbe.


La Segunda Guerra de los Ángeles.
La Primera Guerra de los Ángeles tuvo un desarrollo desconocido, aunque con un final rotundo: Satán y sus huestes fueron arrojados del Cielo. Ahora bien, la Segunda Guerra de los Ángeles, mucho menos conocida que la primera, no tuvo lugar en las amplias planicies siderales, sino sobre el suelo áspero de la Tierra.

Satán y sus ejércitos yacían en el averno. Los ángeles y arcángeles que lo derrotaron reestablecieron el orden celestial. Es entonces cuando los Vigilantes, atraídos por las mujeres humanas, abandonaron los salones de Jehová y descendieron al mundo para saciar sus apetitos.

Poco se sabe sobre esta raza de ángeles caídos. Sólo que son alrededor de doscientos, y que nunca fueron enviados al infierno, a pesar de haber traicionado la misión que Jehová les había encomendado, es decir, custodiar la Tierra de posibles contraofensivas de parte de Satán y sus generales.

De estos 200 ángeles caídos apenas sobrevive un puñado de nombres. Así los define el Libro de Enoc:


...Samyaza era su líder, Urakabarameel, Akibeel, Tamiel, Ramuel, Dan'el, Azkeel, Saraknyal, Asael, Armers, Batraal, Anane, Zavebe, Samsaveel, Ertael, Turel, Yomyael y Azazel eran los prefectos de los doscientos ángeles, y el resto eran todo con ellos.


Es importante aclarar que estos ángeles cayeron por propia voluntad, no fueron expulsados del Cielo. Descendieron como un viento gélido y en las llanuras de oriente adquirieron cuerpos hermosos. Así enamoraron a las mujeres más bellas de la Tierra, con las que engendraron a los Nephilim, entidades ciclópeas e insaciables.

Citamos nuevamente el Libro de Enoc:


Ellos devoraron todo el trabajo de los hombres hasta que estos ya no alcanzaron alimentarlos. Entonces los gigantes se volvieron contra los hombres y los devoraron, y empezaron a pecar contra los pájaros, contra las bestias y los peces, a devorar unos la carne de los otros y a beber su sangre. Entonces la tierra acusó a los violentos por todo lo que se había hecho en ella.

La devastación fue tan grande, y tan descomunal la traición al Cielo, que el arcángel Miguel se presentó humildemente ante el Hacedor y expuso el caso en los términos más vivos. Acusó a los Vigilantes (nada menos que los primeros ángeles guardianes) de haber desviado su misión y encarnado la explotación, la opresión, la destrucción, la guerra, la vanidad, la hechicería, la fornicación y el engaño. El Libro de Enoc aclara que el clamor de los muertos acompañó el reclamo de Miguel. (8:1-3) ...y como parte de la humanidad era aniquilada, su clamor subió al cielo.


Las palabras del arcángel fueron tan elocuentes, tan sincera su ofensa por el comportamiento de sus hermanos, que Jehová lo autorizó a reunir el viejo ejército que había desterrado a Satán y lo envió a la Tierra.

El arcángel Miguel, el mismo que había derrotado a Satán en combate singular, lideró las huestes celestiales. A su derecha iba Sariel (Uriel), a su izquierda Rafael, y Gabriel, como en otras ocasiones, se limitó a llevar noticias del frente a las filas que aguardaban en la retaguardia. La Segunda Guerra de los Ángeles, así lo asegura el Libro de Enoc, fue breve y despiadada. Los Vigilantes y sus hijos, los Nephilim, fueron vencidos por las espadas flamígeras forjadas en duro acero divino, y, sobre todo, por la mirada encendida de Miguel, cuyo fulgor y violencia quemaron a los rebeldes.

Los Vigilantes fueron encadenados. Los Nephilim, en cambio, fueron prolijamente exterminados. El Libro de Enoc señala que los primeros, conociendo su derrota de antemano, rogaron a Enoc que intercediese por ellos ante Dios, cosa que el abuelo de Noé, piadoso y aparentemente desapegado de las tropelías cometidas, realizó con toda la pasión de su oratoria.

Luego el Libro de Enoc detalla la visita onírica de Enoc al cielo, y las revelaciones majestuosas que allí recibió.

El destino de los Vigilantes continúa siendo incierto.


El Libro de Enoc estuvo perdido durante mil años, aunque se lo menciona en innumerables ocasiones citando pequeños fragmentos. Por ejemplo, fue citado por Justino Mártir, Atenágoras, Taciano, Ireneo, Orígenes, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Lactancio, y muchos más. Incluso el Nuevo Testamento habla del Libro de Enoc en tres versículos: Lucas 3:37; Hebreos 11:5; Judas 1:14.


El Libro de Enoc fue ocultado y barrido del canon en el Concilio de Laodicea (364). Posteriormente, la versión griega se perdió. La última cita occidental proviene del monje bizantino Syncellus en el siglo VIII. Luego cayó en el olvido.

Convertido en mito durante mil años, aunque los francmasones escoceses siempre aseguraron tener una copia, el Libro de Enoc reapareció en el siglo XVIII. James Bruce, célebre viajero, obtuvo en Abisinia tres copias del libro, traducidos al inglés en 1821 por Richard Laurence. De aquel desgastado manuscrito hemos recuperado la Segunda Guerra de los Ángeles, una historia que, según afirman los estudiosos, aún nos reserva nuevos misterios.

" De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares". (Jud. 14.)

 El puro y hermoso jardín del Edén, de donde habían sido expulsados nuestros primeros padres, permaneció en la tierra hasta que Dios decidió destruirla por medio del diluvio. El Señor había plantado ese jardín y lo había bendecido de manera especial, y en su maravillosa providencia lo sacó del mundo, y lo devolverá a éste más gloriosamente adornado que antes que fuera retirado. El Altísimo se propuso preservar una muestra de la perfección de la creación, libre de la imprecación mediante la cual maldijo la tierra.

 El Señor desplegó más ampliamente ante Enoc el plan de salvación, y por medio del espíritu de profecía lo condujo a lo largo de las generaciones que vivirían después del diluvio, y le mostró los grandes acontecimientos relacionados con la segunda venida de Cristo y el fin del mundo. (Jud. 14.)

 Enoc estaba preocupado por los muertos. Le parecía que los justos y los impíos irían juntos al polvo y que ése sería su final. No comprendía claramente el tema de la vida de los justos más allá de la tumba. En visión profética se lo instruyó con respecto al Hijo de Dios, que habría de morir como sacrificio en favor del hombre, y se le mostró la venida de Cristo en las nubes de los cielos, acompañado por una hueste de ángeles, para dar vida a los justos muertos y rescatarlos de sus sepulturas. También vio la corrupción que prevalecería en el mundo cuando Cristo apareciera por segunda vez, que habría una generación jactancioso, presuntuosa y testaruda, en abierta rebelión contra la ley de Jehová, para negar al único Dios soberano y a nuestro Señor Jesucristo, pisotear su sangre y despreciar su expiación. Vio a los justos coronados de gloria y honor mientras se separaba a los impíos de la presencia del Señor para ser consumidos por el fuego . . .

 Enoc crecía en espiritualidad a medida que se comunicaba con Dios. Su rostro irradiaba un fulgor santo que perduraba mientras instruía a los que escuchaban sus palabras llenas de sabiduría. Su apariencia digna y celestial llenaba de reverencia a la gente. El Señor amaba a Enoc porque éste lo seguía consecuentemente, aborrecía la iniquidad y buscaba con fervor el conocimiento celestial para cumplir a la perfección la voluntad divina. Anhelaba unirse aun más estrechamente a Dios, a quien temía, reverenciaba y adoraba. El Señor no podía permitir que Enoc muriera como los demás hombres; envió pues a sus ángeles para que se lo llevaran al cielo sin que experimentara la muerte. En presencia de los justos e impíos Enoc fue retirado de entre ellos. Los que lo amaban pensaron que Dios podía haberlo dejado en alguno de los lugares donde solía retirarse, pero después de buscarlo diligentemente, en vista de que no lo pudieron encontrar, informaron que no estaba en ninguna parte, pues el Señor se lo había llevado. (Elena G de White, “ La historia de la redención”.

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AZAZEL


Azazel es el jefe de los Se´irim o demonios con forma de cabra. (goat-demons), quienes habitaban en el desierto y a quienes las tribus primitivas semitas ofrecían sacrificios. El Antiguo Testamento señala que el rey Jeroboam designó sacerdotes para estos “sátiros”, pero el rey Josías destruyó todos sus lugares de culto, así como sus prácticas de adoración que incluían copulación de mujeres con cabras.
Los Se´irim o “ demonios velludos”, son mencionados en los siguientes pasajes:
-Levítico 17: 7
-2 Crónicas 11: 15
-Isaías 34: 14: Acá aparece el término “ Lilith”, que ciertas traducciones al español vierten como “ chotacabra”.
El nombre “ Azazel”  podría derivar de la conjunción de los términos   “ azaz”  y
 “El”, lo cual significaría: “ El Fuerte de Di-s” ó “ Fuerza de Di-s”. Otras interpretaciones sugieren: “ El Macho Cabrío que desaparece”, “ Chivo expiatorio”, “ Macho Cabrío emisario”, “ Macho Cabrío que se lleva todos los males”, etc. Recordar el rito del Día de la Expiación citado en  Levítico 16, donde  el sumo sacerdote tomaba dos machos cabríos de la asamblea de los hijos de Israel, y después de echar suertes, uno de ellos se designaba para YHWH y el otro para Azazel. Una vez sacrificado un toro a favor del sumo sacerdote y su casa (seguramente todos los levitas), se sacrificaba el macho cabrío para YHWH como ofrenda por los pecados. Sin embargo, el que se apartaba para Azazel “se conservaba con vida  delante de YHWH para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto” (Levítico 16: 10). No podía transportar al macho cabrío cualquier persona, sino alguien expresamente entrenado para ello ( Levítico 16: 21)
Se ha sugerido también que el nombre “Azazel”  podría ser una derivación del nombre del dios egipcio “ Seth” o del dios cananeo “ Aziz”, de quien dependía el fuerte brillo del sol.

AZAZEL EN EL LIBRO DE ENOCH

Azazel (o “ Azael” en los manuscritos del Qumran) se señala como el líder de los
 “ Vigilantes”, quienes obrando en contra de la voluntad de YHWH, se encargaron de transmitir a la humanidad sabiduría secreta. Estas enseñanzas incluían – entre muchas otras -  la fabricación de armas, conocimientos alquímicos y la preparación de cosméticos, lo cual favoreció la seducción femenina de estos ángeles rebeldes, quienes tuvieron progenie con las humanas de esa época  (Cotejar con Génesis, capítulo 6).  A causa de esta sublevación angélica, YHWH desencadenó el diluvio. Ver  Enoch 8: 1


Los ángeles de Dios, bajo el mando de Semjaza, desposaron a las hijas de los hombres, engendrando una especie monstruosa llamada Nephilim, gigantes todos ellos. Además enseñaron las artes divinas a los hijos de los hombres, suscitando y recreando con ello el caos y la escisión que expulso al hombre del paraíso, pero que, curiosamente, también fue el origen del universo creado por Dios.
El uso de las armas y de los cosméticos fue transmitido por Azazel, nombre que se ha interpretado de diversas maneras, una de ellas seriá “El macho cabrio que se retira”, otra es “El poderoso de Dios”. En el Levítico se nombra Azazel a una ceremonia en que un cabrio es mandado al desierto, como señal de sacrificio. Por causa de este acto se tiende a pensar, también, que el nombre Azazel se refiere al chivo expiatorio. Una parte del pecado es absorbida por la sustancia de Dios y otra por el chivo expiatorio. Las connotaciones a partir de este punto son muy interesantes, pero ese es un tema que no se tratará ahora mismo. Por el momento veamos como es descrito el inicio del martirio de nuestro primer redentor.
Nuevamente hablo el Señor a Rafael y le dijo: “Encadena a Azazel de manos y pies y arrójalo a las tinieblas; abre una hoya, que está en Dudael, y lánzalo dentro. Coloca sobre él rocas quebradas y melladas, cúbrelo con la oscuridad, déjalo vivir allí para siempre y cubre su rostro para que no pueda ver la luz. El día del gran juicio será arrojado al fuego. Cura la tierra que los ángeles han corrompido y proclama la salvación de esta, de forma que puedan recobrarse de la plaga, para que todos los hijos de los hombres no perezcan por culpa de todas las cosas secretas que los Custodios les han desvelado y han enseñado a sus hijos. Toda la tierra ha sido corrompida por culpa de las obras que Azazel ha enseñado: impútale a él todo el pecado”.


 Azazel (del Hebreo: עזאזל) o Azazil (En árabe: عزازل. También en Arameo: רמשנאל) es uno de los personajes más misteriosos de toda la literatura sagrada judía. El autor de este artículo, a pesar de llevar casi un año investigando sobre esta figura, debe de reconocer que aún hay muchas piezas que no le encajan y lo que ha decidido escribir es lo mucho o poco que ha sacado en claro a lo largo de sus búsquedas sobre esta figura.
Lo primero que hay que aclarar es sobre la asemejación entre Azazel y Satanás, pues son dos figuras distintas a pesar de que posteriormente (en fuentes ya cristianas) el término Azazel fue utilizado como sinónimo del término Satanás (del hebreo ha-satán הַשָׂטָן “el acusador” y del árabe al-Shaitan الشيطان “el adversario”). De hecho Azazel es una figura hebrea bastante anterior a la figura de Satanás, y de hecho la asemejación posterior de Satanás con el macho cabrío puede deberse a esa mezcla posterior que se hizo desde la teología cristiana entre estas dos figuras, y no a ningún dios pagano europeo como se afirma desde fuentes cercanas al movimiento Wicca.
Azazel se traduce dos maneras distintas, ambas muy sujerentes, “la cabra emisario” o incluso “la cabra fuerte”. Ibn Ezra, rabino que formaba parte de una familia judía española (sefardita), sugiere que Azazel pudo formar parte de los “se’irim”, un cierto tipo de genio de los desiertos a los que los israelítas ofrecían cierto tipo de sacrificios.
En los textos hebreos Azazel aparece como siendo destinatario del sacrificio de una cabra. El sacrificio consta de dos cabras, una para “el Señor” y otra para Azazel. Tras ser sacrificada por el rabino la primera cabra, al “Señor”, es posteriormente preparada la cabra que será sacrificada a Azazel. Dicha preparación consta de un hilo de lana roja sobre la cabeza del animal para después poner las manos sobre él y recitar una oración donde se pedía perdón por las diversas trasgresiones y pecados y era invocada la ley de Moises en favor de la expiación de los pecados.
El investigador neerlandés Adriaan Reland (cartógrafo y filólogo) escribe (De Religione Mohammedanarum) en el S. XVIII sobre Azazel (aunque basándose en la literatura árabe) y dice de él que su naturaleza es pagana, probablemente una antigua divinidad babilónica, posteriormente asumida en la literatura sagrada judía y la Cábala. Algo no tan escandoloso de asumir teniendo en cuenta la gran cantidad de divinidades paganas asumidas de idéntica manera, de la cual el caso más evidente tal vez sea el de Astaroth, cuya antepasada no es sino la fenicia Ashtart (más comunmente conocida como Astarté, que por cierto; un nombre dado a la Diosa-Bruja en varios textos inquisitoriales).
(Astarté, Museo de Cádiz. Andalucía fue un importante foco de la presencia de Astarté en España, vía la presencia Fenicia)
Sin embargo los textos más sugerentes con respecto a Azazel los encontramos en los textos de Enoch. En estos textos, tal vez los más abundantes en lo referente a Azazel, Azazel aparece como el líder de los ángeles rebeldes que se revelan a Dios en una época anterior al Diluvio (luego ante-diluviano).
Por la cara que ponen muchas personas, pareciera que las fuentes de Enoch no son confiables, como si de un libro no-sacro se tratara. Así que desmintamos esto preguntándolos ¿qué naturaleza tiene este libro?
Mitológicamente las claves de Enoch son atribuídos a Enoch, el bisabuelo de Noé, hijo de Jared y mencionado en el Génesis (5:18): “Cuando Jared vivió 162 años, se convirtió en el padre de Enoc“. No es un libro canónico ni en el Cristianismo, ni el Judaísmo, sin embargo sí fue considerado al inicio del desarrollo del canon de la bíblia judía, y al día de hoy es uno de los téxtos canónicos de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía. Luego sí estamos hablando de un texto de naturaleza radical bíblica, aunque de naturaleza apócrifa debido al no-reconocimiento por parte del Catolicismo.
La lengua en la que fue originalmente escrito no está clara para el mundo académico, aunque se barajan principalmente dos; el arameo y el hebreo. Su contenido se subdivide en cinco libros: El libro de los Vigilantes (donde aparece la historia de Azazel), Parábolas de Enoch, Libro de Astronomía, Visiones Oníricas y Epístola de Enoch.
Volvamos ahora a Azazel, tras esta breve presentación del texto. Como hemos dicho, Azazel es el líder de los ángeles rebeldes (los “Observadores”) y protagoniza un acto de rebeldía que le cuesta la caída. Estos sucesos son “fechados” en una época anterior al Diluvio.
Según parece, los Observadores encabezados por Azazel, enseñan al ser humano el arte de la forja, la guerra, los cosméticos, el tinte de pelo y los secretos de la Brujería. Además de enamorarse de mujeres humanas y tener hijos con ellas (Witchblood).
“Y Azazel enseñó a los hombres a hacer espadas, cuchillos, escudos y corazas, y el arte del metal y como trabajar con ello, y pulseras y adornos, y el uso del antimonio y el embellecimiento de los parpados, y todo tipo de piedras preciosas y todas las tinturas colorantes y hechicería. Y allí surgió la impiedad, y cometieron fornicación, y fueron engañadas y se corrompieron en todas sus formas” (Libro de Enoch)
Aunque lo más interesante lo encontramos cuando bajan los cuatro ángeles (Miguel, Rafael, Gabriel y Uriel) a la tierra, enviados por Dios, para sofocar la rebaldía. Ellos le dicen sobre Azazel:
“¿No ves lo que Azazel ha hecho? Ha enseñado toda injusticia a la tierra, y revelado los secretos eternos que están en el cielo y que los hombres se esfuerzan por aprender.” (Libro de Enoch)
Se interpreta como “injusticia” todas las armas, cotas, y demás artilugios bélicos, pues así se explica el surgimiento de las guerras y con ellas la muerte, la injusticia y el genocidio. Pero no deja de ser curioso la mención a los “secretos eternos que están en el cielo”.
En resumidas cuentas y siempre tras una bíblica batalla en la que hay ríos de sangre, y demás expectacularidades varias, los Grigoris (Observadores) son expulsados y se menciona que muchos de ellos se dispersan por la tierra.
Los Observadores y el Pueblo Pálido
Vemos que muchos de ellos se dispersan por la tierra, pero ¿a donde van? Los arcángeles enviados se convierten en los guardianes de los cuatro puntos cardinales (y así son invocados en la Alta Magia), tal vez una posible función substituta de lo que antes pudo ser una función de los propios Grigoris. Lo cierto es que Azazel no es asesinado, sino “lanzado a las tinieblas” hasta “… que en el día del Gran Juicio sea echado al fuego“, cuando dicen “las tinieblas” parece ser que concretamente se refieren a un agujero en el desierto (delatando una geografía para Azazel de naturaleza subterránea) y se menciona que otros muchos miembros de los ejércitos rebeldes se esparcen por toda la tierra.
(Representación artística del cruce entre un Grigori y algunas mujeres humanas)
Del cruce entre humanas y grigoris surgen los Nefilim (Nephilim, בני האלהי). Esta palabra a veces es transcrita tal y como es, pero en otras versiones de la Biblia se substituye por palabras como “Gigantes” o “Titanes”, y ni que decir queda que dichos gigantes son comunes a numerosas mitologías europeas; desde la germánica, celta, griega, vasca, etc.
Dichos gigantes son destruídos, según algunas interpretaciones, por Dios. Para esto Dios, exagerado en sus formas como siempre, no se le ocurra otra brillante idea que inundar toda la tierra; salvando por supuesto a Noé. Así mismo en todas las mitologías los “gigantes” son destruídos o bien por Zeus y su corte, o bien por Thor y Odín, o bien por los Thuatha de Dannan, o sencillamente se despeñan por los barrancos cuando saben del nacimiento de Kixmi (cristo) como ocurre en el folclore vasco, entre otros mitos.
Muchas veces son desterrados a lugares oscuros y fríos, algunas veces incluso subterráneos. Son más bien vencidos que asesinados en la mayoría de los casos, y en el caso de los Nefilim también tenemos supervivencias; en el libro de Josué vemos que se hace mención a un tal Og como uno de los supervivientes al Diluvio “… ha sobrevivido como uno de los últimos gigantes.” Y en el libro de Samuel observamos que algunos pocos ”gigantes” están presentes aún en la época de David.
Algunos autores de Brujería describen a los ángeles huídos como los seres del pueblo pálido bajo las colinas. Esto, por un lado, ligaría mitos y folclore ya que en el folclore europeo vemos a las brujas con un extraño mestizaje con el pueblo pálido (hadas y seres de similar naturaleza), del mismo modo que los ángeles observadores que cayeron dejaron una descendencia producto de la unión sexual con mujeres humanas.
Claro que por otro lado esto vendría a obligarnos a revisar todo lo que sabemos sobre la naturaleza tanto de las hadas como de los ángeles, ya que las hadas tienden a ser interpretadas como seres chiquitos y puerilmente entrañables (aunque muchos estudios han demostrado que nunca fue así, sino en mitos muy tardíos donde se escogieron seres de naturaleza pagana) y la visión que tenemos de los ángeles producto del cristianismo no es menos pueril.
Obviemos el cristianismo y volvamos un momento al judaísmo. Los israelitas se presuponen un pueblo monoteísta, pero famosamente rodeado de pueblos politeistas. Se sabe que los ángeles aparecen en el judaísmo como parte de las teorías mazdeístas, es decir: basadas en los principios del bien y del mal de Zoroastro. Algunos de estas entidades (paganas en su naturaleza) eran coherentes con la doctrina israelí, en cambio otras no; así surgen ángel y ángel caído, y llenan un compendio mitológico del que el Cristianismo en realidad es heredero solo en parte, pues en el Judaísmo es muchísimo más complejo. También se sabe que los ángeles no tienen alas en orígen, y que esto es una aportación que los israelitas obtienen de una influencia babilónica durante su cautiverio en Mesopotamia. En un principio los ángeles son mencionados como seres muy similares a los seres humanos, tanto que incluso se afirma que estos pudieran ser confundidos con seres humanos. Se destaca, sin embargo, un “brillo blanco” (al menos en algunos textos hebreos, y aquí observamos otra curiosa coincidencia porque “pueblo pálido” no es precisamente un mote caprichoso, sino que caracteriza la blancura y palidez de estos seres tan frecuentes en el folclore europeo) y no es hasta el transcurrir de los siglos que los ángeles se comienzan a tornar más espirituales hasta alcanzar el estado en el que se les conoce actualmente; mensajeros de Dios (bien para anunciar, bien para vigilar, castigar, etc).
Luego la naturaleza de los ángeles, su naturaleza radical, son la de espíritus paganos de diversas regiones semíticas. Del mismo modo que “el pueblo pálido” son espíritus presente en los “paganismos” de diversos pueblos europeos; luego sí, por supuesto que hay coincidencias.
Dos libros, muy interesantes, que hablan en relativa profundidad sobre la relación entre los Observadores y la Brujería Tradicional son “The Pillars of Tubal-Cain” (Nigel Jackson & Michael Howard) y “The Book of Fallen Angels” (Michael Howard, un libro presentado como una especie de continuación del primero).
“El Witchblood”, el “Linaje”, el “Hilo Rojo”, etc, son numerosas formas de denominar lo que se considera un estado de ligación entre el ser humano y un linaje remontado a figuras muy relacionadas con la Brujería (la Diosa-Bruja, el Herrero), a menudo a través del pueblo que se esconde bajo la colina, y como hemos visto también (dentro del mito de Azazel) a los “Observadores” o ángeles rebeldes que cayeron anteriores al Diluvio.
Tal vez en análisis de todos los significados que pueda amparar todos estos paradigmas propios de tantas formas de Brujería Británica, llevaría cientos y cientos de paginas, y tal vez aún así no se alcanzaría a sumergirse en todos sus posibles significados y consecuencias

 Eventualmente, las enseñanzas de Azazel crearon tal iniquidad entre los hombres que Dios decidió destruir toda la vida en la Tierra con una gran inundación, salvando solamente a Noé, la familia de Noé, y a siete parejas de cada especie de animales "limpios", y un par de cada especie de animales "sucios", de los cuales escaparon a la destrucción viviendo durante un año en el Arca de Noé que Dios le mandó construir.