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martes, 17 de abril de 2012

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sábado, 14 de abril de 2012

la busqueda de los niños indigos

Atención a esta información porque vais a poner muchas piezas del rompecabezas, con personajes como Aleister Crowley, Rasputín y Gurdjeff.
Fuentes rusas informan de la reunión mantenida hace unas semanas entre el patriarca de la iglesia ortodoxa en Moscú (Hilarión), el embajador irlandés en Moscú en esa misma ciudad (Philip McDonagh) y el segundo del ministerio de asuntos exteriores ruso (Yakovenko) en la que todos expresaron su preocupación por “la identificación y captura de niños de las estrellas en Estados Unidos”. ["Niños de las estrellas" en nuestro lenguaje habitual se conoce como "niños índigo" o "niños cristal" por lo que a lo largo del artículo utilizaré ambas denominaciones].
El artículo de la enigmática Sorcha Faal repasa la historia de esta denominación de “niños estelares” o despiertos desde el comienzo de la Alemania nazi, concretamente, del mentor espiritual de Hitler, el General Karl Ernst Haushofer, un gran desconocido para la inmensa mayoría pero cuya vida nos puede aclarar muchas cosas sobre el nazismo y la II Guerra Mundial. El citado General provenía de una familia de artistas y pensadores, razón por la cual se interesó por la mística oriental, realizando viajes a Japón, India y el sudeste asiático, llegando a conocer a personalidades de la época. En uno de sus viajes, entró en contacto con el mítico místico georgiano, Gurdjeff, del que se hizo discípulo. Para quien no le conozca, Gurdjeff es uno de los personajes claves de la extensión del sufismo en Occidente, además de creador de su propio camino espiritual, conocido como “Cuarto Camino”.
Lo que yo por lo menos desconocía hasta ahora es que el famoso Rasputín ruso (consejero de los zares y hombre influyente en el cambio de siglo) temía a Gurdjeff como a nada en el mundo y el propio Aleister Crowley (mago negro donde los haya) también tuvo su enfrentamiento con el mítico georgiano. Tenemos aquí a tres personajes claves de la historia oculta de finales del XIX y de comienzos del XX. (¡Menuda película se podría hacer con estos mimbres!).
Gurdjeff avisó de los oscuros acontecimientos que se cernían sobre Europa debido “a las malevolentes fuerzas de los viejos dioses”.
El caso es que (y aquí empieza lo bueno), a consecuencia de la influencia de Gurdjeff, el General Haushofer fundó a su regreso a Alemania las sociedades secretas de Vril y de Thule, fundamentales para entender el nazismo, su conexión ET y las famosas expediciones buscando el Grial… y Shamballa. Cualquier análisis del nazismo que pase por alto su conexión con esta espiritualidad secreta no podrá llegar a entender a Hitler y el propio III Reich. Al parecer, gracias a la influencia de Gurdjeff y sus prácticas de budismo Zen, Haushofer entendió que el Planeta Tierra iba a empezar a recibir la llegada de los “niños de las estrellas” -es decir, lo que ahora conoceríamos como “niños índigo”- que llegarían con el propósito de “reactivar el espíritu escondido” y decidió preparar el camino para esta generación con el ADN activado, comenzando crear una sociedad utópica con ese fin. Ese fue el objetivo de las sociedades de Thule, de Vril y del propio Hitler… EN UN PRINCIPIO.
La cuestión es que Hitler fue apoyado económicamente por los banqueros sionistas, entre los que se encontraba Prescott Bush (abuelo del penúltimo presidente USA), y éstos tenían unas ideas muy diferentes acerca de los “niños de las estrellas” porque les podían joder el negocio (y nunca mejor dicho). Entonces es donde aparece la figura de Heinrich Himler, segundo de a bordo de Hitler, que creó la sociedad secreta Ahnenerbe para competir con la de Thule y la de Vril… con otros objetivos muy diferentes. Himler estaba influido por el mago negro británico Aleister Crowley, quien le influyó con su doctrina acerca de una mítica raza Aria cuyo poder debería recobrar. A través de Himler, Crowley influyó secretamente en el nazismo como veremos en el caso de Rudolf Hess.
La lucha entre Haushofer y Himler por influir en Hitler se acabó decantando por el segundo gracias a la ayuda de monjes tibetanos y, según esta información, del propio Dalai Lama, lo que explica las expediciones nazis a este remoto lugar, a cargo de Ernest Schafer. (Lo que yo tenía entendido es que no fueron lamas tibetanos sino monjes de la secta Bon, que era el chamanismo tibetano previo al budismo).
El encuentro de las esvásticas del oeste y del este fructificó en numerosas influencias tibetanas en el régimen nazi, como el cuerpo de élite de las SS y otras en las propias sociedades secretas. La información rusa señala que en Lhasa hay documentos que prueban todas estas informaciones (esperemos que salgan a la luz).
Al parecer, el famoso viaje de Rudolf Hess en 1941 a Inglaterra para, supuestamente, firmar la paz con los ingleses, en realidad fue para informarles de los benévolos planes nazis sobre los “niños de las estrellas” pero Aleister Crowley engañó a Hess ejerciendo de supuesto mediador ante Churchill (otro discípulo suyo). Hess fue detenido y se pasó toda la II Guerra Mundial encerrado en una cárcel y así continuó después de los juicios de Nuremberg, a pesar de que no había participado en ningún acontecimiento de la guerra. La razón es que Rudolf Hess era de la misma cuerda que Haushofer.
Al acabar la guerra, el propio Haushofer fue llevado al juicio de Nuremberg, del cual salió inocente pero, a pesar de ello, también continuó bajo arresto. Sólo se dejó hablar con él al padre jesuita Edmund Walsh, fundador de la Universidad de Georgetown, que declaró que Haushofer era inocente. Extrañamente, el general místico y su mujer “se suicidaron” a los pocos días… (1946).
La reciente reunión encabezada por el pope ortodoxo giró en torno a la desaparición hace quince días de 11 toneladas de sangre en Estados Unidos, que fueron llevadas a las dependencias de la firma Baxter en Austria, donde tienen pensado crear otro virus específico para los niños indigo que están ahora mismo despertando y desarrollando nuevas hélices del ADN que les harían inmunes a estos virus.
Todo ello ocurre simultáneamente a una nueva medida policial en Estados Unidos que ha sido contada por Alex Jones. En concreto, esta nueva medida permite al estado recopilar el ADN de todos los niños que nacen en este país por parte del Departamento de Seguridad del país y sin que medie el consentimiento de los padres, en base a “la seguridad nacional”-
Esta medida se une a la inyección dentro de las vacunas de “inhibidores del desarrollo” (creados para impedir que su ADN desarrolle nuevas hélices del ADN) y, por supuesto, las drogas que se inoculan a los llamados “niños hiperactivos” que ya suman 27 millones en Estados Unidos.
Todo lo que ocurrió en el siglo XX (y en los comienzos del XXI) como véis, gira en torno al despertar.


Nuevos Seres de Luz están poblando la Tierra con un alto potencial intelectual y una nueva conciencia interna, los niños índigo se refiere a aquellos niños que, de acuerdo a los seguidores del movimiento New Age, representarían un estado superior de la evolución humana. Los creyentes en la nueva era sostienen que esos niños tienen habilidades paranormales, como la capacidad de leer la mente. El término en sí es una referencia a la creencia de que estos niños tienen un aura color índigo. También poseerían características tales como una mayor intuicion, espontaneidad, rechazo a la moralidad estricta y una gran imaginación, añadiéndose frecuentemente también entre tales capacidades ciertos dones paranormales. Algunos piensan que la creencia en los niños índigo puede ser interpretada como milenarista, pues en ella se afirma que tales infantes llegaron durante un período especial de la historia, para cambiar al mundo hacia un estado más espiritual. La idea de los niños Indigo fue popularizada por el libro de 1998 "The Indigo Children: The New Kids Have Arrived", escrito por el matrimonio y equipo formado por Lee Carroll y Jan Tober. Carroll insiste en que el concepto se obtuvo a través de las conversaciones con un Maestro angelico que él llama Kryon.

Una buena cantidad de los presuntos niños índigo han sido diagnosticados como hiperactivos o con síndrome de déficit de atención, fallando en los educativos tradicionales, lo cual tendría dos explicaciones. Por una parte, una posible negación y búsqueda de explicaciones alternativas por parte de los padres de niños que sufren de tales conductuales. Por otra parte, la incapacidad de los sistemas educativos tradicionales de lidiar con aquellos niños que no se adaptan a los estándares educativos presentes. La existencia de los niños índigo no está aceptada por la pedagogía, psiquiatría y debido a que no se ha podido demostrar su existencia de un modo concluyente.
También existen quienes sostienen que la creencia de los niños índigo es una reacción de rechazo moral a la medicalización psiquiátrica en niños, particularmente, respecto al uso de la ritalina.

                                  Origen

En el año de 1982 la parasicóloga Nancy Ann Tappe afirma que desarrolló un sistema para clasificar los seres humanos de acuerdo al de su aura espiritual. En su Understanding your life through color hace un de lo que ella llama "los de la vida". Según Tappe, cada persona posee un cierto color en su aura en función de su personalidad e inclinaciones. Ella misma refiere que dicho color no es un color de la luz visible, sino más bien a como sería percibible la presunta aura por un psíquico o vidente. Tappe también comentó en su obra que, en su , los colores azules parecían tender a proliferar a partir del principio de los años 80s del siglo XX. Esta vertiente de la historia tiene fuertes componentes de discriminación hacia niños que son etiquetados como índigos, generando una nueva forma de racismo.
En el caso de los llamados niños índigo, los partidarios afirman que su aura tiende a mostrar colores añiles o azules, lo cual creen manifiesta un nivel espiritual más avanzado. Entre los escépticos de este fenómeno, existen quienes opinan que esta distinción de "superioridad" es nociva para el desarrollo de los infantes hiperactivos, que más necesitan aprender a convivir con los demás, así como de atención y apoyo paternos, que halagos y tolerancia excesivos.

                   Características generales

Los creyentes afirman que los niños índigo muestran una serie de atributos sensoriales recurrentes, como serían la hipersensibilidad auditiva o la hipersensibilidad táctil (aunque generalmente no todos los que se dicen ser índigos tienen todas estas características). También que tienen poderes supranaturales como telequinesis, clarividencia y capacidad de sanar.
Algunos pedagogos y psiquiatras han señalado que la creciente inhabilidad de los sistemas educativos de tratar con la agresividad y espontaneidad de algunos niños y niñas, ha forzado a los padres de tales niños etiquetados a veces equivocadamente como "hiperactivos", a acudir con los proponentes de estas ideas alternativas, al recibir de ellos la atención y escucha que les son negadas en las escuelas convencionales. Pero estos diagnósticos caseros pueden poner en riesgo la salud física y mental de los niños y la estabilidad emocional de la familia. De modo que para ellos la existencia de los "niños índigo" sería una reacción de rebeldía de los padres, hacia sistemas educativos autoritarios que restringen cada vez más lo que se considera como aceptable en la conducta de un infante, y que premian la pasividad y conformismo, y fustigan la creatividad. Sin embargo los sistemas educativos formales tienden cada vez más a apoyarse en un mayor estímulo de la creatividad y en alentar las capacidades individuales en bien de la comunidad. Por contra existen algunos padres que prefieren por las carencias de la escuela convencional educar ellos mismos en sus casas a sus hijos

domingo, 25 de marzo de 2012

El último adiós de Adolf Hitler

Salvo para un pequeño grupo de funcionarios soviéticos, el suicidio del mayor asesino de la historia fue apenas una sospecha hasta 1955, cuando por fin se conocieron públicamente en Occidente los testimonios que lo confirmaron. La incertidumbre en torno al destino de Hitler fue un factor importante en los cálculos estratégicos tanto de la dirigencia de la URSS como de los jerarcas nazis esperanzados en revertir su derrota de 1945, lo que explica la abundancia de rumores acerca de la supuesta supervivencia del Führer. Pero pronto esos rumores cobraron una extraña vida propia, y de algunos de ellos (en especial de los más grotescos) versa esta nota.
"Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias" (David Hume, filósofo escocés, 1711-76)
TERCER REICH, ÚLTIMO ACTO
El 20 de abril de 1945, con el Ejército Rojo a las puertas de Berlín, los asistentes más cercanos de Adolf Hitler lo urgieron a que huyera a las montañas de Baviera o Austria para organizar la resistencia. Pero el líder nazi estaba determinado a permanecer en la ciudad, así eso representara su muerte, y les comunicó que estaba resuelto a suicidarse antes de caer en manos del enemigo. Rechazó la sugerencia del general Jodl de escapar por la única carretera que hasta entonces no estaba en manos de las tropas rusas, así como la del mariscal de campo Ritter Von Greim y la piloto Hanna Reitsch de huir con ellos por aire (el 28, ambos lograrían evadir el cerco en torno a Berlín en un pequeño aparato Storch). Mientras tanto, Heinrich Himmler y Hermann Göring trataban de salvar su pellejo negociando por su cuenta con las potencias HAZ UN CLICK PARA AGRANDARoccidentales, algo que contribuyó a amargar las últimas horas del Führer. Uno de sus últimos actos oficiales fue destituirlos y declararlos traidores.
Cuando los combates cuerpo a cuerpo ya se libraban a escasos centenares de metros de la Cancillería del Reich, hacia las 15:30 del lunes 30 de abril, Hitler se suicidó en su búnker de un disparo en la sien. Su esposa Eva Braun (se habían casado el día anterior) se suicidó casi al mismo tiempo, ingiriendo cianuro.
El propio Hitler había ordenado que su cuerpo fuera incinerado, para que no cayera en manos enemigas: temía que sus restos terminaran exhibidos como trofeo, algo que en definitiva sucedió. Los encargados de tan tétrica labor fueron sus asistentes personales Heinz Linge, Erich Kempke y Otto Günsche. Ellos prendieron fuego a su cadáver y al de Eva Braun, pero no lograron reducirlos a cenizas por falta de bencina suficiente. Los restos fueron enterrados a las apuradas en el jardín de la Cancillería, mientras Berlín caía en manos soviéticas.
El 4 de mayo, y tras una búsqueda metódica ordenada por Stalin, una unidad soviética finalmente descubrió los restos. La identificación fue posible al encontrarse radiografías de los dientes de Hitler en el gabinete de sus dentistas, así como la historia médica y un puente de oro de repuesto, copia exacta del encontrado en la boca del cadáver (es imposible encontrar a personas distintas con prótesis dentales idénticas). La tarea fue avalada por las declaraciones de Käthe Heusermann, asistenta técnica del dentista personal de Hitler, y de Fritz Echtmann, el técnico protesista. El 9 de mayo, el Kremlin ya sabía que Hitler estaba bien muerto.
Tras una serie de traslados que obedecían a la intención oficial de mantener oculto todo cuanto se sabía (ver más adelante "Operación Mito") lo que quedaba de lo que en vida fuera Adolf Hitler fue enterrado en febrero de 1946 en Magdeburgo, Alemania, en unos cuarteles de SMERSH (acrónimo de SMERt' Shpionam - "muerte a los espías" - el eficaz servicio de contrainteligencia soviético durante la Segunda Guerra Mundial, famoso por las películas de James Bond) (1).
En abril de 1970, cuando el liderazgo de la URSS decidió entregar las instalaciones al gobierno de la hoy también extinta República Democrática Alemana, los restos fueron exhumados y cremados, machacados hasta ser convertidos en polvo y arrojados al río Elba. Sólo la parte del cráneo de Hitler con el orificio de la bala y la mandíbula por la que logró ser identificado se salvaron de ese destino, y se encuentran hasta el día de hoy en Moscú, en el Archivo Central del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (sucesor del KGB), e incluso fueron expuestos al público en 2000. No sería justo no indicar aquí que muchos historiadores e investigadores se mostraron escépticos de la autenticidad de dichas reliquias.
Quien quiera encontrar una cronología más detallada de la caída de Berlín puede hacerlo aquí.
PRIMERAS INVESTIGACIONES
Como se ha dicho, el Kremlin ocultó todo cuanto sabía con respecto a la muerte del Führer, y como siempre sucede, la falta de información dio paso a una alocada serie de rumores. (Recién cuando, en octubre de 1955, los rusos liberaron a Hans Baur y Heinz Linge, por fin se contaría en Occidente con testimonios de testigos visuales que confirmaron el suicidio en la Cancillería y el posterior intento de hacer desaparecer el cuerpo. Los detalles referentes a la identificación y el destino final de los restos no fueron suministrados por Moscú sino hasta 1993, cuando la URSS ya no existía).
La primera investigación oficial en Occidente arrancó en setiembre de 1945 cuando Dick White, oficial a cargo de la inteligencia británica en su correspondiente zona de ocupación en Alemania, se molestó con una nota de un periódico ruso, Izvestia (ver luego) que ubicaba a Hitler viviendo tranquilamente allí. White invitó a un oficial militar amigo, Hugh Trevor-Roper, catedrático de historia en Oxford antes de la guerra, a desentrañar qué había pasado.
Trevor-Roper comenzó leyendo un mamotreto compilado por la contrainteligencia británica, que contenía las conclusiones de un análisis psiquiátrico del Führer, y que consideraba probable el suicidio. En el mismo sentido, Pierre John Huss, antiguo corresponsal en jefe en Berlín de la agencia International News Service (2) que había entrevistado varias veces a Hitler desde comienzos de los años '30, había afirmado en julio de 1943, tras la caída de Benito Mussolini, que "Hitler, a diferencia del Duce, probablemente capeará la tormenta hasta el amargo final, derramando salvajemente océanos de sangre en los países ocupados e incluso en el propio Reich, y se matará antes que seguir el ejemplo de Mussolini y renunciar". Ese mismo año un informe psicológico clasificado de la Oficina de Servicios Estratégicos de Estados Unidos (la OSS, antecesora de la CIA) había llegado a la misma conclusión (3).
Trevor-Roper pasó la mayor parte de setiembre y octubre rastreando testigos oculares. Entre los que entrevistó figuran asistentes de Hitler como Heinz Linge, Otto Gunsche, Hans Baur y Johann Rattenhuber, así como Gerda Christian y Else Krueger, secretarias respectivamente del propio Hitler y de Martin Bormann, quienes no habían sido testigos oculares pero conocían la historia por testimonio de los protagonistas.
El 1º. de noviembre de 1945, Trevor-Roper presentó su informe en una conferencia de prensa en Berlín: Hitler se había suicidado alrededor de las 15:30 del 30 de abril, y Eva Braun había muerto con él.
Un racconto más detallado de los últimos días de Hitler (en inglés) se puede hallar en este sitio, y uno de los detalles de su muerte, en este otro (también en ese idioma). Un tercer sitio, también en inglés, aquí. Un cuarto, en español, aquí.
LA "OPERACIÓN MITO" Y LOS PRIMEROS RUMORES
Parece ser que Stalin no creyó (o no quiso creer) en los informes de sus propios subordinados sobre la muerte del Führer. En repetidas oportunidades durante todo 1945 manifestó a líderes occidentales su seguridad de que Hitler estaba vivo. En la conferencia de Potsdam, en julio, Stalin le dijo al entonces Secretario de Estado norteamericano James F. Byrnes que probablemente Hitler estaba refugiado en España o Argentina. Por esa época, el periódico ruso Izvestia afirmaba que el líder nazi y Eva Braun vivían confortablemente en un castillo de Westfalia, en territorio controlado por los británicos. Según este informe de la CIA de fecha muy posterior (en inglés) antes de que terminase mayo, Stalin ya había lanzado una campaña de rumores llamada "Operatsiya Mif" ("Operación Mito"). Como parte de ella, luego incluso haría torturar a los partícipes de la incineración del cuerpo de Hitler (los citados Linge, Günsche y Baur) para que cambiasen la declaración hecha a Trevor-Roper.
Aunque parezca increíble, no hay total acuerdo acerca de los objetivos de la campaña de desinformación. La hipótesis más lógica afirma que Stalin quería acusar a Occidente de connivencia con el nazismo, con lo que la Guerra Fría aparecería como una continuidad de la guerra defensiva que la Unión Soviética se había visto obligada a librar contra la agresión alemana. Los países más frecuentemente mencionados cono refugio de Hitler (España y Argentina) habían adoptado, en medidas diferentes, una neutralidad que no escondía una cierta simpatía por el Eje (4), lo que subrayaba dicha continuidad.
Simétricamente, desde el punto de vista de los simpatizantes del nazismo, los rumores acerca de que su líder había logrado fugarse indemne del sitio de Berlín mantenían viva la esperanza de que la derrota podía revertirse algún día. Por consiguiente, no debería extrañar que, durante todo el verano boreal de 1945, arreciaran los rumores acerca de que Adolf Hitler estaba con vida. El propio comandante en jefe aliado y luego dos veces presidente norteamericano, Dwight Eisenhower, afirmó en una conferencia de prensa en el Hotel Rápale de París, en junio, que dudaba de la muerte del Führer.
Uno de los primeros rumores aparecidos sostenía que Hitler moraba como un eremita en una caverna cercana al Lago de Garda, en el norte de Italia. Otro no temía afirmar que se lo había visto disimulado como pastor en los Alpes suizos, y un tercero, el más inverosímil de estos tres disparates inverosímiles, que trabajaba de croupier en un casino en Evian, Francia. En las semanas siguientes, quien no lo vio en Grenoble lo hizo en Saint Gallen o en las costas irlandesas.
Ante la falta de información, los Aliados no descartaban ninguna información a priori, incluso las fantasías antedichas. Es de suponer entonces la seriedad con que se habrán tomado informes en apariencia mucho más precisos. En julio de 1945, la Oficina de Censura de EE. UU. interceptó una carta enviada desde Washington a un periódico de Chicago, que sostenía que Hitler vivía en una estancia ubicada a 280 kilómetros de Buenos Aires, propiedad de un ciudadano alemán, el Conde de Luxburg, que había sido (habilísimo) embajador en Argentina durante la Primera Guerra Mundial. La misiva incluía detalles tales como que Hitler vivía en un búnker subterráneo al que se ingresaba por una puerta oculta orientada hacia el oeste, accionada por señas de luces. El Führer había llevado consigo a dos dobles, y dirigía un fantástico programa de construcción de bombas robóticas y otras armas notablemente avanzadas para la época. El gobierno norteamericano le dio a esta información credibilidad suficiente como para que el director del FBI, el célebre J. Edgar Hoover, se involucrara personalmente en la investigación durante un tiempo. La misma dio obviamente resultados negativos.
En agosto (seguimos en 1945) y luego de la falsa alarma del citado reportaje de Izvestia, un abogado norteamericano le escribió a Hoover diciéndole que Hitler utilizaba un nombre falso, Gerhardt Weithaupt, y que residía en Innsbruck, Austria, en la casa de la señora Frieda Haaf. La carta incluso afirmaba que Hitler tenía a su lado a su médico personal, Alfred Jodl.
Por esa época, otro médico alemán, Karl-Heinz Spaeth, contó a las autoridades de ocupación que había atendido a Hitler en Berlín el 1º. de mayo de 1945. Según Spaeth, Hitler presentaba heridas terribles, producto de la lucha en las trincheras, y murió al poco tiempo. Para no dejar rastros, su cadáver fue volado con explosivos por un pelotón de las SS.
Al poco tiempo, la inteligencia aliada descubrió que un tal Paustin, un discreto jardinero de Tegernsee, resultó ser nada menos que el Eichhornasistente de Martin Bormann, Wilhelm Zander. Hacia fines de diciembre de 1945, sus perseguidores se hicieron con un portafolios de su propiedad. Entre la documentación que encontraron dentro de un compartimiento secreto estaba el testamento político de Hitler y el acta de su matrimonio con Eva Braun. Ésta servía como aval indirecto de la hipótesis del suicidio: Hitler llevaba años con Eva ¿por qué había decidido casarse justo en abril de 1945?
Entre 1946 y 1947, se afirmó que el Führer fue visto en España, en Holanda, en Suecia, en Zurich, en Heidelberg y en el Hotel Edén de la localidad argentina de La Falda (imagen) propiedad de un matrimonio amigo del Führer, los Eichhorn. Un soldado norteamericano dijo haber visto al líder nazi, a Eva Braun y a su hermana Gretl en Bernheim, en... la casa donde le lavaban la ropa. Según el soldado, el hombre al que vio debía ser Hitler porque se irritaba cada vez que se mencionaba la bomba V-1 y "parecía conmovido ante la fotografía de un perro" que aparentemente era muy parecido a Blondi, la perra de Hitler...
LOS SUBMARINOS DE HITLER
Hay una misteriosa declaración efectuada en 1943 por el Comandante de la Marina alemana, el almirante Karl Dönitz, que citan a menudo todos los enemigos de la historia oficial: "La flota submarina alemana está orgullosa de haber encontrado un paraíso terrestre, una fortaleza inexpugnable para el Führer, en algún lugar del mundo".
Las historias acerca de la fuga de jerarcas nazis en submarinos no son nuevas, como tampoco las denuncias de avistajes de submarinos en la costa atlántica de Sudamérica durante la segunda mitad de 1945. Investigaciones como la muy documentada de Jorge Camarasa se limitan a señalar que hay una muy cierta posibilidad de que los submarinos hayan sido empleados para sacar de Alemania desde documentación comprometedora hasta lingotes de oro, pasando por planos de aeronaves y buques y hasta criminales de guerra, el más importante de los cuales podría haber sido (recalco el condicional) el jefe de la temible Gestapo, Heinrich Müller.
Otras investigaciones van más allá, a veces temerariamente. En el libro "Ultramar Sur. La última operación secreta del Tercer Reich", de los Hitler y Evaperiodistas argentinos Juan Salinas y Carlos De Nápoli (Grupo Editorial Norma, 2002) se habla de una misteriosa "Operación Ultramar Sur", llevada a cabo por submarinos alemanes y contando con la vista gorda de Gran Bretaña y Estados Unidos. Los autores las comparan con la "Operación Paperclip", aunque se habría diferenciado de esta última porque no se buscaba apoderarse de los más avanzados desarrollos científicos alemanes sino salvaguardar a la cúpula nazi, a fin de utilizarla contra los soviéticos en una hipotética Tercera Guerra Mundial. (Como ya hemos visto, éste era tanto el sueño de los nazis supérstites como uno de los motivos preferidos de la propaganda soviética).
Salinas y De Nápoli siguen la línea argumental de la investigación de Camarasa, aunque se permiten plantear una posibilidad que, de tan aventurada, no contribuye a dar fe a las demás afirmaciones: la de la fuga de Hitler mismo, encubierta por los Aliados para disponer de su alianza en caso de una guerra contra la URSS y sus satélites.
Al respecto, los autores no parecen percibir la inverosimilitud del planteo: ¿qué otra cosa haría Adolf Hitler, en una hipotética guerra de Occidente contra el mundo comunista, que deslegitimar a sus aliados? Gran Bretaña había visto arruinado su imperio y soportado miles de muertes y el bombardeo de sus ciudades gracias a los delirios del Führer. ¿Qué ciudadano británico hubiera aceptado combatir en el mismo bando que el ex cabo de la Primera Guerra Mundial?
Al respecto, volvemos a Oleg Plenkov (5): "Hitler era también para los aliados un enemigo, una figura absolutamente odiosa". El historiador agrega que muy pronto las potencias occidentales comenzaron a idear planes de contingencia para un posible conflicto con la URSS y sus satélites, y algunos de ellos incluían el restablecimiento de las fuerzas armadas alemanas. Continúa: "Frente a tal variante de desarrollo de los hechos se pensaba devolver las armas a los soldados del derrotado ejército nazi y aprovecharlos ya contra la URSS. Pero ¿poner a Hitler a la cabeza? No, eso estaba absolutamente descartado. (...) no olvidemos que la idea de la recreación del ejército alemán en realidad fue materializada sólo en 1955, o sea, 10 años después del final de la Segunda Guerra Mundial".
Pero no todo el trabajo de De Nápoli y Salinas es tan abiertamente insostenible. Los autores afirman que "más de una decena de U-Bootes" (6) zarpó de apostaderos en la Noruega ocupada en momentos en que Alemania capitulaba, con la anuencia del Almirantazgo británico. Tras hundir en su camino a algunas embarcaciones aliadas, los submarinos se habrían reunido en una isla deshabitada del Archipiélago de Cabo Verde, donde se habían almacenado provisiones y combustible. Allí, sus tripulantes se habrían enterado de que el efímero gobierno poshitleriano del almirante Dönitz ya había caído.
El U 530
En este punto, y según Salinas y De Nápoli, los submarinos se dividieron en dos grupos: uno volvió a Europa para entregarse y el otro continuó su viaje a Sudamérica. El viaje de los U-Bootes de este último grupo fue accidentado, ya que fueron avistados varias veces por naves y aviones aliados.
Durante su derrotero, el grupo hundió cinco barcos, siendo uno de ellos el Bahía, un crucero de la armada brasileña que prestaba servicios al bando aliado. La historia oficial dice que el Bahía se hundió por una torpeza de sus tripulantes, mientras efectuaban una práctica de tiro con ametralladoras antiaéreas. Según esta versión, una ráfaga habría impactado sobre las cargas de profundidad que transportaba el crucero, haciéndole estallar en mil pedazos. Del ocultamiento de este hecho extraen los autores la conclusión de que las potencias occidentales estaban al tanto.
De esos submarinos, dos serían los que se entregaron en el puerto argentino de Mar del Plata ese mismo invierno austral: el U-530 y luego el U-977. Los tripulantes fueron internados en el país y luego entregados a los norteamericanos junto con los dos submarinos. Tras una ronda de interrogatorios en Fort Hunt, Virginia, fueron liberados y enviados a Bélgica, donde fueron nuevamente detenidos e interrogados, esta vez por los británicos. Parece ser que uno de los puntos de ambas inquisitorias fue la fuga de Hitler y Eva Braun, aunque esto no prueba nada: recordemos que los Aliados no conocían su destino en ese entonces.
De Nápoli y Salinas afirman que al menos cuatro U-Bootes llegaron a las costas argentinas. Los dos que faltan localizar, agregan, fueron abandonados y hundidos cerca de la costa, luego de desembarcar cargas y pasajeros, en la Caleta de los Loros, en el Golfo San Matías (Río Negro). Además de Hitler, Eva Braun y Martin Bormann (7), habrían llegado "Gestapo" Müller y un conjunto de jefes de segunda línea, como Walter Rauff, que se radicó en el sur de Chile.
Los autores citan como prueba de la presencia de Hitler en Argentina a "un paquete de 731 documentos del FBI, recientemente liberado del secreto". El mismo sólo prueba que los servicios de investigaciones norteamericanos, ante la falta de datos fidedignos sobre el destino del líder nazi, prestaban oídos a cualquier rumor y se tomaban el trabajo de chequearlo, pero nada más (8).
(Una versión opuesta a la de Salinas y De Nápoli, expuesta por un organismo oficial del gobierno argentino, aquí).
El historiador paraguayo Mariano Llano, por su parte, pretende para su país el deshonor de haber albergado a Hitler en sus últimos años, según surge de su libro "Hitler y los nazis en Paraguay". (Hitler habría muerto en tierras guaraníes en 1974, tras abandonar Argentina en 1955, con la caída de Perón). El barilochense Abel Basti, para no ser menos, publicó dos libros ("Bariloche nazi" y el reciente "Hitler en Argentina") sosteniendo que el Führer desembarcó en la costa argentina en 1945 proveniente de uno de los ocupadísimos U-Bootes y residió mucho tiempo en su Bariloche y luego en la cercana Villa La Angostura, en una finca propiedad de un conocido y polémico empresario argentino de origen sirio, Jorge Antonio (quien nunca desmintió sus vinculaciones con los proscriptos capitales alemanes de la época). Tras gozar de la hospitalidad de los citados Eichhorn de La Falda, el líder nazi acabó sus días tranquilamente en el país, en los años '60.
Basti tiene su propio sitio, con la intranquilizadora dirección web www.hitlerargentina.com.ar. Vale destacar que su investigación de la presencia de ex jerarcas nazis en Bariloche está muy bien documentada y tiene toda la seriedad de la que carece su fantasiosa afirmación de la presencia del mismísimo Hitler no lejos del lago Nahuel Huapi.
HITLER EN CHILE
El periodista chileno Osvaldo Muray, especializado en los tenebrosos asuntos de la Colonia Dignidad, afirma que en la primavera de 1998 conversaba con un analista policial sobre el oculto poder que parecía tener Paul Schäfer, el líder de la misma, y que el funcionario le dijo lo siguiente: "Hemos llegado a la conclusión de que este sujeto posee el conocimiento de algún gran secreto, tal vez de carácter político, por lo que nadie se atreve a hacerle frente". Y agregó: "Y ese secreto debe ser de tal magnitud que ni siquiera el Gobierno alemán adopta una decisión drástica sobre la colonia, pese a que en Berlín se conoce al dedillo el régimen de esclavitud que agobia a los más de trescientos colonos".
Muray rechaza la historia oficial del suicidio de Hitler y afirma que el Führer escapó en una fecha indeterminada de abril a Dinamarca en un avión Arado 555, y de allí se dirigió a Kristiansand, en Noruega, donde subió a un submarino. El relato subsiguiente del derrotero es muy similar al que hacen Salinas y De Nápoli, aunque le agrega el detalle de que la flotilla cruzó el Pasaje de Drake e ingresó al Océano Pacífico, y que el famoso "paraíso en la tierra" de Dönitz no es otro que la Isla Friendship, en la provincia de Aisén, adquirida en los años '30 por un alemán llamado Hans Kepler. (Muray dice que hay tantos nazis llamando la atención en Bariloche que Hitler no hubiera podido vivir seguro allí). Otro de los submarinos estaría hundido cerca de Valdivia, un tercero reposaría en Bahía Mansa, y un cuarto submarino habría sido detectado y perseguido por la Fuerza Aérea Chilena en Iquique, pero tras escapar, habría sido hundido en la costa de Antofagasta.
Llega el momento de plantear que ni la teoría de Basti, ni la de Llano, ni la de De Nápoli y Salinas, ni la de Muray, resisten esta simple pregunta: ¿es verosímil creer que el Hitler que conocemos, el fanático que desató la tragedia más grande del siglo XX, podría haber aceptado tranquilamente su derrota y un destino de jardinero aficionado en un remoto país de la América meramente del Sur?
¡HITLER EN LA ANTÁRTIDA!
Dos expediciones antárticas han bastado para generar un mito tan atrayente como falso: el de las bases nazis en el Continente Blanco, usualmente vinculado a ciertas cuestiones seudocientíficas de las que hablaremos en el apartado siguiente.
La primera es la grotescamente sobrevaluada campaña alemana de 1938-39, que se limitó a algunos estudios científicos y a explorar y reclamar para el Tercer Reich una extensa región denominada Nueva Suabia. Había previstas dos campañas más, para 1939-40 y 1940-41, que debieron ser suspendidas por la guerra.
La segunda tuvo lugar en 1947, y es la "Operación Highjump" ("Salto de altura") un impresionante despliegue militar norteamericano al mando del almirante Richard Byrd, cuyo objetivo era tanto la investigación científica como servir de antecedente a un posible reclamo de soberanía (al respecto, ver este sitio en inglés).
Páginas como ésta han creído ver en esta última campaña aeronaval un (fracasado) intento norteamericano por acabar con una fantástica y subterránea instalación militar alemana conocida como "Base 211".
Nunca se suministran pruebas directas contundentes, como listas de caídos o de embarcaciones perdidas en combate (como si fuera tan fácil que una nave de la Armada norteamericana desapareciera de un día para el otro de los inventarios, por no hablar del personal militar). Ante la imposibilidad de mostrar hechos incontrastables, los autores siguen el típico patrón de todo escrito seudocientífico: la multiplicación al infinito de las "pruebas" indirectas. Al respecto cito dos ejemplos: la prohibición de ensayos de armas nucleares en la Antártica y ¡la ausencia de dicho continente en el emblema de las Naciones Unidas! Todo un ejercicio de paranoia.
Acerca de la construcción de estas "enormes bases secretas alemanas" en su territorio antártico, con materiales de construcción supuestamente llevados por "flotas enteras de submarinos cargados hasta los topes", se suministra "evidencia" tan rigurosa como ésta: "Varios autores, basándose en testimonios, han observado que se llevó la maquinaria de construcción y tunelación más moderna de la época".
Pero esta historia sólo comienza, y falta presentar al que la llevaría a cumbres difíciles de superar.
LOS PROTOCOLOS DEL SABIO DE SANTIAGO
Miguel Serrano es un periodista, escritor y diplomático chileno nacido en 1917. Estuvo destinado en países como India, Bulgaria, Rumania, Yugoslavia y Austria, y en el curso de sus viajes conoció a muchas figuras de la historia del siglo XX, como Carl Jung, Hermann Hesse, el poeta profascista norteamericano Ezra Pound, el Pandit Nehru, Indira Gandhi y hasta el entonces Dalai Lama, además de... el líder pronazi belga Leòn Degrelle y el renombrado jefe de los comandos de las Waffen-SS, Otto Skorzeny. Si estos antecedentes plantearan alguna duda acerca de sus simpatías ideológicas, tal vez corresponda despejarla diciendo que, en noviembre de 1941, editó en Chile "Los Protocolos de los Sabios de Sión", el célebre fraude antijudío perpetrado por los servicios secretos de la Rusia zarista. Y por si quedara algo de duda: Serrano realizó el saludo nazi en ocasión del entierro del ex coronel de las SS Walter Rauff, muerto en Chile en 1984. Éste es su sitio oficial.
Serrano es, con el italiano Julius Evola y la francesa Savitri Devi, uno de los nombres más destacados de una oscura corriente ocultista a la que se suele llamar misticismo nazi. Sus obras producen la particular sensación de estar leyendo una reescritura del Apocalipsis efectuada por Howard Lovecraft e interpolada por un lama tibetano. Sus creencias unen la noción nietzscheana de la voluntad de poder con conceptos insospechables de ser asociados con el hitlerismo (budismo, yoga tántrico y kundalini). Serrano será un excéntrico, pero sin ninguna duda es un hombre culto.
No temió afirmar que Hitler era el Salvador de la Raza Aria, un bodhisattva que vino al mundo a liderar la lucha de las fuerzas de la luz (los arios) contra las de la oscuridad (los judíos). El Führer no murió en la Cancillería de Berlín: fugó en submarino a la antigua civilización de Shambhala, establecida hoy bajo la Antártida y antes en el Polo Norte y el Tibet, donde contactó a unos supuestos Dioses Hiperbóreos, y de donde saldría algún día con una poderosa flota de platillos volantes para liderar un combate final que daría paso al Cuarto Reich. Lector de los gnósticos, Serrano interpreta en clave trascendente al Holocausto: los judíos son el pueblo de Jehová, al que identifica con el Demiurgo, el malvado Creador del Mundo que atrapó a nuestras almas superiores en la cárcel de la materia inferior.
El OVNI Nazi
Las SS (eco de Nietzsche) eran el embrión de una elite que recrearía la antigua raza de los semidioses arios: como tal, la crueldad de sus acciones no puede ser juzgada por referencia a la moral convencional, a la cual trascienden. Dichos semidioses (eco del mito de los Gigantes) eran capaces de realizar viajes astrales y de alcanzar estados elevados de conciencia; la contaminación de su sangre con la de "pueblos inferiores" hizo que esos poderes se perdiesen; para recuperar esos poderes, es necesario un proceso de purificación racial.
Serrano participó, como cronista, en la campaña militar chilena a la Antártida de 1947-48: dicho continente también tiene lugar en sus extrañas teorías, vinculado a un mítico acceso a un supuesto interior hueco de la Tierra, que albergaría a una civilización superior de humanoides reptilianos.
Otro sitio chileno, el de un rimbombante Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos (IIEE) lleva estos hilarantes (pero no por ello menos atrapantes) delirios un poco más lejos aún. Afirma que la supuesta atracción de Adolf Hitler por el esoterismo (que experimentaban un auge a comienzos del siglo XX) lo llevaron a entrar en contacto con entidades secretas como la Sociedad Secreta Thule o la Vril, y a emprender búsquedas de reliquias que (¡oh, Indiana Jones!) supuestamente brindaban un poder absoluto, como la Lanza de Longinos, esto es, la lanza con que dicho soldado romano hirió el cuerpo de Jesús en la cruz para comprobar si ya estaba muerto. Otra de sus búsquedas fue la de la civilización aria primigenia, a la que ubicaba en el Tibet, y se cita como falsa "prueba" de esto la leyenda del hallazgo, cerca del búnker de Hitler, de los cuerpos de casi mil soldados de aspecto oriental (léase tibetano). El sitio ya mencionado aquí, al menos, reconoce que "respecto a este punto no existen datos concretos que lo confirmen plenamente".
¡Todavía no hablamos de OVNIs! Cierto. Ya se sabe: para Miguel Serrano, los OVNIs no son naves extraterrestres sino armas secretas del Tercer Reich (9). Cito al sitio del IIEE: "Incluso la médium María Ostig se dice que aportó los primeros indicios de la fabricación de aeronaves discoidales que usarían sistemas totalmente revolucionarios de propulsión y desplazamientos". Igualmente, la misma página asume que "no existen bases concretas para decir que los científicos nazis utilizaron estos mensajes mediúmnicos para fabricar sus experimentos discoidales".
¿Están preparados para que Serrano resucite la vetusta patraña del Plan Andinia (10) y el intento judío de apoderarse de la Patagonia? Dicho plan sería la aplicación de los citados Protocolos de los Sabios de Sión, y su objetivo, establecer allí un estado independiente que "controlaría el mundo" vigilando a sus "vecinos" nazis antárticos.
Y el IIEE no para aquí, porque sus teorías son tan hospitalarias que pueden acoger hasta a las de un francés ex miembro de las Waffen-SS como Jacques de Mahieu (para variar, refugiado en Argentina tras la guerra) sobre los vikingos llegando a Sudamérica mucho antes de Colón y estableciendo su imperio en Tiahuanaco, o las del periodista alemán Karl Brugger y su libro "Crónicas de Akakor", donde se habla de los Ugha Mongulala (sic), de unas tribus amazónicas de piel blanca (supuestamente descendientes de los vikingos) y de un supuesto desembarco en Brasil de una fuerza de soldados alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial, y su desaparición obviamente "misteriosa" en la selva amazónica.
"¿Leyenda o realidad?" concluye el artículo citado. A esta altura, creo que la respuesta es por demás obvia.
CODA: ¡NAZIS EN EL ESPACIO INTERPLANETARIO!
Para el final, un sitio por el cual nos enteramos que los alemanes alunizaron en 1942, que llegaron a Marte a los pocos años, y que en el planeta rojo ya queda poco lugar para establecerse, dado que tras la expedición de los alemanes y sus aliados japoneses llegaron otras, ya en los años '50: una, organizada conjuntamente por Estados Unidos y la Unión Soviética, y otra por el Vaticano, que al parecer partió desde... Argentina. Como texto de ciencia ficción o ensayo de ucronía, es atrapante (lástima toda la gente que lo toma al pie de la letra). Clic aquí. La versión original en inglés parece ser ésta.



NOTAS
(1) En realidad, SMERSH había desaparecido como organización independiente a principios de 1946, subsumida en la NKDV, posteriormente renombrada KGB.
(2) Fundada por William Randolph Hearst (el modelo real con el que Orson Welles moldeó el Charles Foster Kane de "El Ciudadano") y unida en 1958 con United Press para formar United Press International (UPI).
(3) El historiador ruso Oleg Plenkov, profesor de la Universidad de San Petersburgo, en una entrevista concedida a Katia Kisliarova, de La Voz de Rusia, expresa con gran claridad: "Si partimos de las cualidades de la personalidad de Hitler, de sus convicciones y de toda su conducta a lo largo de la vida, aquello [su huida] es imposible. Hitler había sido un hombre de batallas, héroe de la Primera Guerra Mundial, distinguido con la Cruz de Hierro de primer grado, algo sumamente raro entre la soldadesca. No podía negarse tampoco su valentía personal, un hombre que no temía a la muerte. Por otra parte, lo animaba el espíritu de grandeza e incluso miraba románticamente su propia misión considerándose como el salvador de la nación alemana. Y cuando se convenció definitivamente que había sufrido una derrota, que estaba todo perdido, que había llevado a su país a la catástrofe total, la vida perdió para él todo su valor. Según las innumerables remembranzas y declaraciones de testigos, Hitler se negó categóricamente a abandonar Berlín (...) Subrayo: Hitler no quería huir porque la vida sin el poder, sin el Tercer Reich, la existencia corriente como una persona particular para él no tenía ningún sentido".
(4) Franco, si bien declaró la neutralidad de España en la guerra, colaboró con la invasión alemana a la URSS enviando a la llamada División Azul, en represalia por el apoyo soviético al bando republicano durante la Guerra Civil Española. Argentina abandonó dicha neutralidad al romper relaciones diplomáticas con Alemania y Japón a principios de 1944, y declararles la guerra en marzo de 1945. Ambas naciones enfrentaron una decidida oposición de la URSS a su ingreso a la recién creada Organización de las Naciones Unidas: Argentina pudo sortearla debido a la firme postura del resto de las naciones iberoamericanas; España debería esperar hasta 1950.
(5) Ídem (3).
(6) Nombre alemán de los submarinos.
(7) Los restos de Martin Bormann fueron identificados en 1972: murió en Berlín unas horas después que Hitler.
(8) No debe entenderse que el tono escéptico del artículo con respecto a la residencia de Hitler en Argentina se extiende a la presencia de otros jerarcas del Eje en el país, que desgraciadamente fue muy importante. Va más allá de los propósitos de este artículo referirse a la llegada y permanencia de dichos criminales; el lector interesado puede consultar los siguientes artículos: sobre la rigurosísisma investigación de Uki Goñi acerca de la complicidad de sucesivos gobiernos argentinos, sobre la opinión al respecto del editor del tradicional periódico en alemán de Buenos Aires y ex ministro de Economía Roberto Alemann (insospechable de adhesión al peronismo), y sobre el papel que le cupo en la fuga de los antedichos asesinos al mismísimo Vaticano y a los propios gobiernos aliados aquí: en Clarín, en Gacemail de TEA y en Página/12.
(9) Ver su libro "Los OVNIs de Hitler contra el Nuevo Orden Mundial" (1994).
(10) En los años '60, un profesor de economía y militante neonazi, Walter Beveraggi Allende, declaraba que "los judíos quieren desmembrar la Patagonia Argentina y parte del territorio de Chile para crear allí otro estado judío". Se dan "argumentos" en sitios a los que, por el bien de la maltrecha salud mental del lector que haya llegado hasta este punto del artículo, no haremos el honor de nombrar. Este fraude malévolo, inspirado en los igualmente fraudulentos Protocolos de los Sabios de Sión, es una perversión de ideas del fundador del sionismo, Theodor Herzl, que en el remoto 1895 planteaba establecer el hogar nacional judío en Palestina o en la República Argentina, siguiendo el éxito del programa colonizador del Barón Hirsch. (Ver además esta aclaración sobre la diferencia entre Sionismo y Territorialismo - en inglés).
Para quienes pudiesen creer que estos delirios son inventos inofensivos: una de las requisitorias más insistentes al periodista Jacobo Timerman, durante las sesiones de tortura a las que fue sometido en un centro clandestino durante la dictadura de 1976-83, estuvo referida a este mítico Plan.

lunes, 20 de febrero de 2012

Datos curiosos del experimento 17 nazi, y el necronomicon vs los atentados contra Hitler.


Los atentados contra Hitler


Las tentativas de derribar el régimen nazi fueron al menos diez (oficialmente) a partir de 1938, año en que Hitler se había apoderado prácticamente del mando supremo de las Fuerzas Armadas. Solo en 1944 hubo siete.
La intención de este tema es juntar todos los intentos, oficiales o no, de una manera resumida y de esta manera facilitar la comprensión de los lectores.

Es importante, a mi parecer, citar todos los nombres de las personas que estuvieron implicadas es los diversos atentados.

1-En marzo de 1944 los conjurados del grupo Goerdeler, del que forman parte también Hans Schönfeld y el hermano de Von Stauffenberg, Berthold, proyectan detener a Hitler durante su visita al cuartel general de Von Kluge en Esmolensko, pero el feldmariscal primero vacila y luego se opone.

2-Más tarde dos de sus jefes, Von Tresckow y Fabian von Schlabrendorff, confeccionan un artefacto explosivo de tiempo, y con un pretexto lo confían al coronel Heinz Brandt, que sin tener idea de nada viaja en el avión del Führer, pero la bomba, defectuosa, no estalla.

3-El coronel barón Von Gersdorff trata en abril de 1944 de matar a Hitler durante una inspección, y el mismo mes el general Helmuth Stieff, llamado " el enano venenoso", coloca una bomba de relojería en la sala subterránea de Rastenburg donde el Führer suele celebrar sus conferencias militares. Pero en el último momento Stieff desiste de ello. 




Atentado del 20 de julio

El Complot del 20 de julio de 1944 fue el fallido intento de asesinar al dictador alemán Adolfo Hitler, llevado a cabo por un grupo de oficiales de la Wehrmacht organizados por el coronel conde Claus von Stauffenberg como parte de un golpe de estado basado en la llamada Operación Valquiria, un plan operativo de las reservas del ejército a ser puesto en práctica en caso de disturbios civiles o una sublevación de los millones de esclavos trabajando en fábricas alemanas.

Antecedentes

El proyecto de derrocar a Adolf Hitler empezó a gestarse de manera difusa en 1938 dentro de algunos altos oficiales de la Wehrmacht deseosos de evitar una gran guerra a escala europea, entre estos conspiradores estaban el general Ludwig Beck, antiguo jefe de Estado Mayor y el mariscal de campo Erwin von Witzleben, sin embargo la indecisión de los generales del ejército Franz Halder y Walther von Brauchitsch impidieron ejecutar tales planes, mientras la política de apaciguamiento seguida por Gran Bretaña y Francia en esos años les desanimaba de realizar un acto concreto contra el régimen nazi.

Tras los resonantes triunfos de la Wehrmacht en Polonia, Noruega, Francia, Bélgica y Holanda, la popularidad de Adolf Hitler aumentó muchísimo entre las masas alemanas y los oficiales de la Wehrmacht no fueron ajenos a tal fenómeno, por lo cual a fines de 1940 se hizo muy difícil reclutar conspiradores decididos a derrocar al régimen triunfante hasta entonces.
En 1941 tras la Operación Barbarroja se forma otro grupo de resistencia dirigido por el coronel Henning von Tresckow, quien trabajaba como parte del Estado Mayor del general Fedor von Bock, su tío. Desde allí Von Tresckow reclutaba nuevos conspiradores entre la oficialidad germana, pero sus planes no pudieron avanzar mucho debido a la Batalla de Moscú en diciembre de 1941, donde el avance alemán fue totalmente detenido por el Ejército Rojo lo cual significó que Hitler le quitara a Von Bock el mando del «Grupo de Ejércitos del Centro» mientras Brauchitsch también era relevado del mando de tropas. A ello se sumaba el hecho que los destacados triunfos de la Wehrmacht en el frente oriental durante 1941 desanimaban a la mayoría de los oficiales de participar en una conspiración contra Hitler, aún reconociendo la peligrosidad que implicaba para Alemania una guerra contra la Unión Soviética.

En 1942 Tresckow con ayuda del general Hans Oster logró reclutar en su núcleo de oposición al general Friedrich Olbricht, quien dirigía la oficina principal del ejército en Berlín, controlando allí un sistema de comunicaciones autónomo que unía a las unidades militares de reserva aún estacionadas en territorio de Alemania.

A fines de 1942 Tresckow y Olbricht intentaron asesinar a Hitler con bombas dos veces, una en Smolensk y la otra en Berlín, pero ambos planes fallaron, también buscaron sin éxito unir a su conspiración a los mariscales de campo Erich von Manstein y Gerd von Rundstedt, dos militares veteranos que gozaban de gran prestigio en la Wehrmacht por sus conocimientos de táctica en combate, quienes podrían ayudar a un efectivo derrocamiento del régimen nazi y no a un mero asesinato de Hitler.

En 1943 los planes para un golpe de Estado contra el Tercer Reich se vieron favorecidos por el curso de la Segunda Guerra Mundial desfavorable para Alemania, con la grave derrota en la Batalla de Stalingrado, la contraofensiva soviética que culminó en la Batalla de Kursk y la total derrota germana en África del norte tras la batalla de El Alamein. A mediados de ese año Tresckow reclutó en la conspiración al coronel Claus von Stauffenberg, herido de guerra en África, quien se mostró dispuesto a realizar personalmente el intento de asesinar a Hitler.

Ese año Olbricht sugirió a Tresckow un proyecto de golpe de Estado ya avanzado. Había un plan de emergencia militar del Tercer Reich denominado Operación Valkiria, previsto para usar en caso de una revuelta masiva de los obreros extranjeros esclavizados en Alemania o en situación de un grave caos civil en retaguardia debido a los bombardeos aéreos. Dicho plan implicaba la movilización de unidades de la Wehrmacht para restablecer la autoridad y podía usarse según Olbricht para que unidades militares tomen el control de las ciudades arrestando a los líderes nazis, y desarmando a las SS y a la Gestapo tras la muerte de Hitler. Dicho plan debía ser puesto en práctica por el veterano general Friedrich Fromm, jefe de las reservas militares alemanas, y para asegurar el éxito del golpe de Estado era preciso reclutar a Fromm en la conspiración o neutralizarlo en caso necesario. Inclusive a mediados de 1944 la conspiración obtuvo un nuevo apoyo en el general Carl Heinrich von Stülpnagel, jefe máximo de las guarniciones germanas en Francia, quien ofreció tras la muerte de Hitler tomar el control de París y negociar un armisticio inmediato con las tropas estadounidenses y británicas que avanzaban y con la resistencia francesa.

Las derrotas de las tropas alemanas en 1942 e inicios de 1944 dificultaron los planes de asesinar a Hitler, pues éste ya no aparecía en público a diferencia de años pasados y pasaba la mayor parte del tiempo no en Berlín sino en su cuartel general militar conocido como Wolfsschanze ('Guarida del Lobo') situado en Prusia Oriental, o en su refugio alpino de Berchtesgaden. En ambos sitios Hitler era muy resguardado por tropas de la SS y no recibía personalmente sino a sus colaboradores más cercanos,sobre todo después que el jefe máximo de las SS, Heinrich Himmler, empezase a sospechar mediante la Gestapo respecto de planes entre oficiales de la Wehrmacht para asesinar a Hitler.

Planes para un golpe de Estado

Desde 1938 existían grupos de oposición al régimen nazi en una dependencia tan importante como el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores, donde Ulrich von Hasell, Friedrich Graf von der Schulenburg y Adam Trotz zu Solz, todos diplomáticos profesionales, eran activos en formar una red de opositores a Hitler. Otro ente lleno de actividad de oposición al régimen nazi era el servicio de inteligencia militar (Abwehr) dirigida por el almirante Wilhelm Canaris y donde laboraba el general Hans Oster, un convencido antinazi protegido por el mismo Canaris, y quien logró incorporar a su círculo al ex-presidente del Reichsbank Hjalmar Schacht.

A estos grupos se unía la red secreta de opositores formada desde 1938 por el ex alcalde de Leipzig, el derechista conservador Carl Goerdeler, junto con otro político de la misma corriente, Johannes Popitz, a ellos se uniría después el socialista Julius Leber en su esfuerzo por preparar planes para un derrocamiento de Hitler y un nuevo gobierno para Alemania. En simultáneo se formaba otro grupo opositor secreto, el «Círculo Kreisau» dirigido por Helmuth James Graf von Moltke, alto funcionario del Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores.

Aun cuando hacia 1943 todos estos grupos se unieron a los conspiradores ya existentes dentro de la Wehrmacht, los círculos de civiles mostraban grandes diferencias entre sus miembros había monárquicos, conservadores, liberales, socialistas, antiguos aristócratas, cuyo único punto en común solía ser la necesidad de terminar con el régimen nazi. Pese a esto, se trazaron algunos planes para un gobierno que debía necesariamente instalarse tras el asesinato de Hitler y el derrocamiento del régimen nazi: se pactó que el general Ludwick Beck quedaría en el cargo de «Presidente del Reich», tal como existía en la extinta República de Weimar, Goerdeler sería nombrado Canciller, a Julius Leber se le confiaría el Ministerio del Interior y el mariscal de campo Erwin von Witzleben sería comandante en jefe de la Wehrmacht, otro elemento clave era terminar la guerra mediante una paz negociada, determinando que el Ministerio de Asuntos Exteriores quedase a cargo de Friedrich Graf von der Schulenburg (el último embajador del Tercer Reich en Moscú) si se buscaba negociar primero con la Unión Soviética, en caso de negociar primero con Gran Bretaña o Estados Unidos dicho puesto se confiaría a Ulrich von Hasell.

Apartir de Septiembre 1943 Claus von Stauffenberg organizaba varios atentados contra Adolf Hitler que fallaron todos (p.e. el de Axel von dem Bussche en Noviembre 1943.

Desde inicios de 1943 la misma Gestapo investigaba sobre una posible conspiración contra Hitler, lo cual no era tarea difícil pues la mayor parte de los implicados eran altos jefes militares bastante conocidos. No obstante, el almirante Wilhelm Canaris, jefe de la Abwehr (servicio de inteligencia y espionaje del Tercer Reich) también había conocido la existencia de tal conspiración pero no la reprimió en tanto el mismo Canaris apoyaba la idea de derrocar a Hitler.
La creciente posibilidad de ser descubiertos por la Gestapo y la rápida victoria aliada en la Batalla de Normandía ( D-day) causó preocupación entre los conspiradores respecto al escaso tiempo que les quedaba para ejecutar sus proyectos antes de un total colapso militar del Tercer Reich que causaría la destrucción de Alemania y de ellos mismos. Cabe destacar que de acuerdo a los planes recuperados tras 1945, los conspiradores tenían como preocupación básica evitar la ruina de su país y no advertían que en caso de tener éxito podían realmente transformar el curso de la historia europea.
El 1 de julio de 1944 el coronel Claus von Stauffenberg quedó agregado al Cuartel General del Ejercito de Reserva en Berlín, como jefe de Estado Mayor del general Friedrich Fromm, lo cual le permitía acudir a las conferencias de Hitler con los altos jefes militares, sea en Berlín, en Prusia Oriental, o en Berchtesgaden. Tal nombramiento causó que el mismo Stauffenberg presionase a Tresckow para ejecutar el plan de golpe de Estado, en tanto ahora Stauffenberg era el conspirador en mejor situación para asesinar a Hitler.

El 20 de julio

A inicios de julio de 1944, von Stauffenberg ya había acudido a dos conferencias militares de Hitler con una potente bomba oculta en su maletín, mas no la había activado porque según Goerdeler y Beck era necesario que junto con Hitler muriesen también sus posibles sucesores Hermann Goering y Heinrich Himmler; tal requisito dificultaba el plan pues Himmler, en calidad de jefe máximo de las SS, recibía órdenes directas de Hitler y rara vez iba a conferencias militares de la Wehrmacht. El 15 de julio, ante la presión del tiempo, se permitió que Stauffenberg ejecute el asesinato en cuanto pudiese, sin requisitos previos; el plan consistía en que Stauffenberg llevase su maletín con una bomba, lo dejase al costado de Hitler en medio de la conferencia, pretextase una excusa para salir del recinto y luego huyese a Berlín a reunirse con los otros conspiradores en el Cuartel General del Ejército de Reserva, situado en la avenida Bendlerstrasse (llamado por ello el Bendlerblock). Tras esto, Fromm iniciaría la «Operación Valkiria» movilizando las tropas en apoyo al nuevo gobierno, arrestando a los líderes nazis; semejante plan era arriesgado y dependía de una gran coincidencia de hechos para tener éxito.

El 15 de julio de 1944 un error de comunicación causó que el general Friedrich Fromm iniciara parcialmente la «Operación Valkiria» creyendo que Hitler había sido asesinado pero con gran esfuerzo se detuvo la movilización total de tropas alegando que la convocatoria para ello era sólo un ejercicio de práctica. El día 18 de julio Stauffenberg supo que la Gestapo podría arrestarlo en cualquier momento y se decidió a matar a Hitler en la primera ocasión viable, para ello salió de Berlín por avión en la mañana del 20 de julio hacia Rastenburg, localidad de Prusia Oriental; a 15 km al este de dicha población se hallaba el cuartel militar de Hitler llamado Wolfsschanze ('Guarida del Lobo') y allí se dirigió Stauffenberg con una bomba oculta en el maletín.

La conferencia militar de Hitler con otros jefes militares empezó en una amplia sala poco después del mediodía, donde acudieron el mariscal de campo Wilhelm Keitel, los generales Alfred Jodl, Walter Warlimont y otros altos oficiales, entre los cuales se hallaba Stauffenberg, bordeando una enorme mesa con mapas; minutos después de empezada la reunión Stauffenberg activó la bomba en su maletín y luego pidió permiso para retirarse por unos minutos fuera del recinto, dejando su maletn en la sala junto a la gran mesa. A las 12.40 la bomba explotó destruyendo gravemente la sala de conferencias, matando a cuatro oficiales e hiriendo gravemente a otros cinco, pero dejando a Hitler, Jodl y Keitel sólo con heridas muy leves. No obstante Stauffenberg observó la humareda desde fuera de la Wolfsschanze y retornó a Berlín a las 13.00 creyendo que Hitler estaba muerto.

Poco antes de las 15.00 , el general Friedrich Fromm recibió una llamada desde Rastenburg del general Erich Fellgiebel, del Cuerpo de Señales y participante de la conspiración, quien avisó a sus demás cómplices que Hitler había sobrevivido al ataque. Tal noticia alertó a los conspiradores reunidos en el Bendlerblock pues calcularon (tal vez con acierto) que si Adolf Hitler estaba vivo las tropas de reserva no obedecerían la movilización de «Operación Valkiria» ordenada por Fromm.
Aumentó la confusión entre los conjurados el hecho que Stauffenberg llamase después por teléfono al general Fromm a las 15.00, tras haber aterrizado en Berlín y le asegurase a los demás conspiradores que Hitler había muerto; recién a las 16.00 y con dos versiones contradictorias de distintos conspiradores, el general Olbricht lanzó la orden de empezar la «Operación Valkiria» y movilizar a las tropas de reserva disponibles, pero poco después Friedrich Fromm llamó por teléfono a Rastenburg y conversó con el mariscal de campo Wilhelm Keitel y éste (ajeno a la conjura) le aseguro que Hitler estaba vivo, además de preguntarle por el paradero del coronel Stauffenberg.

A las 16.40 Stauffenberg llegó al Bendlerblock y Fromm intentó arrestarlo de inmediato, se cree que para borrar evidencias de su participación en el complot, pero fracasó al no ser secundado por Olbricht ni otros oficiales. De todos modos a esa hora Heinrich Himmler había tomado medidas para que la SS ponga fin al intento de golpe de Estado y ordenaba a las tropas del resto de Alemania que no obedecieran la movilización de «Operación Valkiria», la sede ministerial de Joseph Goebbels fue cercada por las tropas de la guarnición de Berlín creyentes en las órdenes de Fromm y de Olbricht pero todavía Goebbels contaba con la línea telefónica no cortada por los conspiradores.

El momento decisivo ocurre a las 19:00, cuando Hitler estaba lo bastante recuperado para llamar por teléfono. Hitler pudo llamar a Goebbels, quien hizo arreglos para que aquel hablara con el comandante de las tropas que rodeaban su ministerio, el mayor Otto Remer, para persuadirle que estaba vivo y exigirle reprimir inmediatamente la revuelta en Berlín; esa misma noche Hitler ordenó que el mayor Remer fuese ascendido a coronel.

A las 20.00 un furioso Witzleben llega al Benderblock y discute airadamente con Stauffenberg, quien todavía insistía en que el golpe podía continuar. Witzleben abandona el edificio poco después. Alrededor de esta hora la toma del poder en París había sido abortada, cuando el general Stülpnagel fue arrestado por el general Günther von Kluge al enterarse éste último que Hitler había sobrevivido.

Los miembros menos resueltos de la conspiración en Berlín comienzan a cambiar de bando ahora. Estalla la lucha en el Bendlerblock entre los conspiradores que apoyan al golpe y los leales a Hitler (entre estos últimos está el general Friedrich Fromm) y Stauffenberg es herido. El general Ludwig Beck, al convencerse que no había esperanza, se suicida (el primero de numerosos suicidios cometidos en los siguientes días). Hacia las 23:00 el general Fromm ha retomado el control del Bendlerblock, destruyendo huellas de su colaboración con los conspiradores, arresta a Stauffenberg y a Olbricht con otros oficiales que insistieron en continuar con el golpe de estado, se instituye a sí mismo en «corte marcial especial», y les condena a muerte. A las 0.10 del 21 de julio los cuatro hombres condenados por él mismo son fusilados en el patio trasero del edificio "Bendlerblock". Otros habrían sido fusilados, pero a las 0.30 irrumpe en el Bendlerblock Otto Skorzeny con un batallón de la SS, prohibiendo nuevas ejecuciones hasta determinar fielmente cuántos militares han participado en la sublevación. Fromm prefiere no enfrentarse a las SS y se dirige al día siguiente a visitar al Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, atribuyéndose el mérito de haberse enfrentado a los rebeldes, no obstante en ese mismo acto Fromm es arrestado, y tras descubrirse su participación en la conspiración por documentos encontrados en su caja fuerte y muere fusilado en marzo de 1945.

Represión

En las semanas siguientes empezó a investigarse en mayor detalle el intento de golpe de Estado y Himmler ordenó a la Gestapo proceder al arresto de todo individuo que tuviese alguna clase de relación con los conspiradores, orden que luego abarcó extraoficialmente a numerosos alemanes sospechosos de oponerse al régimen nazi, como el clérigo Dietrich Bonhöffer, cuyas ideas antinazis eran ya conocidas, o el general Franz Halder, quien no se unió a la conspiración pero a quien Hitler creía capaz de iniciar otro complot por su cuenta. Inclusive fue arrestado el almirante Wilhelm Canaris por cuanto subordinados suyos habían participado en la conspiración y sobre todo por la profunda desconfianza que hacía años Heinrich Himmler sentía hacía él.

Resultó sencillo reconstruir la compleja red de conspiradores debido a la incautación de cartas y diarios de los conjurados ya arrestados, lo cual permitió seguir la pista a numerosos conspiradores que habían abandonado la sublevación a último momento, por ejemplo en el caso de Friedrich Fromm la Gestapo halló en sus oficinas del Bendlerblock una lista del futuro «gabinete de gobierno» que pretendía formar Carl Goerdeler tras la muerte de Hitler.

Se calcula que hubo en total unos 5.000 arrestos y 200 ejecuciones de opositores al régimen nazi, aunque no todas referidas a conjurados del 20 de julio. Los detenidos que no habían sido aún ejecutados quedaron a disposición de la «Corte Popular» dirigida por su presidente, el juez nazi Roland Freisler. Himmler ordenaba la detención de todos los miembros del clan von Stauffenberg, hombres, mujeres y niños para su posterior ejecutión bajo el concepto de Sippenhaftung.

Los primeros procesos empezaron el 7 de agosto de 1944 pero ya Hitler había ordenado que los encausados sean condenados a muerte y ejecutados en la horca, sin excepción; entre los condenados estaban Carl Goerdeler, Popitz, Julius Leber, Friedrich Graf von der Schulenburg, Ulrich von Hasell, entre otros.

Escasos fueron los conspiradores arrestados que intentaron negar su participación en el complot, otros líderes de la conjura como Tresckow y Ludwig Beck se habían suicidado antes de ser arrestados, otros jefes militares fueron acusados también de haber tenido contacto con jefes de la sublevación y en consecuencia arrestados; una excepción fue el general Erwin Rommel, quien fue acusado de haberse contactado con los líderes de la conspiración y de no haber alertado a sus superiores al tener conocimiento de tales planes, por ello se le ofreció la opción de suicidarse y así evitar un juicio público con el arresto de sus familiares, ante ello Rommel optó por el suicidio.

De modo similar el general Günther von Kluge fue llamado a Berlín para ser investigado, pero temiendo ser considerado como conspirador debido a sus críticas a Hitler, también cometió suicidio. Las ejecuciones de conspiradores u opositores al régimen nazi relacionados con la conspiración del 20 de julio de 1944 continuaron hasta los últimos días de la Segunda Guerra Mundial en Mayo 1945.

Creo sin temor a equivocarme, que ademas de todos los implicados en los atentados contra hitler, estaba tambien ek mariscal Roomel. el llamado zorro del desierto, que por ser un militar miuy querido, no fue enjuiciado si no que se le pidio amablemente que se suicidara, y se evitaria represalias en contra de la familia por parte de hitler.

 Rommel más que participar, apoyó el intento de golpe de estado, que además incluía el atentado de julio de 1944. Esta operación fue la denominada Operación Valkiria y como brazo ejecutor tuvo al coronel Claus Schenk Von Stauffenberg. Rommel, tras muchas reticencias iniciales, participó y escuchó a algunos políticos y militares que participaron en la conjura. Su papel, que se sepa, era simplemente de apoyo, no de participación activa en el mismo. Para evitar un juicio público a tan popular militar, se le invitó formalmente a que se suicidase..., cosa que hizo. Un triste final para uno de los mejores generales de todos los tiempos.


Estos son los implicados en atentados contra Hitler:
- Otto Baer.

- Coronel General Ludwig Beck.

- Teniente Coronel Robert Bernardis.

- Conde Albrecht Graf von Bernstorff.

- Conde Hans-Jürgen von Blumenthal.

- Teniente Coronel del Estado Mayor Hasso von Boehmer.

- Eugen Bolz.

- Teniente Coronel Georg von Boeselager.

- Teniente Philipp von Boeselager.

- Dietrich Bonhoeffer.

- Klaus Bonhoeffer.

- Barón Randolph von Breidbach-Bürresheim.

- Capitán Axel Freiherr von dem Bussche-Streithorst.

- Oscar Caminecci.

- Almirante Wilhelm Canaris.

- Walter Cramer.

- Justus Delbrück.

- Profesor Alfred Delp.

- Dr. Wilhelm Dieckmann.

- Marion Gräfin Dönhoff.

- Heinrich Graf zu Dohna-Tolksdorf.

- Funcionario de la Corte Hans von Dohnanyi.

- Teniente Hans Martin Dorsch.

- Capitán Max-Ulrich Graf von Drechsel.

- Profesor Fritz Elsas.

- Teniente del Estado Mayor Karl-Heinz Engelhorn.

- Teniente Otto Hans Erdmann.

- Barón Alexander von Falkenhausen.

- General Erich Fellgiebel.

- Coronel del Estado Mayor Eberhard Finckh.

- Profesor Max Fleischmann.

- Abogado Reinhold Frank.

- Ehrengard Frank-Schultz.

- Coronel del Estado Mayor Wessel von Freytagh-Loringhoven.

- Vendedor Walter Frick.

- Coronel General Friedrich Fromm.

- Capitán Ludwig Gehre.

- Eugen Gerstenmaier.

- Hans Bernd Gisevius.

- Erich Gloeden.

- Elisabeth Charlotte Gloeden.

- Carl Friedrich Goerdeler.

- Fritz Goerdeler.

- Coronel del Estado Mayor Helmuth Groscurth.

- Periodista Nikolaus Gross.

- Karl Ludwig Freiherr von und zu Guttenberg.

- Max Habermann.

- Hans Bernd von Haeften.

- Teniente Heinrich von Haeften.

- Síndico Albrecht von Hagen.

- Coronel Kurt Hahn.

- Coronel General Franz Halder.

- Nikolaus-Christoph von Halem.

- Eduard Hamm.

- Coronel del Estado Mayor Georg Hansen.

- Coronel del Estado Mayor Bodo von Harbow.

- Ernst von Harnack.

- Teniente General Paul von Hase, Comandante de Berlín.

- Ulrich von Hassell.

- Dr. Theodor Haubach.

- Profesor Georg Albrecht-Haushofer.

- Mayor del Estado Mayor Egbert Hayessen.

- Wolf-Heinrich Graf von Helldorf.

- Franz Hempner.

- General de División Otto Herfurth.

- Andreas Hermes.

- Coronel General Erich Hoepner.

- Coronel César Von Hofacker.

- Comandante Roland von Hößlin.

- Otto Hübener.

- Coronel Friedrich Gustav Jaeger.

- Técnico Max Jennewein.

- Profesor Jens-Peter Jessen.

- Abogado Hans John.

- John Otto.

- Hermann Kaiser.

- Jakob Kaiser.

- Franz Kempner.

- Albrecht von Kessel.

- Otto Kiep.

- Georg Conrad Kießling.

- Teniente Coronel Bernhard Klamroth.

- Johannes Georg-Klamroth.

- Hans Georg Klamroth.

- Capitán Karl Friederich-Klausing.

- Ewald von Kleist-Schmenzin.

- Teniente-Ewald Heinrich von Kleist-Schmenzin.

- General Mariscal de Campo Günther von Kluge.

- Comandante Gerhard Knaack.

- Dr. Hans Koch.

- Heinrich Körner.

- Capitán de Marina Alfred Kranzfelder.

- Richard Kuenzer.

- Elise Auguste Kutznitzki.

- Teniente Coronel Fritz von der Lancken.

- Abogado Carl Langbehn.

- Ernst Langheinz.

- Dr. Julius Leber.

- Heinrich Graf von Lehndorff-Steinort.

- Síndico Dr. Paul Lejeune-Jung.

- Comandante Ludwig Freiherr von Leonrod.

- Bernhard Letterhaus.

- Franz Leuninger.

- Wilhelm Leuschner.

- General de Artillería Fritz Lindemann.

- Elise Lindemann.

- Coronel del Estado Mayor Hans Otfried von Linstow.

- Paul Löbe.

- Ewald Loeser.

- Ferdinand von Lüninck.

- Wilhelm Graf zu Lynar.

- Hermann Maaß.

- Coronel Rudolf Graf von Marogna-Redwitz.

- Karl Marcas.

- Michael Graf von Matuschka.

- Coronel Joachim Meichßner.

- Teniente Coronel del Estado Mayor Karl Michel.

- Carlo Mierendorff.

- Helmuth James Graf von Moltke.

- Joseph Müller.

- Dr. Otto Müller.

- Herbert von Schwarzenstein Mumm.

- Teniente Coronel Ernst Munziger.

- Arthur Nebe.

- Wilhelm zur Nieden.

- Gustav Noske.

- Mayor del Estado Mayor Ulrich von Oertzen.

- Coronel General Friedrich Olbricht.

- General Hans Oster.

- Friedrich Justus Perels.

- Teniente General Erich Petersen.

- Erwin Planck.

- Karl Georg Pfleiderer.

- Kurt von Plettenberg.

- Louis Ferdinand von Preußen.

- Dr. Johannes Popitz.

- Coronel Ritter Albrecht Mertz von Quirnheim.

- Cuno Raabe.

- General Friedrich von Rabenau.

- Teniente Coronel del Estado Mayor Karl Ernst Rathgens.

- El profesor Adolf Reichwein.

- Coronel Alexis Freiherr von Roenne.

- General Mariscal de Campo Erwin Rommel.

- Karl Sack.

- Teniente Coronel del Estado Mayor Joachim Sadrozinski.

- Anton Saefkow.

- Mayor Hans-Viktor Graf von Salviati.

- Teniente Fabian von Schlabrendorff.

- Profesor Rüdiger Schleicher.

- Ernst Wilhelm Schneppenhorst.

- Friedrich-Babisch Scholz.

- Coronel Hermann Schöne.

- Teniente Coronel Werner Schrader.

- Friedrich-Werner Graf von der Schulenburg.

- Fritz-Dietlof Graf von der Schulenburg.

- Coronel del Estado Mayor Georg Schultze-Büttger.

- Ludwig Schwamb.

- Ulrich Wilhelm Graf Schwerin von Schwanenfeld.

- Hans-Ludwig Sierks.

- Teniente Coronel del Estado Mayor Günther Smend.

- Franz Sperr.

- General Hans Speidel.

- Coronel Wilhelm Staehle.

- Berthold Graf Schenk von Stauffenberg.

- Coronel del Estado Mayor Claus Schenk Graf von Stauffenberg.

- Coronel del Estado Mayor Hans-Joachim Freiherr von Steinaecker.

- General de División Helmuth Stieff.

- Theodor Strünck.

- Coronel General Carl-Heinrich von Stülpnagel.

- Carl Szokoll.

- Teniente Coronel Gustav Tellgmann.

- Elisabeth von Thadden.

- Teniente General Fritz Thiele.

- Busso Thoma.

- General Carl Freiherr von Thüngen.

- Teniente Coronel Gerd von Tresckow.

- General Henning von Tresckow.

- Adam von Trott zu Solz.

- Coronel Graf Nikolaus von Uexküll.

- General de Provisiones del Ejército Eduard Wagner.

- Coronel Siegfried Wagner.

- Capellán Hermann Wehrle.

- Carl Wenzen-Teutschenthal.

- Josef Wirmer.

- Oswald Wiersich.

- General Mariscal de Campo Erwin von Witzleben.

- Paul Yorck von Wartenburg.

- Peter Graf Yorck von Wartenburg.

- Arthur Zarden.

- General Gustav von Ziehlberg.